El Comercio

«Todo se comenzó a tambalear y de repente me vi con una mano delante y otra detrás»

Millones de personas en España han visto en estos últimos años como su vida cambiaba de un día. Expulsados de un mercado laboral que quebró de repente, muchos se vieron incapaces de salir de un paro de larga duración que mina la moral de la mayoría. Ignacio Suárez fue uno de ellos, un trabajador de la construcción que jamás imaginó que un día iba a tener que pedir ayuda a Cáritas para salir adelante. Ayer lo contó en la segunda mesa del debate de la jornada sobre los cambios del mercado en las personas más vulnerables, en la que también estuvieron José Sánchez, subdirector general de programas de la Fundación Secretariado Gitano y Diana Miguel, Fundación Accenture.

Gijonés de cincuenta años, se quedó sin trabajó en 2009 y cobró la prestación por desempleo durante dos años en los que no paró de buscar trabajo y formarse. «Todo se comenzó a tambalear y de repente me vi con una mano delante y otra detrás», confesó antes de entrar en la sala. La relación con su pareja comenzó a deteriorarse y, con la autoestima por los suelos, se quedó solo en la casa que había heredado de sus padres. Solicitó varias veces el salario social y, por mediación de un amigo, llegó hasta Cáritas. «Me costó Dios y un mundo», reconoce. Pero es lo único que le ha reportado un poco de esperanza, según reconoció ayer.

Empezó en la bioescuela de Valliniello -«por lo menos te levantas por las mañanas y ya sabes que vas a tener el día ocupado»- y después Cáritas medió para que lo contrataran como conductor. Este verano pudo trabajar para una gran empresa de la comarca y ahora, aunque se encuentra de nuevo en el paro, su actitud vital es otra.

«Tengo más confianza y veo la vida desde otra perspectiva. Toqué fondo, pero puedo decir que se puede salir». Aún así, no quiere lanzar las campanas al vuelo. «Cáritas me ayudó más que el Estado», recalcó.