El Comercio

Carlos Susías, presidente de La Red Europea de Lucha contra la Pobreza de España.
Carlos Susías, presidente de La Red Europea de Lucha contra la Pobreza de España. / LVA

«La pobreza no es un castigo divino, se genera como la riqueza»

  • Carlos Susías, Presidente en España de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza

  • Los representantes de diversas entidades sociales analizan en el Niemeyer la repercusión del actual mercado de trabajo y trazan las peticiones más urgentes

La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN), integrada por veinte delegaciones territoriales y dieciséis entidades estatales, y que representa a ocho mil organizaciones, celebra su encuentro anual hoy y mañana en el Centro Niemeyer. En él abordarán el cambio del mercado de trabajo y su repercusión en la sociedad. El presidente de EAPN, Carlos Susías, explica las medidas más urgentes en la lucha contra una pobreza que afecta a trece millones de personas en España, a tres millones de ellos de forma severa.

¿Cómo ha repercutido la transformación del mercado de trabajo en la renta media de las familias?

Hasta hace poco decíamos que el empleo era el principal instrumento de bienestar social. Pero vemos que ese empleo de calidad ya no existe y su calidad es tan baja que no solo no disminuye el número de trabajadores pobres, sino que lo aumenta. Ahora los salarios son bajos, los trabajos duran poco y las condiciones laborales son malas.

¿Qué propuestas van a llevar a este encuentro?

Trataremos de ver cómo reformular nuestro sistema de protección. Para empezar habría que seguir la recomendación que formuló la Unión Europa a los estados miembros en 2008 de definir una estrategia de inclusión activa, que debería estar basada en el empleo y los servicios de calidad y una garantía de rentas.

¿Dependería de la Administración central?

Sí. Ahora tenemos diecinueve sistemas distintos, y otro de ámbito estatal. No se hablan entre ellos y ni siquiera son portables entre comunidades autónomas, en el caso de que una persona se mude de una o otra. Solicitamos un sistema estatal de rentas mínimas que apoye a las familias y personas sin ingresos y que dote de prestación por hijo. España es uno de los ocho países de la Unión Europea que aún no lo tiene.

¿Qué esperan de la nueva ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad?

Estamos a la espera de la configuración del ministerio. En principio, se aprecia un giro hacia lo social en todas las comunidades autónomas y nos gustaría trasladárselo. No hay que olvidar que la parte social tiene mucho que ver con la económica, con la articulación de medidas que ayuden al desarrollo económico. Por ejemplo, la renta mínima supondría devolver dinero a la sociedad, ya que esa dotación no va a ir a ninguna cuenta rara en un país extraño sino directamente al consumo en el comercio más cercano. Generará desarrollo comunitario y económico, además del inclusivo.

¿El reto es ahora mayor que hace algunos años?

Hay que afrontar muchas cosas; cambiar las políticas de empleo, incluir la renta mínima que nos reclama la UE y estudiar la duración de las pensiones, que están en una situación delicada que tiene que ser abordada. Son retos importantes y para esto hace es necesario que las políticas no generen más pobreza. Tienen que ser incentivadoras del desarrollo económico y, sobre todo, hay que reforzar la luchar contra fraude fiscal.

¿Cree que el cambio de estructura del mercado laboral del que tanto se habló al comienzo de la crisis ha contado con políticas a largo plazo capaces de llevarlo a cabo?

Para determinadas cosas los gobiernos son megalómanos y son capaces de tener visión a largo plazo, si no mire cuando planifican unos juegos olímpicos a ocho años vista, y para cuando se trata de abordar la situación de las personas son más erráticos. Nosotros queremos ser parte de la solución de un problema estructural y queremos que cuenten con nuestra opinión igual que cuando hay una crisis de los mercados se llama a expertos financieros. Incluso se podría tener en cuenta las opiniones de los afectados, que seguro que a veces son más racionales que en despachos.

¿Más participación?

Sí, nos gustaría que se contara más con la gente, tener una gobernanza más participativa. Incorporando medidas más cercanas a los ciudadanos no ocurrirá lo que está pasando en algunos países de la Unión Europea y en los Estados Unidos, en los que al final la ciudadanía acaba eligiendo cosas raras.

¿Le inquieta el contexto internacional?

Nos inquietan las políticas erráticas de los gobiernos europeos. Si no fuera por el austericidio, los ciudadanos no estarían empujando en determinada dirección. Es fundamental que la UE apruebe una política exterior y diplomática común que ahora no tiene. Tenemos que ir a más Europa con la implicación de los ciudadanos. Los ciudadanos tienen que sentirse en el centro de Europa y así evitaríamos desafecciones como el Brexit.

Antes se ha referido al problema estructural de la pobreza. ¿Somos condescendientes con ella?

Se nos ha inculcado que es un castigo divino y eso quita presión a los gobiernos. Son ellos, con sus políticas, quienes pueden eliminarla. Se genera la pobreza igual al igual que se genera la riqueza.