El Comercio

«Mamá, hay un tipo extraño que me está molestando y me sigue una y otra vez»

Los abogados de la acusación, ayer a su llegada a la Audiencia Provincial.
Los abogados de la acusación, ayer a su llegada a la Audiencia Provincial. / P. Lorenzana
  • La Audiencia Provincial acogió ayer el juicio contra el acusado de haber realizado proposiciones sexuales a un joven con autismo

Coincidían a diario sobre las siete de la tarde en la parada de autobús de Llano Ponte. Uno se dirigía a Gijón para trabajar como camarero en el bar de su madre. El otro salía de un centro ocupacional para dirigirse hacia su casa. A partir de ahí, los hechos difieren según la versión de cada uno, el acusado y la víctima, que ayer prestaron declaración ante la Audiencia Provincial por un presunto delito de corrupción de menores y otro de acoso.

La víctima es un hombre de 32 años, que padece autismo y una discapacidad reconocida del 65% y que, según algunos expertos, tiene una edad mental de unos cinco o seis años. Según relató ayer durante el juicio, un «tipo extraño» comenzó a molestarle en la parada de autobús. «Me sigue una y otra vez», aseguró. La cosa fue yendo a más, y un día apareció un cigarrillo en la capucha de su chaqueta, además de otras tres quemaduras en la misma prenda, supuestamente causadas por el acusado, C. M. S., un corverano de 38 años.

El momento más crítico se produjo el 29 de mayo de 2014, cuando supuestamente este mismo hombre se dirigió a la víctima y le dijo: «Te doy diez euros si me chupas la trompa». El acusado negó ayer haber pronunciado esas palabras. «Nunca dije esas cosas. No tengo antecedentes de nada y menos de ese tipo», aseguró ayer durante la sesión.

Desde ese día, en cambio, según aseguraron tanto los padres de la víctima como la psicóloga del centro ocupacional, el joven discapacitado experimentó un retroceso. Desde entonces experimenta dificultades de concentración, está irritable, su rendimiento en las actividades que lleva a cabo es bajo y, sobre todo, ha perdido la autonomía que había logrado para desplazarse por su cuenta. «Desde entonces ya no va solo, le acompañan del centro o le voy a buscar yo», contó su madre.

El acusado solo reconoció haberle quemado una manga accidentalmente con un cigarrillo, un hecho por el cual le habría pedido disculpas. Negó haberle hecho proposiciones sexuales, y aseguró que las únicas conversaciones que mantenían versaban sobre fútbol, concretamente sobre el Real Madrid, y que las iniciaba la víctima. «Yo solo respondía por educación, porque se veía que no estaba bien», declaró.

Los peritos propuestos por las partes, todos ellos psicólogos y médicos forenses, coincidieron en señalar que la víctima presenta un comportamiento infantil, que es incapaz de iniciar una conversación por sí mismo más allá de realizar una pregunta concreta para resolver alguna necesidad. «Es del todo improbable que establezca motu propio conversaciones con desconocidos», aseguró una de las psicólogas.

Con el testimonio del uno contra el del otro, uno de los hechos en cuestión era si el joven había sido capaz de inventarse la historia de la proposición sexual, algo que todos los expertos descartaron, coincidiendo en la rigidez de pensamiento, la nula capacidad de fabulación y el alto sentido de la justicia que siempre ha manifestado el joven. «Es contundente en sus declaraciones, nunca se ha contradicho y hay una gran confluencia entre el relato lingüístico y el emocional», sostuvo una psicóloga. «No hay nada que invalide su declaración», concluyó.

La única sombra de duda la arrojó la abogada de la defensa, Ana Belén Rodríguez del Campo, que en sus conclusiones incidió en que nunca se había realizado una rueda de reconocimiento, y que el propio joven, en la misma sala, expresó que su agresor era «un desconocido». Sostuvo que «no queda claro que fuese la misma persona» y que, por lo tanto, debe prevalecer la presunción de inocencia, lo que significaría la absolución del acusado.

En el otro extremo se situó la Fiscalía. El Ministerio Público partía de una solicitud de pena de cuatro años de prisión y otros cinco de alejamiento por un delito de corrupción de menores, y al finalizar los testimonios añadió una solicitud de indemnización de 10.000 euros a la víctima por los daños sufridos. «Ese retroceso que ha experimentado en su desarrollo merece un reproche penal, pero también económico», defendió.

La defensa, ejercida por José Ramón Nistal, añadía otros dos años de cárcel por un delito contra la integridad moral, además de los cuatro que también pidió la Fiscalía por corrupción de menores. La petición de indemnización, en este caso, asciende a 22.000 euros, 10.000 para la víctima y 6.000 para cada uno de sus progenitores que, desde el día de los hechos, necesitan tratamiento farmacológico por ansiedad y depresión, como aseguraron ayer durante el juicio, que quedó visto para sentencia después de haber oído los testimonios de víctima y acusado, los padres del primero, los policías nacionales que tomaron las primeras declaraciones y los peritos.