El Comercio

El ruido, la otra fuente de contaminación

Pedro Menéndez, de la empresa Acusmed, mide el ruido en el entronque de la calle de Llano Ponte con la plaza de Los Oficios.
Pedro Menéndez, de la empresa Acusmed, mide el ruido en el entronque de la calle de Llano Ponte con la plaza de Los Oficios. / FOTOS: MARIETA
  • El sonómetro alcanza en la plaza de Los Oficios con tráfico medio 74,1 decibelios de media y roza el máximo, 65, en el parque de El Muelle

  • La empresa Acusmed constata que en algunas calles de Avilés se superan los topes admitidos

La excesiva concentración en la atmósfera de benceno, monóxido de carbono o partículas en suspensión, causante de la reciente situación de prealerta decretada por el Principado, no es la única fuente de contaminación que padecen los avilesinos. Hay otro agente invisible que no deja residuos cuyos efectos son difíciles de percibir y cuantificar, pero que en un entorno urbano casi siempre está ahí, el ruido.

La contaminación acústica en las ciudades es, por detrás de la atmosférica, la segunda causa de enfermedad por motivos medioambientales, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Provoca pérdida de audición, anomalías en la atención, alteraciones en el sueño, aumento de la irritabilidad, dolor de cabeza y otros efectos más difíciles de establecer.

El ruido puede definirse como todo sonido desagradable o no deseado para quien lo escucha, aunque siempre dependerá de la sensibilidad de cada persona, y cuando alcanza niveles que alteran las condiciones normales de ambiente en una determinada zona se convierte en contaminación acústica o sonora. Se mide en decibelios, unidad que obedece a una escala logarítmica, de tal manera que diez decibelios no representan el doble de ruido que cinco, sino mucho más.

La OMS establece unos límites máximos de 65 de día y 55 de noche. A partir de ahí, el ruido se convierte en contaminación acústica, resulta dañino por encima de setenta y si se superan los 140 provoca dolor.

LA VOZ DE AVILÉS midió los niveles de ruido que en torno al mediodía del sábado se registraban en tres puntos de Avilés, la plaza de España, el parque de El Muelle y la glorieta de Los Oficios. Las mediciones las realizó Pedro Menéndez, de Acusmed, consultoría avilesina que ofrece servicios especializados relacionados con el medio ambiente. No había ni excesivo tráfico ni obras, y el tránsito peatonal era el que puede registrarse cualquier sábado a última hora de la mañana.

En el centro de la plaza de España el ruido ya rondaba los sesenta decibelios, nivel que aumentaba, acercándose ya a los sesenta y cinco, con el simple tañer de las campanas anunciando el mediodía o el paso de un grupo de personas en animada conversación.

Las mediciones se realizaron atendiendo a la media de ruido registrada durante treinta segundos. En el parque de El Muelle el resultado fue de 63,1, y a poco que aumentase el tráfico en las calles aledañas el sonómetro se acercaba a setenta. Una segunda medición realizada a pie del paso de peatones que cruza la calle de La Muralla en su entronque con la de El Muelle cuando estaba en fase de verde dio como resultado 73, y eso que apenas pasaron unos cuantos vehículos.

Uno de los lugares más ruidosos de Avilés, sino el que más, es la plaza de Los Oficios. Allí el aparato se dispara, y rara vez marca menos de setenta. Durante la medición realizada por Acusmed para este periódico la media fue de 74,1, con picos de hasta 83, un nivel que ya resulta peligroso para la salud y más cuando, como es el caso, se soporta durante muchas horas al día todos los días del año.

Al margen de las mediciones realizadas para este periódico, Acusmed dibujó hace unos años un mapa de ruido de Avilés. El resultado fue que en gran parte de la ciudad los niveles fueron superiores a los límites aconsejados por la OMS, también en algunas zonas peatonales, como por ejemplo las calles del barrio de Sabugo, que pese a ser peatonales ofrecieron una media de setenta. En cambio en el tramo igualmente peatonal de La Cámara el sonómetro se quedó en 59, mientras que en el parque de Ferrera, uno de los lugares más silenciosos del centro urbano de Avilés, los niveles fueron de 46.

El Ayuntamiento aprobó en los años noventa del siglo pasado una ordenanza municipal sobre ruidos y vibraciones que establece unos límites aún más restrictivos que los que aconseja la OMS, 55 decibelios de ruido de día y 45 de noche, si bien puntualiza que tales niveles no incluyen los ruidos procedentes del tráfico, la construcción y los trabajos en la vía pública, cuya regulación se efectúa en títulos específicos.

La ordenanza establece dos fuentes de emisión, interna, con origen en espacios cerrados, como locales y edificios; y externa. En el primer caso, sitúa los niveles máximos medios diurnos en 55 decibelios que se reducen a treinta en zonas sanitarias y residenciales y a cuarenta en docentes y aumentan hasta sesenta si se trata de áreas industriales. Atendiendo a las fuentes externas, los topes son 55 decibelios en áreas residenciales y comerciales, cuarenta en sanitarias y 45 en docentes y setenta en industriales. En horario nocturno los niveles máximos admitidos son aproximadamente un 20% inferiores, con la única excepción de las áreas industriales, en las que se mantiene en setenta.

Cantar, gritar y vociferar

Entre otras disposiciones, la ordenanza prohibe «cantar, gritar y vociferar, especialmente en horas de descanso nocturno», y realizar trabajos y reparaciones domésticas entre las 22 horas y las 8 horas. También prohibe la circulación de vehículos a motor con 'escape libre' o silenciadores no eficaces, incompletos, inadecuados o deteriorados y «el uso de bocinas o cualquier otra señal acústica dentro del casco urbano, salvo en los casos de inminente peligro de atropello o colisión, o que se trate de servicios de urgencia». El texto contempla sanciones para los infractores.

A nivel de comarca, los máximos niveles de ruido se soportan en el entorno del Aeropuerto de Asturias y en Trasona, en las inmediaciones de la autopista, especialmente en el barrio de San Pelayo. Según una reciente medición realizada por la Policía Local, a media mañana se alcanzan fácilmente 87 decibelios, sin que hasta la fecha se hayan tomado medidas para reducir tales niveles. El alcalde, Iván Fernández, solicita al Gobierno de España que sustituya el hormigón de la autopista por una capa de asfalto y que instale pantallas a ambos lados de la vía, y también ha planteado como solución la posibilidad de limitar a 90 kilómetros por hora la velocidad máxima en el tramo de autopista que atraviesa la parroquia de Trasona, medida que ya se ha adoptado en ciudades como Oviedo o Gijon.

Para hacerse una idea de los niveles de ruido, el de una conversación normal oscila entre treinta y cincuenta decibelios, mientras que en el interior de una discoteca se alcanzan los 110. Un aspirador puede llegar a 65 y una taladradora a 120, nivel similar al que se registra en un concierto de rock; claro que en este caso hablar de ruido no es del todo exacto, al menos para los asistentes, que a buen seguro no consideran lo que escuchan como un sonido desagradable o no deseado.