El Comercio

Literatura como progreso del pueblo

El público estuvo atento a las explicaciones de la investigadora sobre la literatura del siglo XVIII.
El público estuvo atento a las explicaciones de la investigadora sobre la literatura del siglo XVIII. / MARIETA
  • La docente Elena de Lorenzo abrió ayer el ciclo del Aula de Cultura de LA VOZ dedicado a estudiar el Siglo de las Luces

Como todo buen ponente sabe, abrir una conferencia con una frase atribuida a un referente histórico en la materia tratada es un buen comienzo para captar la atención del público. Elena de Lorenzo Álvarez hizo ayer lo propio durante su charla 'Hacia una nueva literatura: la renovación de la Ilustración española', que abrió el nuevo ciclo 'Siglo XVIII' del Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS, coordinada por Armando Arias y patrocinada por Cafés Toscaf. «La literatura es expresión del progreso del pueblo», dijo parafraseando a Mariano José de Larra, autor de referencia del Romanticismo en España y que basó todo su ideario en las ideas propugnadas por los ilustrados y la generación del 98.

La docente y directora del Instituto Universitario Feijoo de Estudios del Siglo XVIII aseguró justo después de esta presentación que «no se puede resumir todo un movimiento en una sola conferencia», por lo que centró su intervención en analizar los principales cambios respecto a la literatura barroca, etapa anterior a la Ilustración. «Este nuevo movimiento reacciona frente a un estilo obsoleto en cuanto a contenidos y agotado en cuanto a formas», resumió en líneas generales de Lorenzo. «Ahora los escritos debían ser útiles y no mero juego de ingenio o lucimiento», prosiguió para añadir que «precisamente la utilidad fue el santo y seña de la Ilustración, su estandarte».

¿Cómo se concretaron estos cambios? Con la exploración de nuevos temas en la poesía, superando la temática hegemónica amorosa, el uso de un lenguaje renovado en el que primase la claridad y naturalidad o con un teatro que persiguiese la verosimilitud y que se reorientase a las clases medias. «Jovellanos, por ejemplo, escribió sátiras de la nobleza y sus coetáneos hicieron lo propio con sus odas a la imprenta y a las vacunas, fue una auténtica revolución», ejemplificó la ponente. De Lorenzo también se acordó de Feijoo y sus famosos ensayos y de las obras de teatro 'El delincuente honrado' y 'El sí de las niñas', de Jovellanos y Moratín respectivamente, que «entendían el teatro como una escuela de costumbres de la contemporaneidad».

Pero, tal y como recuerda la docente, el Estado no se lo puso fácil a este grupo de pensadores. «En esta época el ejercicio de la censura ya no sólo estaba en manos de la Inquisición, sino de las Academias y Sociedades, que señalaban sobre el propio manuscrito qué modificaciones debían establecerse», explicó. Los gobiernos de turno en un contexto histórico convulso llevaron incluso más allá esta voluntad de censura con métodos muy sibilinos. «Algunas instituciones como la Real Academia Española convocaban concursos en los que animaban a presentar poemas de asunto épico, como la conquista de México y la toma de Granada, es decir, fomentaban tratar acontecimientos fundacionales de la identidad española, vinculados a la reconquista y la conquista americana», agregó.

Por último y en referencia al retraso de la llegada de la Ilustración a España respecto al resto de Europa, Elena de Lorenzo señaló la importancia de que se comenzasen a traducir importantes obras de autores de otros países y de referencia al castellano. «Todo ello contribuyó a elevar el estado de la cultura nacional y renovar la estética», sentenció la estudiosa.