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El arcipreste, Vicente Pañeda, en la parroquia de Villalegre.
El arcipreste, Vicente Pañeda, en la parroquia de Villalegre. / JOSE PRIETO

«Tenemos que reestructurarlas parroquias paraadaptarlas a la realidad»

  • Vicente Pañeda Arcipreste de Avilés

  • «La agresión al párroco de Versalles se corresponde con la crispación social existente»

Vicente Pañeda, párroco de La Luz y Villalegre, inicia en estos días su segundo mandato de tres años como arcipreste, tras la decisión anunciada esta semana por el Arzobispado. Asegura que es una responsabilidad desde la que continuará trabajando para coordinar la actividad de los sacerdotes y las parroquias de la comarca.

El arcipreste es elegido a propuesta de los sacerdotes. ¿Cómo recibe esa renovación de la confianza en usted?

Efectivamente, los compañeros optaron por que yo continuase. Y, posteriormente, el arzobispo hace la propuesta. Ellos ya conocen mi reacción personalmente: gratitud por su gesto y esperanza de que estos tres próximos años sean un tiempo para consolidar los proyectos en marcha y mantener la fraternidad existente entre los sacerdotes.

¿El arcipreste está solo o cuenta con un equipo?

Cuento con un equipo, de lo contrario no podría hacer nada. Está el vicearcipreste, que es José Manuel Viña; Juan Manuel, el párroco de Piedras Blancas, es el delegado de Cáritas; el de Catequesis de niños, es 'Nello', el copárroco de Santo Tomás; y Alfonso Soler, el párroco de Las Vegas, de adolescencia. Daniel, el párroco de Pillarno, es el delegado de los temas económicos. También hay dos delegados del clero, que son el párroco de Candás y el de Trasona, José Santaclara.

¿Se han fijado algún objetivo para estos tres años?

Lo primero que quiero generar entre nosotros es confianza e ilusión en nuestro trabajo. En segundo lugar tenemos que saber trabajar en equipo porque hoy la realidad eclesial en Avilés pasa por proyectos arciprestales respetando, por supuesto, la realidad y trayectoria parroquial. Y, en tercer lugar, ganar en fraternidad entre los sacerdotes.

¿Generar confianza e ilusión? Suena a que existen problemas internos.

Nada más lejos de la realidad. En los últimos tres años hemos vivido la muerte inesperada de varios sacerdotes queridos y también la enfermedad de alguno. Es algo que nos afectó a todos. También está por hacer la reestructuración de las parroquias. Todo eso nos afecta. La ilusión pasa por reorganizar la realidad eclesial.

¿Cómo será esa organización?

No es una labor exclusiva nuestra, también es diocesana. Sobre todo hay que hacerlo con la mayor serenidad y prudencia, también mirando a la realidad.

¿Tienen alguna idea?

No. Es algo pendiente de afrontar. Pero, por ejemplo, no tendría lógica que el párroco de San Cristóbal asumiese también Los Campos. Hay que ver la realidad y ver dónde están las personas.

¿Existe algún criterio: un límite de fieles o de extensión?

En Asturias, don Carlos Osoro firmó un decreto para crear las unidades de acción pastoral. Se han configurado las rurales, pero no las urbanas. Es el trabajo pendiente. El ajuste debe ser acorde con la realidad.

Esos cambios alteran costumbres como horarios de misas, ¿cómo responden los fieles?

Siempre que hay diálogo y los proyectos se plantean con claridad, cercanía y ternura nuestros feligreses responden bien. Soy testigo porque en estos años he tenido que reestructurar horarios y sólo encontré comprensión y apoyo.

Los nombramientos de los últimos años de párrocos han provocado su rejuvenecimiento, ¿este proceso se traducirá en una estabilidad en las parroquias?

Apelo a las palabras del vicario de Gijón y Oriente sobre la apuesta que ha hecho el arzobispo y su equipo. Es indudable y es de agradecer. Ese rejuvenecimiento es un respaldo a toda la actividad pastoral del arciprestrazgo.

Recientemente se ha producido la agresión al párroco de Versalles. ¿Es algo inusual, temen que se repita?

Ha sido algo desagradable. Cuando no hay diálogo es preferible dar un paso atrás y esperar a que se calmen los ánimos. Cuando existe una agresión es algo inaceptable. No lo considero un hecho aislado, es algo que ocurre día tras día y lo sufren en silencio otros colectivos, como el personal sanitario, como sucede en el Hospital San Agustín. Corresponde a la crispación social existente y que le ha tocado sufrir a un miembro de la Iglesia.

¿Se organizará algún acto público de desagravio al párroco?

Ahora estamos en un momento en el que debemos buscar la conciliación. Debo ser prudente porque es la realidad de una parroquia, pero lo que tenemos que generar es calma y, si no se logra una reconciliación al 100%, al menos saber estar como personas razonables.

Más allá de la resolución judicial, ¿una petición de perdón por parte de los agresores supondría levantar la prohibición de actuar en las iglesias?

No ha sido un veto, fue una sugerencia a mis compañeros. Si se produjese esa reconciliación, no tendría sentido. De igual manera, si es necesario que yo pida disculpas para favorecerla no tendría problema en hacerlo. No es la primera vez y lo hice alguna vez en público, como en La Carriona.

¿Qué sucedió?

En su momento, dije que era una parroquia a extinguir y anexionarse con Miranda. Y, cuando fui a celebrar la reinaguración del templo tras las obras, pedí disculpas al párroco y a los feligreses porque resurgieron de sus cenizas más fortalecidos. Si aquí se clarifican las cosas o es necesario, no tengo problemas en pedir disculpas.

¿Cómo se vive el problema de falta de vocaciones?

Avilés ya no es el vivero de hace unos años, pero si por algo se caracteriza es por enviar a personas al Seminario de manera constante. Ahora queremos llevar a cabo un proyecto de Pastoral Juvenil con los padres salesianos. Será un proyecto humilde, pero es posible que sirva para generar más vocaciones.

¿Qué significa la incorporación del Lumen Dei a Avilés?

El arciprestazgo los recibe con los brazos abiertos y con la expectación de ver cómo será su presencia, pero siempre desde el respeto y la fraternidad. Estará la curia, que tiene un cometido muy específico. Pero cuando se integren, enriquecerán el arciprestazgo.