El Comercio

Esther Segovia, a la izquierda, junto a sus amigos Raimundo Abando y Marián Suárez, el pasado 7 de septiembre, día de su cumpleaños, en el domicilio de Abando.
Esther Segovia, a la izquierda, junto a sus amigos Raimundo Abando y Marián Suárez, el pasado 7 de septiembre, día de su cumpleaños, en el domicilio de Abando. / LVA

Esther Segovia se fue en silencio

  • Se inició en LA VOZ DE AVILÉS y su inquietud la llevó a la televisión y a la radio. Tras retirarse, había encontrado en la villa naviega su lugar de sosiego y bienestar

  • La periodista avilesina fallece en Navia a los 54 años tras una intensa carrera profesional

Esther Segovia falleció ayer en Navia a los 54 años de edad. Sus amigos, los pocos que ellos consideraba amigos en Avilés, echaron en falta sus llamadas habituales, lo mismo que sus contertulios del Café Bar Avenida de la villa naviega y avisaron a la Policía Local, que encontró su cuerpo sin vida a primera hora de la mañana de ayer en el que había sido su domicilio en los últimos años. El cadáver fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Oviedo, en donde se le practicó la autopsia -sin datos oficiales al respecto, todo apuntaba a una muerte natural- y posteriormente al Tanatorio de Los Arenales, también en la capital asturiana. Para hoy, a las 11 de la mañana, se anuncia un oficio religioso en el citado tanatorio, en donde a continuación será incinerada. La familia -sus padres, su hija y su hermano- preparan un funeral para el lunes o el martes.

Asentada ya desde hace algunos años en la villa naviega, la periodista avilesina mantenía una relación estrecha con dos de sus mejores amigo avilesinos, Marián Suárez y Raimundo Abando, con los que hablaba telefónicamente de forma habitual y con los que compartía más de un encuentro. A la vez, participaba prácticamente a diario en una tertulia de amigos en el Café Bar Avenida, en pleno centro de Navia, en la que se incluía Miguel, su propietario. Fue Marián la que dio la señal de alarma ayer mismo, ante la falta de noticias de su amiga, y Raimundo Abando decidió trasladarse a Navia, en donde la Policía Local ya había entrado en el domicilio, encontrando el cadáver de la periodista.

Esther Segovia vivió durante años con sus padres en Salinas, antes de que estos se trasladaran a Oviedo, y fue, por encima de todo, periodista. Una periodista integral, una todo terreno de las que se añoran en las redacciones pequeñas. Dotada de una inusual capacidad de observación y de un arrojo que la empujaba a comerse el mundo cada minuto, sin que nada ni nadie la detuviera, inició su carrera en LA VOZ DE AVILÉS, en donde pronto destacó en todos los apartados de la sección de local: Ayuntamiento, política, cultura, los cursos de La Granda, entrevistas, sucesos y hasta deportes si hacía falta. Empezó a escribir en los inicios de la democracia, en la que el vértigo de los cambios en este país llegaron a las redacciones de los periódicos y con ello un amplísimo campo de actuación que Esther supo aprovechar como pocos.

Su carácter abierto y con una inquietud fuera de lo normal, la llevaron a participar en numerosas actividades, desde las culturales hasta las deportivas, apuntándose al club hípico de El Forcón, en donde también supo hacer amigos mientras acudía a las clases de hípica, sin importarle llegar en ocasiones a la redacción del periódico con su traje de montar, casco incluido.

Fue en 1991 cuando decidió dejar el periódico y marcharse a Madrid para probar suerte en la televisión. Estuvo en Tele 5, en tareas de producción, pero también de redacción y en donde siempre fue recordada como una excelente profesional. Durante su estancia en Madrid llevó la sección de Cultura y hasta de relaciones públicas del Centro Asturiano de la capital. Una oferta laboral la volvió a traer a Avilés, para dirigir Tele Avilés. Una historia que acabó mal porque no vio cumplidas sus expectativas ni tampoco las promesas que se le hicieron. Y posiblemente a partir de ahí inició un declive personal que la llevó en los últimos años a tener que ser tratada de varias enfermedades.

Fueron tiempos duros, en los que como ella reconoció en el único escrito que quiso publicar en LA VOZ DE AVILÉS, en 2008, «primero, como periodista, me llovían los amigos y los aduladores», los mismos que «de repente los tiempos cambiaron para mí y la enfermedad me obligó a olvidar lo que más quería en esta vida (después, claro, de mi hija), el periodismo. Y es ahí cuando dejaste de tener un puesto de cierta relevancia, los teléfonos de aquella corte de aduladores baratos dejaron casi todos de sonar. Algunos, ahora, no solo te han olvidado, sino que prácticamente te retiran el saludo. Qué mísera es la vida».

Esther tuvo mala suerte en la vida, pero nunca se rindió. Cuando estaba en uno de los tratamientos, fuertemente medicada, colaboró con la emisora de radio del Servicio Municipal de la Juventud y allí entrevistó a muchos conocidos, incluido López Otín. O se atrevió con el teatro en el Centro de Salud Mental del Arbolón.

Hace unos años, decidió marcharse a Navia con su compañero Beto, encontrando ambos la estabilidad, hasta que hace algo más de un año él volvió a Avilés tras una recaída y perdió la vida de forma trágica en el paso a nivel de las vías de Larrañaga. Fue el último mazazo recibido por Esther Segovia, que decidió quedarse en Navia, en donde se sentía tranquila, apoyada en muchas ocasiones por sus amigos de siempre. De los que lo mismo recibía un bizcocho de chocolate, que la llevaban a Covadonga a pasar el día o contactaban con ella telefónicamente cada dos días para hablar de lo de divino y de lo humano con una mujer que nunca perdió su inquietud por estar al día en todo, dispuesta a entablar una conversación sobre cualquier asunto que se le planteara. Como hizo siempre.