El Comercio

El Byron cierra la cuenta

Guti, con el ya desaparecido cartel que contaba los cafés.

Guti, con el ya desaparecido cartel que contaba los cafés. / MARIETA

  • El Lord Byron finaliza sus «cafés pendientes» tras tres años y medio de funcionamiento y 2.849 tazas y pinchos servidos a necesitados

Los «cafés pendientes» acaban de llegar a España procedentes de Italia, y el Lord Byron, en la calle Palacio Valdés, fue uno de los primeros establecimientos en sumarse a esta iniciativa solidaria tan oportuna en plena crisis económica. Su funcionamiento era sencillo, un cliente dejaba un café pagado para que otra persona, que no podía permitírselo, lo tomase cuando lo necesitara. El primero se sirvió en Avilés hace ya tres años y medio, y desde entonces en el Byron se pusieron hasta 2.849 cafés y pinchos o piezas de bollería. Ahora, esos cafés pendientes se han terminado.

«Hemos cumplido un ciclo», explica el propietario del negocio, Agustín Gutiérrez, que hace un balance positivo de este tiempo en el que han pesado, sobre todo, «las buenas experiencias». El cese de la iniciativa no quiere decir, no obstante, que el Lord Byron deje de ser solidario. «Volveremos a hacerlo a la vieja usanza», dice, porque aquí se acostumbraba a pagar algún café a aquellos que no podían permitírselo, a veces por iniciativa de los clientes y otras del propio local.

Personas a las que les llegaba información de que en este local podían tomarse algo comenzaron a llegar. Luego, las oenegés enviaban también a la gente. «Una de las primeras personas que vino fue una señora que dormía en cajeros de toda España», cuenta Guti. Fue por la mañana y se tomó un café con un croissant y, por la tarde, volvió porque había conseguido algo de dinero y pretendía abonar al menos una de las dos piezas. «Me negué rotundamente y la invité a otro café», recuerda. Aquel hecho le motivó a seguir adelante con esos «cafés pendientes» de los que sirvieron cientos y cientos, hasta el punto de que llegaron a ser el segundo bar del país con mayor número de servicios, sólo por detrás del desaparecido Café Comercial de Madrid.

Hoy la pizarra que marcaba el número de cafés pagados y servidos había desaparecido de una de las columnas tras la barra del Byron. «Hubo un momento en el que tuvimos hasta una bolsa de 300 cafés, y la afluencia de gente que venía a por ellos fue bajando», expone Guti. Si funcionó durante tiempo, ha sido por su empeño pero, sobre todo, «quien se lleva las medallas es la clientela». Fijos y no fijos han ido aportando dinero durante todo este tiempo, que se ha transformado en bocados y sorbos de calor para mucha gente que no tenía otra cosa que llevarse a la boca ni otro sitio donde guarecerse del frío.

El Lord Byron aportó su granito de arena para tratar de paliar los devastadores efectos de la crisis. «Si no diéramos pasos hacia delante, nunca haríamos nada», considera. Él y sus clientes dieron ese paso, que ahora toda detener.