El Comercio

«Corrí de la policía porque creí que me encarcelaría como ocurre en mi país»

El encausado, en el juicio, acompañado por su mujer y una traductora.
El encausado, en el juicio, acompañado por su mujer y una traductora. / MARIETA
  • El refugiado iraquí acusado de un robo con fuerza en grado de tentativa en un bar asegura que iba bebido y su defensa aporta un diagnóstico de depresión

M. O. A., el refugiado kurdo-iraquí acusado de un presunto delito de robo con fuerza en grado de tentativa, negó ayer los hechos en sede judicial y aseguró que echó a correr cuando vio a la Policía «porque si en Irak te encuentran bebido y con un cuchillo, te torturan y vas a la cárcel». Justificó así su huida la madrugada del 7 de noviembre cuando agentes de la Policía Local y Nacional lo sorprendieron frente a la puerta violentada del bar Félix, en la calle de Los Alas. Un vecino había llamado al 091 tras ver cómo alguien intentaba acceder al establecimiento. La verja y la puerta con cristal del local resultaron dañadas.

El joven aseguró que solo pasaba por la zona de vuelta a casa cuando fue interceptado por los agentes, a los que acusó de pegarle. Explicó que solía salir de noche a buscar en los contenedores y en uno de estos habría encontrado un cuchillo con la punta doblada que llevaba cuando lo detuvieron. Admitió haber bebido dos litros de vino y tomado las dos pastillas al día que necesita por un trastorno depresivo. Esta ingesta estaría refrendada por un informe forense presentado por la defensa. Según explicó su abogada, el hombre sufre un síndrome de ansiedad reactiva y un trastorno adaptativo con depresión. Un diagnóstico del Hospital San Agustín que «justificarían la amnesia parcial del acusado».

Pidió por ello su absolución, ya que solo había estado «en el momento y en el lugar equivocado en un estado de embriaguez que le impedía darse cuenta de lo que ocurría». Reconoció que la pregunta lógica era por qué había huido, pero se remitió a sus declaraciones para justificarlo. Recordó que la Policía Nacional no había identificado al vecino que había llamado al 091 y que los daños en la puerta del bar se habían realizado con la base de una sombrilla. «¿Por qué no se han realizado pruebas dactilares si es práctica habitual?», se preguntó.

La Fiscalía mantuvo, sin embargo, la petición de nueve meses de prisión por considerar que el encausado se limitó a negar los hechos y que las declaraciones de tres agentes en la sala acreditaban su culpabilidad.

Los policías explicaron que acudieron rápidamente al local tras recibir el aviso de la sala por la llamada de un vecino al que no identificaron porque, según aseguraron, muchos llaman para contar algo pero no quieren dar sus datos. Tardarían, según estimó su compañero, «poco más de un minuto».

Ambos afirmaron que oyeron los golpes y vieron al encausado forcejear con la puerta del bar y que, desde que comenzó a correr, en ningún momento lo perdieron de vista. En el registro se incautaron del citado cuchillo, guantes, una bolsa y la cartera con documentación y dinero. Negaron, además, haberle golpeado.

El agente de Policía Local que también participó en la detención aseguró que, cuando llegaron al lugar a la par que la Nacional, «miramos a ambas partes porque hay bares en los dos lados y vimos a una persona delgada y vestida de oscuro haciendo mucho ruido con la verja», concretó. «Nos asomamos y él, que tardó unos segundos en darse cuenta, siguió con su, digamos, trabajo».

Félix Escudero, propietario del bar, declaró que M. O. A. era cliente de su bar y lo definió como una persona «súper agradable y educada».

El caso, que contó con doble traducción -la mujer del encausado tradujo del kurdo al árabe y otra mujer del árabe al español-, ha quedado visto para sentencia.

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