El Comercio

J. R. M. se tapa la cara a la salida del Juzgado.
J. R. M. se tapa la cara a la salida del Juzgado. / MARIETA

«No me ha matado de milagro, pero no he podido probarlo»

  • Fiscalía y acusación particular mantienen la petición de cárcel para la mujer acusada de sustracción de menores, que justifica su traslado con su hijo a Madrid por el «pánico» hacia su expareja

El juicio contra A. P. S. por un supuesto delito de sustracción de menores, por el que se enfrenta a cuatro años de cárcel y cinco de privación de la patria potestad, concluyó ayer en el Penal Número 2 de Avilés, con una súplica de la mujer a la Justicia, ante la que pidió «disculpas por los errores» y comprensión por unos actos motivados por el temor a que se expareja la matara.

J. R. M., condenado previamente por malos tratos, sentó a su expareja en el banquillo tras haber incumplido en reiteradas ocasiones un régimen de visitas en el que, entre otros puntos, constaba la obligación de que el hijo de ambos estuviera escolarizado en un colegio de Avilés. Ella se mudó a Madrid en abril de 2015 y fue imposible localizarla hasta que en septiembre de ese mismo año acudió al Juzgado al saber que estaba en busca y captura. Ayer se celebró la segunda parte de un juicio fechado el 24 de octubre y del que solo había quedado pendiente el testimonio de una profesional del Punto de Encuentro Familiar.

La técnica se ratificó en el informe emitido el 28 de enero de 2015 en el que certificaba que entre el 16 de julio y el 2 de octubre de 2014, A. P. S. no había acudido al 60% de las visitas programadas. El letrado de la encausada, José Manuel Rodríguez García, trató de demostrar que no todas estas ausencias habían sido tales, sino que algunas correspondían a retrasos y en otras se había llamado telefónicamente para explicar los motivos que impedían acudir, aunque no constara soporte documental. Causas como el supuesto intento de atropello y el lanzamiento de una botella de los que habría sido víctima su clienta, que la técnica reconoció que «me suenan», sin que hubieran influido en la redacción de su informe.

Inmovilismo en las posturas

Lo ocurrido en el plenario durante estas dos sesiones sirvió para reafirmar a la acusación particular y la Fiscalía en su planteamiento inicial, manteniendo su petición de pena de cárcel de cuatro y tres años, respectivamente. Según desarrolló ayer la fiscal, es incuestionable que la mujer fue víctima de violencia doméstica, con sentencia firme del Juzgado de lo Penal Número 1 en 2011 por dos delitos de maltrato en el ámbito familiar. Sin embargo, para la fiscal hay pruebas sólidas que demuestran que A. P. S. incumplió un régimen de visitas «pormenorizado» en una sentencia en la que «se aprecia que se hiló fino dadas las características del núcleo familiar».

Esgrimió el informe del Punto de Encuentro Familiar ratificado por la técnica esa misma mañana, el «comportamiento poco colaborador» de A. P. S. con los agentes encargados de su protección, cuestionó la explicación de «traslado precipitado a Madrid» conforme a las fechas de los distintos acontecimientos y rechazó, en definitiva, la línea argumental de la defensa de un «miedo insuperable» que explicaría toda la actuación de la mujer.

La encausada sale del juzgado acompañada por su abogado, José Manuel Rodríguez.

La encausada sale del juzgado acompañada por su abogado, José Manuel Rodríguez. / marieta

Ignacio Manso se adhirió a la exposición de la fiscal y recordó que el padre había sido «contumaz y deliberadamente privado del régimen de visitas». Calificó de «falsa» la explicación sobre el miedo por las once sentencias condenatorias sobre ella por incumplimientos del régimen de visitas y «porque de algunas de las sobreseídas se deduce falso testimonio» «Ha sido un cúmulo de faltas de respeto a la Justicia y a los funcionarios», concluyó.

Menospreció el informe de una psicóloga presentado «de rondón» por la defensa porque «no reúne los mínimos requisitos (de profesionalidad)» y volvió a presentar a la encausada como una persona que «tiende a mentir, es inestable, inmadura, narcisista y tiende a relaciones superficiales», según constaría en otro informe psicosocial.

«Un infierno de vida»

La defensa instó a comprender los motivos que habían impulsado a su defendida a actuar como lo hizo, en esencia, «por un infierno de vida». Y arremetió asimismo contra la personalidad del denunciante. «Se habla de la personalidad inestable de A. P. S., pero en una balanza él no sale bien parado. Es obsesivo y violento (...) como responde a un maltratador peligroso». «De esa persona es de la que tiene miedo», añadió.

Restó valor al informe del Punto de Encuentro Familia al entender que la técnico no había podido argumentar «de dónde saca ese 60% de incumplimientos si no presenta ni un cuadrante o un excel donde se acredite el informe». Reconoció que había denuncias de su clienta sobreseídas, pero recordó que la justicia solo se puede pronunciar sobre hechos probados y recordó que el informe de la psicóloga denostado por la acusación había sido realizado tras un ingreso de la mujer en el hospital. «La actitud de A. P. S. obedece a una razón de peso. Rompe unilateralmente el régimen de visitas por pánico».

Ella reconoció este punto en el turno a la última palabra. «Yo tengo la suerte de estar aquí para contarlo, pero otras no han tenido tanta. Qué mayor falta de respeto que desfigurarte la cara delante del niño. El calvario que yo pasé no se lo deseo a nadie. No me ha matado de milagro (en alusión al intento de atropello), pero no he podido probarlo», relató ayer entre sollozos.

Temas