El Comercio

«He perdido la cuenta de las veces que me han robado»

La máquina tragaperras y la registradora quedaron inservibles después de que los ladrones se ensañaran con ellas.
La máquina tragaperras y la registradora quedaron inservibles después de que los ladrones se ensañaran con ellas. / MARIETA
  • La Sidrería Galicia de Llaranes vuleve a ser objeto de un robo. Los ladrones destrozaron las máquinas tragaperras

La Sidrería Galicia de Llaranes abría ayer sus puertas a medias después de que en la madrugada los ladrones volvieran a fijarse en ella para entrar y llevarse la recaudación. «He perdido la cuenta de las veces que me han robado, estaría toda la mañana pensando porque han sido muchas», comentaba ayer resignada la propietaria del establecimiento, situado en el barrio de La Toba.

Los ladrones escogieron actuar durante el silencio de la madrugada, sobre las cuatro. Accedieron al interior de la sidrería después de forzar la verja que cierra las ventanas laterales, que dan al paseo del río Arlós, y romper el cristal. «Lo raro es que ningún vecino oyera nada porque para romper todo eso tuvieron que hacer un buen estruendo, no es posible hacerlo en silencio. Además, seguro que era más de uno, porque una sola persona no hubiera podido», comentaba alguno de los clientes del establecimiento ayer por la mañana.

El objetivo de los cacos era claro, llevarse el dinero que hubiera en el local. Para ello destrozaron tanto la máquina tragaperras como la caja registradora. «No sé cuanto dinero pudieron llevarse porque no hemos podido hacer cuentas», comentó la propietaria, que sí apuntó que «probablemente sea más cara la reparación de todos los desperfectos que lo que podía haber dentro de las máquinas».

La alerta de la alarma de seguridad y una llamada de la Policía Local fueron las que advirtieron a la dueña de la Sidrería Galicia del robo. «Nadie se enteró de nada, recibimos la llamada de la Policía y vinimos a ver qué había pasado», indicó la dueña. Las máquinas quedaron inservibles por los golpes de los ladrones, que las deshicieron en pedazos para poder abrir las cajas en las que se recolecta el dinero. Ayer por la mañana, los encargados de la máquina tragaperras acudían a la sidrería para ver los desperfectos y el posible arreglo, pero tuvieron que llevarse toda la estructura porque no era posible ponerla en funcionamiento en el establecimiento dados los daños sufridos.

Los últimos robos registrados en Avilés tuvieron lugar el pasado mes de septiembre en el barrio de La Luz, donde los cacos se cebaron con coches y negocios de la zona. «Parece que van por ciclos, nunca sabes cuándo te va a tocar. Van a por el dinero fácil y saben que en los bares con las máquinas tragaperras, aunque sea poco, algo van a conseguir. Además, luego las penas que les ponen no les disuaden de volver a actuar, parece que les sale hasta rentable hacerlo», señaló un vecino del edificio de La Toba.

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