El Comercio

María Teresa Álvarez firmó su último libro a muchos de los asistentes.
María Teresa Álvarez firmó su último libro a muchos de los asistentes. / MARIETA

«Espero haber aportado un granito de arena para dar a conocer a Urraca»

  • La escritora María Teresa Álvarez reconoce, en el Aula de Cultura de LA VOZ, haberse «encerrado todo el verano» para alumbrar un relato «creíble» sobre la única reina titular de Asturias

Quince minutos antes de las ocho de la tarde se había formado cola para la firma de libros. Poco después, ya no había ni un sitio libre en el Centro de Servicios Universitarios de La Ferrería para seguir la intervención de la escritora María Teresa Álvarez. No estaba en su Candás natal, pero jugaba igualmente en casa. Y un año después, sus lectores respondieron a la convocatoria del Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS, patrocinada por Cafés Toscaf, que invitó a la escritora a presentar su libro 'Urraca. Reina de Asturias' y a conversar sobre el proceso de creación literario con el periodista de esta casa, Alberto Piquero. Fue un mano a mano, una entrevista en directo, casi una conversación, en la que el público tuvo la última palabra.

Armando Arias, coordinador de un acto al que asistió el director de EL COMERCIO, Marcelino Gutiérrez, y el jefe de redacción de LA VOZ DE AVILÉS, José María Urbano, dio la bienvenida a la escritora y le recordó el emplazamiento realizado en 2015, en el ciclo de conferencias dedicado a Santa Teresa de Jesús en el que ella pronunció una de las charlas, de escribir un libro sobre la mística. «Ya sólo te queda un año de los dos de plazo que te di», bromeó Arias.

La periodista no recogió explícitamente el guante, pero sí tuvo un cariñoso recuerdo para aquella charla en la que «se creó una atmósfera especial», confesó. En esta ocasión, Álvarez vino a recordar la figura de otra mujer, la única reina titular que ha tenido el trono de Asturias porque salvo Urraca, en el siglo XII, el resto fueron reinas consortes. Las que podrían haberlo sido por línea sucesoria fueron reemplazadas por sus maridos o, incluso, por hijos bastardos.

Fue Javier Fernández Conde el primero que habló a María Teresa Álvarez de Urraca cuando ella grabó la serie de mujeres asturianas para Televisión Española. «Él la llamaba 'Urraquina, la asturiana', no le dediqué un programa, pero no cayó en saco roto», explicó la escritora y periodista.

Hija natural del rey Alfonso VII de León y de la noble Gontrodo, fue reina de Asturias, título que asumió tras haber sido reina consorte de Pamplona por su boda, a los once años, con el rey García Remírez, y enviudar. Tuvo que volver a casarse y entonces demostraría, según ilustra María Teresa, ser una mujer fuerte y luchadora.

«No ha sido nada fácil escribir sobre el siglo XII, un siglo desconocido para mí. Había tan poca información que estuve a punto de desistir», reconoció Álvarez, que añadió que la base histórica de la novela se completa con imaginación. «Procuro hacerlo con información y que ocupe un lugar secundario».

«Me permito crear situaciones que no cambien la realidad del personaje». Por ejemplo, «hay discrepancias sobre el lugar de nacimiento de ella, yo he preferido decantarme por Soto de Alles». Urraca pronto se encontró con la infanta Sancha Raimúndez, «un personaje que me resultó muy atractivo y que fue el que me animó a seguir trabajando en la novela cuando apenas encontraba material», agradeció Álvarez. De hecho, la recreación de la relación que se pudo establecer entre esta infanta y su sobrina Urraca «es lo que más me satisface» de un libro cuya acción se desarrolla en un solo día y en diferentes lugares gracias a los 'flashbacks'. El relato se enriquece con leyendas y tradiciones y el relato de circunstancias históricas como el camino Santiago o la Reconquista.

La escritura de la novela la llevó a encerrarse todo el verano en su domicilio de Candás para leer y documentarse -«sólo fui tres veces a la playa»-, acentuando la «soledad» del escritor que ya confiesa sentir y que no le disgusta en absoluto cuando se trata de absorber y empaparse de las circunstancias del personaje sobre el que investiga. El resultado ha sido «una historia muy creíble» con la que espera haber aportado «un pequeño granito de arena» en favor de una figura desconocida.