El Comercio

Safya ya tiene desfibrilador portátil

Luis Daniel Fernández Pérez entregó ayer a Desireé Artidiello el desfibrilador portátil para su hija en la plaza de España.
Luis Daniel Fernández Pérez entregó ayer a Desireé Artidiello el desfibrilador portátil para su hija en la plaza de España. / MARIETA
  • Un gijonés, distribuidor de equipamiento médico, donó ayer el aparato a su madre

Safya ya tiene desfibrilador portátil y Desiree Artidiello, su madre, respira tranquila. La campaña puesta en marcha para conseguir el equipamiento ha dado frutos antes de lo esperado. Mucho antes, de hecho, de que las pulseras encargadas para subvencionar la compra de este aparato hayan llegado. Se les ha adelantado un gijonés. Luis Daniel Fernández Pérez, distribuidor de equipamiento médico, leyó la noticia publicada en LA VOZ DE AVILÉS a través de sus redes sociales y no le llevó mucho tiempo decidirse. «Otras veces me habían pedido instrumental de diversas ONG para enviar a otros países, pero siempre he pensado que se puede ayudar a la gente que está más cerca de ti» y aunque él gana dinero vendiendo este tipo de aparatos, en esta ocasión decidió recurrir a su stock para ceder uno a la avilesina que había visto a través de internet.

«A través de la noticia llegué a la campaña en la que detallaba todo y me puse en contacto con ella». Desiree lo hizo público poco después y ayer se produjo el encuentro en el que ambos pudieron comentar la situación de la pequeña Safya y el éxito de la llamada a la solidaridad que hizo su madre. «Como me muevo en este sector y trato mucho, entre otros, con cardiólogos, no me tuvo que explicar mucho porque conozco la dolencia. Yo tengo dos hijos y ver a una niña pequeña con esta urgencia parece que te afecta más», confesó tras el encuentro que tuvo lugar en la Plaza de España.

Desiree Artidiello solo tendrá que comprar los parches pediátricos que requiere el desfibrilador y, con su diploma para el manejo de este aparato recién sacado, está preparada para cualquier emergencia. Aunque lo deseable sería que no se produjera.

La madre de Safya reiteró que ahora comprará un desfibrilador para el colegio San Nicolás de Bari, en el que estudia su hija, y el resto del dinero recaudado de la venta de pulseras lo donará a una ONG. «He recibido un aluvión de mensajes, no puedo estar más agradecida», explica Artidiello, desbordada por la repercusión de su campaña tras el salto de las redes a la prensa.

Tanto Luis Daniel Fernández como ella consideran que la implantación de los desfibriladores en centros públicos, principalmente colegios y polideportivos, debería ser obligatoria, lo cual exigiría también una formación para su uso. El primero cree que lo impide no el coste en sí de los equipos, «porque no son muy caros», sino «la excesiva burocracia», por eso piensa que casos como el de Safya promueven un debate público sobre la cuestión.

De hecho, en los últimos tiempos, cada vez que un deportista ha sufrido un problema cardiaco durante su partido se ha planteado esta necesidad y la de que sus entrenadores, u otra figura del equipo, supieran utilizarlos.

Safya tiene cinco años y un síndrome de QT largo, una enfermedad congénita en la función eléctrica del corazón que puede provocar arritmias de distintos grados.

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