El Comercio

Más del 30% de las consultas en Salud Mental son de personas sin patologías psiquiátricas

El psiquiatra Víctor Aparicio, Federico Pérez Ureña, miembro de Afesa, Daniel Rodríguez, presidente de Afesa, Juanjo Jambrina y el concejal Miguel Ángel Balbuena.
El psiquiatra Víctor Aparicio, Federico Pérez Ureña, miembro de Afesa, Daniel Rodríguez, presidente de Afesa, Juanjo Jambrina y el concejal Miguel Ángel Balbuena. / MARIETA
  • El coordinador del área, Juan José Jambrina, considera que esos recursos deberían destinarse a atender a enfermos graves

En el argot psiquiátrico se les denomina 'códigos zeta', y no son otra cosa que personas insatisfechas, infelices por alguna circunstancia de la vida, pero que no presentan ninguna patología mental. Sin embargo, llegan a las consultas de psicólogos y psiquiatras en un porcentaje cada vez mayor, que llega ya al 30 ó 35% del total, según cuenta el responsable del departamento de Salud Mental del Área Sanitaria III, Juan José Jambrina, que ayer pronunció una conferencia sobre los 'Nuevos retos y necesidades en Salud Mental' en el marco de una jornada organizada en el Centro Municipal de Arte y Exposiciones por la Asociación de familiares y personas con enfermedad mental de Asturias.

«Muchas veces es gente que no está mal, sino que busca estar mejor, pero llega a las consultas porque estamos trasladando la sensación de que los profesionales logran evitar todo contacto con el malestar», explica. La mayor parte de las veces se trata de personas que tienen problemas concretos en una relación familiar o sentimental, o atraviesan una complicada situación laboral.

La solución a estas cuestiones no debería pasar por Salud Mental, según Jambrina, sino que a menudo podrían arreglarse en otro tipo de servicios, como los de abogados o mediadores. «Los problemas como el paro se arreglan con un puesto de trabajo, pero no con una pastilla ni con una intervención socio-sanitaria», dice, consciente de que lo único que se logra medicalizando a la población es «pasivizarla». Jambrina opina que, de esta manera, «la gente se rinde de antemano, se entrega a los cuidadores, y esto es una falacia».

No es el único daño, sino que esta situación también causa otro al sistema, al colapsar unos recursos que, según el psiquiatra, deberían destinarse a atender a aquellas personas diagnosticadas con patologías graves y que, en este momento, son los grandes perdedores del sistema. «Nosotros dedicamos un porcentaje grande del esfuerzo a gente que no está enferma, y con el dinero público hay que ser muy cuidadosos», señala el coordinador de Salud Mental.

Jambrina llama a poner en marcha otro tipo de medidas, como sucedió con Alcohólicos Anónimos, una comunidad de autoayuda que se creó «el día que un médico dijo a dos alcohólicos que era incapaz de seguirles ayudando». Aquello ocurrió en 1935, y desde entonces, este colectivo «ha rescatado a mucha gente del alcoholismo».

La reducción de estos 'códigos zeta' en las consultas es uno de los retos a los que se enfrentan las unidades de Salud Mental, incapaces de poder atender correctamente a aquellos usuarios que sufren una patología y requieren de una intervención y un seguimiento. «Es cierto que necesitamos seguir creciendo en personal, aunque de forma prudente, pero si lográramos liberar esos recursos sería un gran paso adelante», confiesa este especialista, que tiene a su cargo a 98 profesionales en el área de Avilés.

3.000 pacientes

El de Salud Mental es el segundo departamento más voluminoso en personal del Hospital Universitario San Agustín, solo por detrás del Servicio de Urgencias, aunque también es cierto que con esa plantilla atiende no solo la planta de Psiquiatría, sino también otros servicios como la Unidad de Género, la de Tratamiento de Toxicomanías, el hospital de día, la comunidad terapéutica y dos centros de adultos. Y todo eso para atender a unos 3.000 pacientes en el área de Avilés.

En los próximos meses se sumará una nueva enfermera en el ETAC, el Tratamiento Asertivo Comunitario. Salud Mental acaba además de sumar un nuevo piso tutelado la semana pasada, un alojamiento con tres plazas, y pide aumentar el número de psicólogos, que estará «por debajo de la ratio nacional».

Otra de las cuestiones pendientes es la necesidad de «avanzar en recursos de tipo comunitario, que permitan a los usuarios del sistema una reinserción social efectiva y una rehabilitación laboral. Aquí el sistema cojea», como reconoce el propio Jambrina, y mientras se han ido habilitando alojamientos para este tipo de pacientes, aún está pendiente articular mecanismos que les permitan ingresar en el mercado laboral y obtener un puesto de trabajo. «Hay que mejorar la coordinación con los servicios sociales y con otros organismos, porque el trabajo es el mayor factor de recuperación», indica Jambrina.

«Otras comunidades lo tienen derivado a entidades del tercer sector o privadas, pero en Asturias no ha crecido ni lo público ni lo privado, y es una de las cosas que más se echan en falta», expone el psiquiatra, que también indica que la dirección actual es la de seguir intensificando «los servicios modernos», tales como los equipos móviles de resolución de crisis o seguimientos para la prevención de suicidios. «El sistema de manicomios y exclusión social no aporta nada», defiende Jambrina.