El Comercio

Ana Fresnedo ayer en el puerto de Avilés.
Ana Fresnedo ayer en el puerto de Avilés. / JOSE PRIETO

En guardia en alta mar

  • La castrillonense Ana Fresnedo pertenece a la generación de oficiales de la Marina Mercante que está rejuveneciendo y feminizando el sector

No es extraño que con gran parte de su familia vinculada al mar, a Ana Fresnedo le haya dado por lo mismo. No lo ha hecho, sin embargo, a pies juntillas. En lugar de decantarse por un destino administrativo o a pie del puerto que baña su ciudad y con cuyos relatos estaba familiarizada, Fresnedo decidió hace años fijar su vista en el horizonte. A sus veintiséis años no ha perdido un solo día desde que se licenció en la Escuela Superior de la Marina Civil, en Gijón. Es una de las pocas mujeres embarcadas en mercantes, en una profesión considerada hasta hace poco netamente masculina. Ella asegura que cada vez son más hay más mujeres en tripulaciones, pero que aún predominan las compuestas solo por hombres. Quizás por eso «a mi madre nunca le gustó que eligiera esta profesión».

«No me gustaba un trabajo de oficina y mirando las posibilidades que había me llamó la atención lo de formar parte de una tripulación», explica la joven. Fresnedo trabaja para una naviera que opera barcos de carga general y que cubre rutas por el Mediterráneo. Portugal, Francia, norte de África, a veces Italia y, principalmente, España. Tras dos años como oficial y uno de prácticas, imprescindible para conseguir el título profesional, solicitó trabajo a varias empresas y enseguida la llamaron. Desde el principio se dio cuenta del principal handicap de este trabajo: «los muchos meses que pasas fuera de casa en un medio un poco hostil», pero prefiere pensar y disfrutar las que considera sus ventajas, lo de estar cada día en un sitio distinto, a pesar de que ahora «ya no se tiene apenas tiempo para bajar a tierra».

Reconoce que, a pesar de que a ella le gusta mirar la parte positiva, el día a día en un barco es «monótono». «Se hace muy largo, sobre todo si te toca una guardia nocturna después de un día duro». Son turnos de cuatro horas, ocho de descanso y cuatro horas más de tajo. Como primer oficial, Ana Fresnedo se encarga de las guardias de navegación y, en el puerto, de la supervisión y control de las cargas y descargas. Tiene por encima al capitán y trabaja mano a mano con el segundo oficial, quien planifica el viaje y las cartas náuticas.

En esos intervalos entre jornada y jornada hay que buscarse formas de entretenimiento porque no disponen de conexión a internet. «La tenemos vía satélite para emergencias o en rutas muy largas», que no son las suyas. Por eso «llevarse bien es fundamental». «Un barco depende mucho de la tripulación. Si hay buen ambiente, es fácil juntarse para ver una 'peli' o simplemente para charlar».

Tripulaciones masculinas

En lugares como Casablanca se compran una tarjeta para el teléfono móvil «porque son baratas», pero en otros países o en alta mar «a veces sientes una desconexión total». Por cierto que la ciudad marroquí es la favorita de Fresnedo, por el ritmo y la mezcla de culturas que se vive en ellas.

En esas tripulaciones mixtas y mayoritariamente masculinas, como segunda de a bordo Ana Fresnedo nunca ha tenido problemas para imponer su autoridad. Ella explica que trabajar con hombres occidentales es más fácil que con otros procedentes de países en los que la mujer cumple otro rol en la sociedad. En su naviera son cuatro las mujeres contratadas -ella fue hasta hace poco las más joven- y en algunas ocasiones han coincidido tres en una misma ruta. En cualquier caso, no es lo normal.

En el barco impera horario británico, con comida a las doce del mediodía y cena, a las seis mercante. Las provisiones se cargan a un mes vista y en cada atraque se puede bajar a comer algo fresco. «En función del cocinero, comemos mejor o peor», comenta entre risas.

Tiene claro que le gusta navegar y lo único que se plantea a medio plazo es buscar otro tipo de embarque porque «cuatro meses en el mar y dos en casa se hace muy largo». «El tipo de barco y de carga es lo de menos, en un petrolero las medidas de seguridad son más rígidas, pero el tipo de navegación no varía», así que lo importante es tener unas «buenas condiciones generales», que para eso es un trabajo.

En algo menos de un mes, volverá a salir al mar y pasará las Navidades. «Sí, son momentos especiales» ante los que solo cabe resignarse. «Si estás fondeado, puedes disfrutar de una comida o una cena más especial», pero también puede tocar en plena Nochevieja. Al fin y al cabo, en un barco nunca se para.