El Comercio

«Ahora hay empresas competitivas, pero falla la infraestructura tecnológica»

Joaquín Ocampo ilustra el siglo XVIII con algunas instantáneas.
Joaquín Ocampo ilustra el siglo XVIII con algunas instantáneas. / JOSE PRIETO
  • El catedrático Joaquín Ocampo explica en el Aula de Cultura de LA VOZ el pesimismo de Jovellanos al percatarse de que sólo con carbón Asturias no podía salir adelante

¿Por qué en plena revolución industrial del siglo XVIII una comunidad minera como Asturias no despuntó como debiera? La respuesta con la que el ilustrado gijonés Melchor Gaspar de Jovellanos se dio de bruces, muy a su pesar, fue retomada y contextualizada ayer por el catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Oviedo, Joaquín Ocampo Suárez-Valdés, para explicar la economía asturiana del siglo XVIII en la conferencia 'De Siberia del norte a Sajonia española', ofrecida en el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS, coordinada por Armando Arias y patrocinada por Cafés Toscaf.

Ocampo ofreció unas pinceladas sobre un siglo XVIII clave en Europa, de transición. «Se pasó de las sociedades agrarias a las industriales, de las monarquías absolutas a los estados liberales. Fue el siglo de las revoluciones liberales burguesas, el de la Ilustración, el del el ideario de Montesquieu y Rousseau», dibujó. En ese contexto efervescente, España era «el imperio colonial más extenso y más rico del mundo», pero «las guerras y el gasto público sin moderación» impidieron acometer las reformas e inversiones necesarias para conducir la locomotora del tren del progreso. En Asturias, a priori, las perspectivas tampoco eran muy halagüeñas. Al menos, para quienes la veían desde fuera como una región periférica «aislada y pobre», a la que los funcionarios de la Corona llamaban la 'Siberia del norte'.

Pero «cuando Jovellanos tiene noticias de la revolución industrial de Inglaterra piensa que la esperanza de Asturias es el carbón (...).Escribió unos diecinueve informes hablando del ferrocarril, de un buen puerto, una buena marina mercante, pero no había medios económicos ni físicos ni empresarios. Montan en Trubia dos altos hornos, que costaban muchísimo dinero, pero revientan porque no sabían construirlos, no había tecnología, no había universidad, no había politécnicas, no había base científica ni financiera», explicó Joaquín Ocampo.

Esta constatación hizo percatarse a Jovellanos de que su apuesta no se iba a hacer realidad. «A partir de 1791-1801, va haciéndose pesimista. Toma conciencia de que la dotación de recursos naturales por sí sola es condición necesaria pero no suficiente para convertir Asturias en la 'Sajonia española'. Si no hay, como decía él, «luces (tecnología), libertad y auxilios (empresarios privados)».

Afortunadamente, el panorama actual «no tiene nada que ver. Ahora hay industrias competitivas y empresas que exportan, aunque sigue fallando la infraestructura tecnológica», analizó el catedrático, quien cree que Asturias aún «está pasando de una economía protegida basada en el carbón y siderurgia públicas a la empresa privada y a un tejido de multinacionales en una economía competitiva y abierta».