El Comercio

«Si condenan al refugiado iraquí decidiremos con el ministerio qué hacer»

El joven iraquí, el pasado martes a su llegada a los Juzgados de Avilés para prestar declaración.
El joven iraquí, el pasado martes a su llegada a los Juzgados de Avilés para prestar declaración. / MARIETA
  • La asociación Accem, a cuyo cargo están estos asilados, defiende la honestidad de un colectivo «que trabaja duro para integrarse»

  • Las medidas en caso de una sentencia negativa podrían ir desde un apercibimiento hasta la expulsión del programa de acogida

«De momento sólo es un presunto y habrá que esperar a ver si hay una condena», señala Javier Mahía, responsable territorial en Asturias de Accem, la entidad que se encarga de gestionar tanto la llegada como la acogida de los refugiados en el Principado. Hasta que se produzca esa posible sentencia condenatoria, M. O. A. el ciudadano iraquí que fue detenido en la noche del pasado domingo por intentar robar en un bar de la calle de Las Alas, seguirá llevando la misma vida que hasta ahora, residiendo en el piso que le fue adjudicado y acudiendo a las clases de español que tanto a él como a los otros dieciséis refugiados de la guerra siria les proporciona la asociación.

El juicio penal se celebrará a finales de este mismo mes y, si hubiera una sentencia condenatoria, la Asociación Comisión Católica Española de Migraciones decidiría «de manera conjunta con el Ministerio», cuales serían los pasos a seguir. «Hay un reglamento de derechos y deberes para los refugiados y a él debemos atenernos», explica Mahía. Ese reglamento establece que estos ciudadanos deben cumplir exactamente con los mismos deberes que los del país de acogida y acatar sus leyes. Luego, dependiendo de la situación y de la propia sentencia, se podrían aplicar una serie de medidas, que van desde el apercibimiento a la salida del programa de acogida.

Sería difícil que se diera una expulsión del país, situación que sólo está contemplada en casos en los que esté en juego la seguridad nacional o el orden público, algo que no parece darse en este proceso. «Tienen una protección jurídica», recuerda. En el caso de M. O. A., la situación se complica debido a su «contexto familiar». Llegó a Avilés con su familia, y cualquier medida que se tome sobre él podría afectar además a sus familiares, un aspecto que también pesará en las decisiones que puedan tomarse.

Un colectivo «preocupado»

La noticia de la detención de M. O. A. y de su implicación en un robo ha sido un mazazo para la comunidad asturiana de refugiados. «Están muy tristes y preocupados por el impacto que pueda tener», asegura Mahía. El medio centenar de personas procedentes del conflicto sirio que ha ido llegando al Principado en los últimos meses, la mayoría de nacionalidad siria e iraquí, «teme que se generalice y que se les juzgue por este hecho».

Mahía ha querido dejar claro que se trata de un grupo de «personas honestas que vienen huyendo de las guerras y persecuciones de sus países y que trabajan duro para integrarse» en España. Considera el caso de M. O. A. como un hecho «aislado» y pone de relieve que Accem lleva «veinticinco años trabajando con refugiados y nunca hemos tenido problemas».

A juicio del responsable de la organización en Asturias, el proceso que está siguiendo este medio centenar de refugiados es «positivo» y, en general, están haciendo «mucho esfuerzo» para aprender el idioma. «Su conocimiento del medio, después de seis meses, ya es importante, y cada vez son capaces de manejarse mejor de forma autónoma», afirma.

El siguiente paso será iniciar un programa de inserción laboral orientado a culminar su integración y a que sean capaces de sostenerse por sí mismos. Hasta entonces seguirán bajo el paraguas de Accem, que cubre sus necesidades básicas, proporcionándoles no solo alojamiento y manutención, sino también cinco horas diarias de clases de español durante año y medio y, además, apoyo psicológico y asesoramiento jurídico, entre otras cuestiones.

Todas esas ventajas las seguirá teniendo M. O. A., salvo en el caso de que llegara a ser condenado, cuando se estudiaría cómo reaccionar. Este iraquí, de veinte años de edad, fue puesto ayer a disposición judicial y, tras prestar declaración para negar los hechos que se le imputaban, quedó en libertad con cargos y a la espera de juicio.

Se le acusa de haber intentado robar en el bar Félix, donde no llegó a consumar la tentativa al verse sorprendido por los vecinos, quienes dieron la voz de alarma al percatarse del estruendo que el joven estaba ocasionando, ya que rompió un cristal y golpeó reiteradamente la puerta del establecimiento, que sufrió varios desperfectos, según relató el propietario del negocio, Félix Escudero. Cuando los agentes de la Policía llegaron al lugar, el acusado comenzó a correr tratando de huir, pero fue apresado en la misma plaza de España, desde donde fue llevado a Comisaría, de donde solo salió para acudir a la cita con el juez.

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