El Comercio

Y el velatorio se hizo empresa

Zona exterior de uno de los accesos al tanatorio avilesino, ubicado en El Montán.
Zona exterior de uno de los accesos al tanatorio avilesino, ubicado en El Montán. / LVA
  • Con la construcción del tanatorio de Avilés hace veinte años cambiaron las formas y costumbres de velar y despedir a los muertos

España es el país de la Unión Europea que más tanatorios tiene. Tanto en términos relativos como absolutos. Prácticamente cualquier ayuntamiento de más de 10.000 habitantes cuenta con una instalación mortuoria de estas características, haciendo que España doble, e incluso triplique, los números de cualquiera de sus vecinos.

Esto no siempre fue así. El punto de inflexión tuvo lugar a mediados de 1996, cuando el sector fue liberalizado y los tanatorios, allí donde había, dejaron de ser un asunto gestionado por los gobiernos locales. Las funerarias más emprendedoras apostaron por la ampliación del negocio y la geografía española empezó a desarrollar una extensa red de tanatorios a expensas de la iniciativa privada.

Fue precisamente el 20 de septiembre de 1996 cuando fue inaugurado el primer tanatorio de Avilés. «Hasta entonces había tres velatorios: en La Carriona, en el Hospital de San Agustín y en el Hospital de la Caridad», recuerda Roberto Ortal, presidente del consejo de la empresa que gestiona el tanatorio avilesino, «aunque desde luego que no ofrecían los servicios que ofrece un tanatorio tal y como lo conocemos ahora. Si se podía se evitaban este tipo de lugares, ya que existía la costumbre de velar a los difuntos en las casas, esa era la tradición».

Sin embargo, Roberto Ortal aclara que había una demanda clara, pues los velatorios fuera de los domicilios suponían ya entonces «alrededor del 50%». Este porcentaje, de cualquier forma, afirma que estaba condicionado generalmente a cuando los difuntos morían en el hospital. «No solía haber traslado de las casas a estos lugares».

Otro cambio significativo que tuvo lugar con la liberación de este sector fue el aumento imparable de la incineración de los fallecidos. «Al principio, en Avilés como máximo se incineraban tres difuntos al año», resalta Roberto Ortal, «hasta que en 1999 abrimos la primera de las dos incineradoras. Entonces el número empezó a crecer».

Actualmente en Avilés las cremaciones suponen el cincuenta por ciento, un porcentaje por encima de la media estatal que se sitúa alrededor del 35%. Irónicamente, este índice está por debajo del británico (75%), del portugués (53%) y es similar al francés. Y sin embargo el número de crematorios es mucho mayor en España con un número que en 2013 llegaba a los 364, frente a los 270 de Gran Bretaña, los 18 de Portugal o los 163 de Francia, según datos publicados en la página web de Panasef (Asociación Nacional de Servicios Funerarios).

Roberto Ortal hace hincapié en que el tanatorio cambió muchas cosas para mejor. Los servicios que el tanatorio de Avilés empezó a ofrecer a partir de los años noventa mejoraron la tradición ya que «por un lado, facilitó todo tipo de trámites y servicios que antes podían ser un problema para los más allegados, por no hablar de que en muchas ocasiones había casas o habitaciones que quedaban estigmatizadas después de haber habido un velatorio en ellas».

Asimismo cree que los tanatorios están construidos de modo muy distinto a los antiguos velatorios de los hospitales que «resultaban lúgubres», poniendo suma atención a la arquitectura, a la decoración, a los espacios en general ya que «todo lo que tiene que ver con este negocio deber ser tratado con especial cuidado».

Desde los años noventa el tanatorio avilesino ha ido cambiando, adaptándose a los nuevos tiempos e incorporando nuevos servicios que incluyen incluso la posibilidad de mandar mensajes y flores por internet, así como publicar esquelas. Ante la opinión jocosa generalizada de que es un negocio al que nunca le faltarán clientes, Roberto Ortal dice categórico que de cualquier forma «hay que saber gestionar los tanatorios», destacando que algunos no han sabido hacerlo y han llegado a ser intervenidos y administrados por el ayuntamiento en cuestión, al menos temporalmente.

Sobre la reciente publicación de una nueva instrucción por parte del Papa Francisco, en la que se prohibe a los católicos que las cenizas se esparzan en la naturaleza o se guarden en casa, Roberto Ortal no cree en absoluto que eso vaya a variar nada las costumbres.

Sin embargo, tras esta pregunta no quiere dejar pasar la ocasión de señalar que «hemos solicitado recalificar terrenos adyacentes al tanatorio para la construcción de una sala polivalente que sirva tanto para cristianos, musulmanes o de cualquier religión, también para los que no son creyentes». Cuenta que hace unos años, en el velatorio de un reconocido republicano de la ciudad, fue precisamente un político quien le señaló la necesidad de habilitar un espacio así. «Ello haría que los creyentes no tuvieran que desplazarse a hacer los funerales a las iglesias o mezquitas y los no creyentes podrían hacer una ceremonia laica en un espacio apropiado». Sin embargo, a pesar de que la empresa lo ha solicitado y de que, según él, fue aprobado por el Ayuntamiento, la Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio del Principado de Asturias (CUOTA) tiene paralizado el proyecto por un defecto de forma en la solicitud que Roberto Ortal dice no comprender.

Hay diversos estudios publicados en los últimos años que apuntan que el denominado en muchas ocasiones como «negocio de la muerte» seguirá creciendo en los siguientes años. En Avilés todo parece indicar que los porcentajes seguirán en cabeza, dentro también de un contexto donde Asturias es la segunda comunidad autónoma en número de personas que tienen contratados un seguro de deceso, solo por detrás de Extremadura, según datos de Unespa (Asociación Empresarial del Seguro). Y aunque no se conocen las cifras exactas de facturación de las funerarias asturianas, Avilés con un tanatorio y dos crematorios es un ejemplo de éxito empresarial que ha sabido cambiar la forma en que los vivos velan y despiden a los muertos.