El Comercio

Bailarinas profesionales por un día

El grupo de baile de Teresa Tessier, ayer junto a su profesora y a Paula Bango en uno de los ensayos.
El grupo de baile de Teresa Tessier, ayer junto a su profesora y a Paula Bango en uno de los ensayos. / MARIETA
  • Treinta alumnas de Teresa Tessier actuarán junto al Ballet Imperial Ruso en 'El Cascanueces' en el Niemeyer

La mezcla de ilusión y concentración presente en los rostros de las alumnas del Centro de Danza Teresa Tessier delata que algo importante está a punto de acontecer. El próximo mes, una treintena de bailarines de entre cinco y doce años se convertirán en auténticos profesionales de la danza por un día para actuar junto al Ballet Imperial Ruso, que visitará el Centro Niemeyer con 'El Cascanueces'. Niñas y profesoras luchan ahora contra el reloj para preparar esta emocionante y desafiante función.

«Los pasos ya se los saben, ahora estamos puliendo aspectos de técnica y, sobre todo, la parte interpretativa, ya que interactúan muchísimo con el resto de bailarines profesionales», comentaba ayer Paula Bango durante uno de los ensayos. Esta profesora lleva más de un lustro coordinando la colaboración entre distintas escuelas de danza asturianas y la majestuosa compañía rusa. «Con Teresa (Tessier) está habiendo muy buen 'feeling', nos compenetramos muy bien», asegura.

El primer cometido de Bango fue llevar a cabo una audición entre más de cien alumnos para determinar quiénes participarían en el proyecto. «Yo me quedé al margen y aún así se me partía el corazón al ver que no podían escoger a todas», explicaba Tessier. Finalmente, los treinta seleccionados se dividieron en tres grupos según su edad con el fin de agilizar las duras jornadas de ensayos, que se celebran cada fin de semana por partida doble. «Tanto los niños como las familias se han volcado al 100% y han sacrificado muchísimo tiempo libre, planes familiares e incluso fiestas de cumpleaños», coincidían las dos profesoras.

Y es que la profesionalidad se extiende a todo el proceso: a las dos faltas injustificadas, otro bailarín ocupa tu lugar. «Hay niñas que saben que tienen pocas posibilidades de subir finalmente al escenario y aún así lo están dando todo en las clases, la respuesta no podría haber sido mejor», apunta una orgullosa Tessier. Pese a todas estas horas de ensayos, el resultado final es aún bastante incierto. «Es realmente difícil, le estás pidiendo a niños muy pequeños que hagan un durísimo trabajo de imaginación y visualización porque tienen que interactuar con personas y objetos que no van a ver hasta la mañana antes de la función», destacaba Bango.

No obstante, ambas instructoras confían en los frutos del trabajo construido a través de más de una decena de ensayos en los que han valorado hasta el más mínimo contratiempo. «Siempre recalcamos lo que deben hacer si se equivocan o si se les cae algo del atrezzo, mi experiencia me dice que este tipo de percances no suelen trascender», dice Bango, quien asegura a su vez que «vives más intensamente todo este proceso previo que el día de la actuación en sí». Tessier insiste en el «magnífico» trabajo de su compañera, quien ha enseñado a sus alumnas «a ser resolutivas, seguras y disfrutar sobre el escenario».

A favor de su grupo de discípulos, entre los que se cuentan tres niños, también juega el hecho de que Teresa Tessier haya celebrado los últimos cinco años su festival de fin de curso en el Centro Niemeyer. «Por lo menos ya están familiarizados con el entorno», se reconforta. Así, estas pequeñas bailarinas prometen poner su granito de arena para engrandecer aún más esta importante cita cultural.