El Comercio

Afronta 22 años de cárcel por robos con intimidación en seis comercios

  • El acusado, que ya había sido condenado en tres ocasiones anteriores por delitos similares, perpetró los hechos entre febrero y marzo

Robó en seis establecimientos diferentes de Avilés, repartidos entre las calles del centro, las de El Carbayedo y las de La Magdalena. En total consiguió llevarse 1.820 euros de farmacias, panaderías y peluquerías, principalmente. Y lo intentó también en una zapatería. Por todo ello, el acusado irá a juicio esta misma mañana, y la Fiscalía pide para él una pena de 22 años de cárcel, además de indemnizaciones a sus víctimas.

La primera fue una peluquera de la calle Doctor Marañón. Allí entró el ladrón esgrimiendo un palo de madera y al grito de: «¡Esto es un atraco!». Se dirigió a la persona que en ese momento se encontraba en la caja y le dijo: «Abre la caja y dame lo que hay». De esta sencilla forma logró hacerse con 200 euros. Fue el 13 de febrero de este mismo año, sobre las doce y media de la mañana, aunque no hay horas fijas a las que el acusado acostumbrase a cometer sus robos.

El siguiente que se le imputa data únicamente de dos días más tarde. El 15 de febrero, a las seis menos cuarto de la tarde, se dirigió a una farmacia en la calle Magdalena. Esta vez no portaba un palo de madera, sino un arma más intimidante: un cuchillo. A la dependienta que se encontraba en aquel momento en el establecimiento le dijo: «No grites ni llames a la Policía, dame todos los billetes de la caja». La recaudación en aquel momento ascendía a los 300 euros.

Su periplo continuó una semana más tarde, el día 23 del mismo mes. Era la una de la tarde cuando entró en una zapatería de la avenida Fernández Balsera. «No te voy a hacer nada, tranquila, pero traigo una pistola, yo tengo una pistola», le espetó a la dependienta. Pese a la amenaza, esta vez no consiguió su objetivo. La mujer argumentó que el local estaba dotado de cámaras de videovigilancia y que, además, ella no tenía ninguna posibilidad de abrir la caja. Ante eso, el ladrón se fue del comercio con las manos vacías.

Tardó tres días en cometer un nuevo delito. Volvió a ser en una farmacia, esta vez en la calle Doctor Jiménez Díaz. Eran las cinco y media de la tarde cuando volvió a coger una navaja para instar con ella a la empleada a que le entregase el dinero. Ella corrió a refugiarse en la trastienda, pero él la siguió y llegó a cogerla del brazo, tanto a ella como a la propietaria de la botica, que se encontraba dentro. Las empujó a ambas contra la caja registradora a la vez que insistía en que le entregaran el dinero. Finalmente lo hicieron, y logró así llevarse otros 275 euros.

Su mayor botín lo consiguió una semana más tarde, el 4 de marzo, en otra farmacia de la calle Rivero en la que volvió a hacer alarde de su navaja. «No quiero haceros daño ni a ti ni a tu compañera. Esto es un atraco. Mira que te saco una cosa que tengo aquí», dijo aquel día en el que logró irse con 590 euros. No contento, dos días más tarde cometió un nuevo robo cerca de allí, en la calle Palacio Valdés. Entró en una panadería, cogió por el brazo a la dependienta y comenzó a bajarle la navaja desde el cuello hasta el costado a la vez que le pedía el dinero. Ella, finalmente, le entregó los 255 euros que había en ese momento en el establecimiento. Al día siguiente se hizo con 200 euros de una peluquería de la calle ramón y Cajal, donde también mostró su navaja.

Fue detenido poco después y, de hecho, está en prisión preventiva desde el 17 de marzo. Solo había pasado cinco meses fuera de la cárcel, de donde había salido el 15 de octubre del año pasado por otro delito de robo con violencia e intimidación. Tenía hasta tres condenas anteriores. Ahora, por estos seis robos más la tentativa, la Fiscalía solicita una pena de 22 años de cárcel, a razón de tres y medio por cada robo y otro más por el intento que no llegó a consumar. Tiene la agravante de reincidencia y la atenuante de drogadicción, ya que era consumidor habitual de cocaína.