El Comercio

El parricidio de La Peñona

El padre de los niños, en La Peñona mientras se desarrollaba el rescate de los cuerpos.
El padre de los niños, en La Peñona mientras se desarrollaba el rescate de los cuerpos. / LVA
  • Hace 25 años, la trágica muerte de cuatro niños lanzados al agua por su madre en Salinas conmocionó a todo el país

La crónica negra de Avilés tiene un caso que destaca por su singularidad y dramatismo. Un caso que a pesar del tiempo transcurrido, aún permanece en la memoria de la comarca y de la región, y que agitó durante varias semanas los periódicos y las televisiones de todo el país por lo terrible del crimen y de las circunstancias que en él se dieron. Un suceso que también encierra alguna pregunta que aún permanece sin responder del todo.

Cerca de la medianoche del 23 de noviembre de 1991, llegó a la redacción de LA VOZ el aviso de que una mujer se había personado en el cuartel de la Guardia Civil de Salinas, pasadas las diez de la noche, denunciando que sus cuatro hijos habían caído al mar desde La Peñona. Según su versión en ese momento, los niños había resbalado mientras jugaban y cuando intentaba coger a uno de ellos el bebé que llevaba en brazos se le había caído también.

Sin embargo, LA VOZ encontró al marido de la mujer en la zona del Náutico y este dijo rotundo: «Mi mujer ha tirado los críos al agua». Por otra parte, hasta tres testigos confirmaban haber visto a la mujer con sus cuatro hijos adentrándose en la Peñona, que en aquellos días estaba en obras por la construcción del Museo de Anclas, para verla minutos después abandonando el lugar sola.

Durante las siguientes horas, buzos de las GEAS y un helicóptero del Principado iniciaron la búsqueda de los cuatro niños que se prolongaría durante semanas. Esa misma madrugada, hasta el propio alcalde de Castrillón se desplazaba con la Guardia Civil hasta la vivienda del matrimonio en San Martín de Laspra para comprobar si los hijos podrían haber sido escondidos por la madre. Pero allí no estaban.

Pronto empezaron a conocerse más datos. Los niños desaparecidos eran Jesús, de ocho años; Joaquín, de siete; Adela, de cinco; y Elena, de once meses. La madre, María Jesús Jiménez, tenía 28 años y era de etnia gitana. El padre, José Antonio Leiva, de 46 años, payo y natural de Jaén, estaba en paro. A pesar de su afirmación de la noche anterior, el marido dijo al día siguiente que María Jesús era una buena madre. Pero la versión dada por la mujer empezaba a mostrar contradicciones e incongruencias y, mientras seguían las pesquisas, la búsqueda de los niños en el mar también continuaba.

En la madrugada del 28 de noviembre apareció el cuerpo de Adela. A partir de ahí todo se aceleró. El país se puso de duelo mientras una serie de indicios acumulados finalmente llevaron a la detención de María Jesús Jiménez por el homicidio de sus cuatro hijos. Los buzos creían que ya no se podía hacer nada para recuperar los cuerpos, excepto confiar en que el mar los devolviera a la playa. Sin embargo, el rastreo continuaría varias semanas más. Los restos del niño de siete años aparecieron semanas más tarde. En cambio nunca más se sabría de los otros dos hermanos.

Los análisis psiquiátricos a los que fue sometida la madre revelaron que no existía ningún tipo de enfermedad mental, tampoco destacaron agresividad en ella, aunque sí se aseguraba que la procesada sufría en ese momento un trastorno sentimental por la pérdida de sus hijos, por lo que se la internó en la enfermería de la prisión de Oviedo. Por otra parte se confirmaba que María Jesús tenía una importante discapacidad intelectual, algo que ya habían puesto de manifiesto familiares y allegados. Durante el juicio los peritos también señalaron que habían observado en la conducta de la mujer un aislamiento en su comunicación con el exterior.

A partir de ahí se supo más sobre las circunstancias que María Jesús y sus cuatro hijos habían sufrido hasta la fatídica noche de La Peñona. Una vida de miseria en una chabola en la que los malos tratos a manos del marido y padre eran una constante. «Ese loco criminal nos estaba tratando muy mal», llegaría a decir la procesada durante el juicio que tendría lugar un año después. María Jesús llegó incluso a cambiar la versión estando ya en la cárcel y a señalar a su marido como responsable, diciendo que él estaba en La Peñona tirando piedras a los niños.

Protegida

Incluso la rumorología popular, posiblemente ante la incapacidad de entender cómo una madre podía haber matado a sus cuatro hijos, llegó a culpar al padre de haber cometido el parricidio debido a una rocambolesca trama de tráfico de órganos. Sin embargo el fiscal y el juez dejaron claro que Leiva no estaba allí. Leiva no había matado a sus hijos. Eso así, el tribunal no quiso obviar las circunstancias de María Jesús y al dictar la sentencia incluyó algunos comentarios reprobatorios hacia él, porque su censurable comportamiento como esposo y padre habían empujado a su mujer a cometer semejante atrocidad.

María Jesús fue condenada a 24 años de prisión que finalmente quedaron en 18 y de los que llegaría a cumplir 10. En 2001 saldría de la cárcel. Poco se sabe de ella, excepto que ha vivido protegida, en pisos tutelados, conociendo su paradero muy poca gente, ante el riesgo de ser agredida. Antonio Leiva moriría en una pelea en La Plata en 2014 tras haberse divorciado de María Jesús años antes, y después de salir en algún programa de televisión declarándose inocente del parricidio.

José María Urbano, jefe de Redacción de LA VOZ, llegó a afirmar recientemente durante el ciclo '150 años de periodismo en Avilés' organizado por el Aula de Cultura de este periódico que el crimen de la Peñona había sido uno de los tres casos que personal y profesionalmente más le habían impactado en sus más de cuarenta años de ejercicio periodístico.

La pregunta de qué puede llevar a una madre a matar a sus cuatro hijos parece no tener nunca una respuesta satisfactoria. José María Urbano cree que fue «la desesperación de una vida mísera al lado de un maltratador». Pero tal vez el no tener una respuesta definitiva a esta pregunta sea una de las razones por las que, después de 25 años, aún se recuerda este caso.