El Comercio

Especies invasoras bajo la lupa

Público asistente a la jornada de ayer en el Centro Niemeyer.
Público asistente a la jornada de ayer en el Centro Niemeyer. / MARIETA
  • La Universidad de Oviedo detecta una docena de especies de fauna alóctona en la costa, la mayoría de ellas aún no demasiado extendidas

  • El mejillón pigmeo y un poliqueto son las que más preocupan en la costa

«En Asturias podemos ser optimistas, porque nuestras costas están bastante bien en relación con el resto de la península en lo que se refiere a especies invasoras», asegura Eva García Vázquez, de la Universidad de Oviedo, una de las científicas que participa estos días en unos talleres sobre estrategias para la detección temprana de estas especies alóctonas que se desarrolla en el Centro Niemeyer.

En Asturias se han contabilizado hasta 85 especies acuáticas costeras, catalogadas todas ellas con su código de barras genético, y solo se han encontrado una docena de las que no había registros anteriores y, por lo tanto, se consideran exóticas. «No todas pueden catalogarse de invasiones», especifica García Vázquez. Esto quiere decir que la mayoría de ellas aún no se han encontrado en una proporción que preocupe o que suponga una amenaza, pero hay dos excepciones: un poliqueto localizado principalmente en Llanes y Ribadesella y el mejillón pigmeo en la ría de Avilés.

«Tuvimos constancia de la existencia de este mejillón de origen neozelandés, lo pusimos en conocimiento de la autoridades nacionales, como debe hacerse, y con la ayuda de voluntarios conseguimos controlarlo», relata la bióloga. Estos moluscos, de apenas tres centímetros de longitud, no solo desplazan a los mejillones nativos, sino que además son capaces de transmitirle enfermedades, como ha sucedido ya en la ría de Vigo y en la de Pontevedra. Además, son capaces de obstruir algunas estructuras cono desagües y tuberías, siendo este uno de los principales problemas.

En lo que se refiere al poliqueto, un gusanillo que ha aparecido en la zona oriental de Asturias, aparece pegado a barcos y pantalanes, sin que de momento haya llegado a extenderse más. «En el Mediterráneo forman arrecifes», comenta García Vázquez, razonablemente satisfecha de los resultados que ha arrojado este estudio, que habla de una «proporción pequeña» de especies invasoras.

Tierra adentro, hay muchas más especies que preocupan, desde la trucha arcoiris que puebla los ríos, al cangrejo rojo americano que se ha instalado en lagos y embalses. «Muchas especies invasoras llegan porque tienen un valor comercial, pero se escapan de las instalaciones de acuicultura y resultan muy difíciles de controlar», alerta Sonia Consuegra, de la Universidad galesa de Swansea. Una de ellas es la ostra, que ya se ha convertido en «un problema en toda Europa» pero, precisamente por su valor económico, se incrementa no solo su volumen, sino también las dificultades para lograr eliminarla de los ecosistemas.

«Europa va siendo consciente de que esto no es una broma, pero se necesita una legislación para obligar a no introducirlas y dispersarlas y, sobre todo, financiación para que se pueda aplicar», señala esta experta, que pone el foco no solo en la acuicultura, sino también en los barcos, la pesca recreativa o el comercio de plantas ornamentales como principales vías de entrada de fauna y flora proveniente de otros puntos del planeta.

La detección

Pero además de intentar limitar la llegada de estas especies, el reto de los biólogos es también el de lograr detectarlas a tiempo. «Cuanto antes se tiene constancia de ellas, antes se pueden controlar y erradicar, mientras que cuanto más se espera, estas especies pueden estar ya asentadas, siendo no solo más complicado, sino también más caro eliminarlas», afirma Francis Juanes, biólogo proveniente de la Universidad de Victoria, en Canadá.

Aunque la observación in situ sigue siendo la principal manera de encontrar animales o plantas que no son los habituales, la tecnología se está convirtiendo cada vez más en una de las grandes aliadas para encontrar a estos invasores. Ahora ya es posible utilizar herramientas genéticas, pero también visuales y acústicas. Desde fotos hasta vídeos o sensores remotos resultan de gran utilidad para monitorizar a determinadas especies.

Juanes se sirve de cámaras para lograr detectar a las especies de mayor tamaño, o de satélites, y también de «acústica pasiva», que permite escuchar a animales como sapos, pájaros o incluso peces, para detectar a aquellos ajenos a un ecosistema concreto.

Los científicos continuarán esta mañana presentando sus ponencias en el Niemeyer, mientras que por la tarde realizarán actos abiertos al público en el palacio de Valdecarzana, donde se llevarán a cabo diversos juegos a partir de las 17.30 horas. 'Algas Pokemon', 'Este no es nuestro mejillón' y 'El juego del mar' con algunas de las propuestas que se presentarán a los estudiantes de primaria y secundaria para aproximarles a esta realidad.

Los talleres terminarán el sábado con una visita al Jardín Botánico de Gijón, y esta noche se celebrará la cena de gala en el restaurante La Serrana.