El Comercio

Andrés Cerezo Mena, en su estudio en 2011.
Andrés Cerezo Mena, en su estudio en 2011. / A. CASTILLO

Fallece a los 87 años el pintor Andrés Cerezo Mena

  • El artista, natural de Córdoba y vecino de Avilés desde 1989, fue encontrado ayer muerto en su domicilio tras sufrir un ataque al corazón

Avilés lloraba ayer la pérdida de uno de sus referentes culturales, el pintor Andrés Cerezo Mena, quien, pese a ser natural de Córdoba, desarrolló gran parte de su trayectoria profesional en la comarca. El artista fue encontrado a primera hora de la mañana de ayer en su casa, donde vivía solo, fulminado por un ataque al corazón a sus 87 años de edad -todo parece apuntar que falleció el martes-. Sus amigos y familiares se citaron durante todo el día para recordarle en el Tanatorio de Avilés y continuarán el homenaje hoy a las 11.30 horas en la Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery en Sabugo. Posteriormente, el féretro será trasladado al cementerio de La Carriona, donde será enterrado.

Cerezo descansará para siempre en una ciudad que le acogió con los brazos abiertos en 1989. En una voluntad personal por cambiar de aires y dar un giro a su vida, el pintor se trasladó a la villa desde su Córdoba natal aunque, haciendo gala de la discreción que tanto le caracterizaba, nunca desveló los motivos concretos de esta decisión. Una vez instalado comenzó a desarrollar una de las facetas que más alegrías le trajo en su carrera, la de profesor de pintura. Por su estudio de la calle Casas del Prado pasaron cientos de alumnos, muchos de los cuales se dejaron ver ayer para despedirse de su maestro.

A favor de su trabajo docente cabe destacar que un gran número de sus aprendices terminaron dedicándose a la profesión, algunos en campos relacionados con las Bellas Artes y otros en terrenos tan dispares como la arquitectura. Pero Cerezo puso igualmente sus enseñanzas a mano de adultos y gente aficionada, siempre con una disposición total hacia todo su alumnado. En declaraciones realizadas a LA VOZ hace cinco años, el pintor recordaba con gran cariño esta etapa de su vida y aseguraba que «enseñando también se aprende mucho».

En 2011 ya había cesado de dar clases y la edad le obligaba a trabajar sentado donde antes lo hacía de pie, pero Cerezo nunca soltó el pincel con el que daba forma a sus obras. Siempre tuvo una predilección especial por la naturaleza, siendo este uno de los motivos por los que escogió Asturias como destino; en sus óleos dominaban los paisajes realistas, donde nunca faltaba el toque personal del autor. «El pintor no puede copiar la naturaleza como si fuese una fotografía, debe aportar su visión», comentaba durante su charla con LA VOZ.

Este estilo tan personal y cuidado -en su personalidad no faltaban rasgos distintivos de todo artista que se precie como es la feroz autocrítica- le valió poder firmar numerosas exposiciones individuales, un terreno del que había preferido mantenerse al margen en esta última etapa. Bien lo recuerda su compañero y amigo Amado González Hevia 'Favila', quien pese a no haber trabajado nunca en un proyecto con él, guarda un vívido recuerdo de la trayectoria de su coetáneo.

«Me acuerdo perfectamente de la época en la que llegó a Avilés, enseguida se hizo un nombre en la ciudad», rememora Favila, el mayor exponente de la pintura local. «Yo iba siempre a visitar sus muestras, sus pinturas me inspiraron a mí y a otros muchos artistas que en aquel momento nos movíamos en la ciudad», destaca. Sin embargo, no oculta que en los últimos años su relación se había enfriado, debido en gran parte a la decisión de Cerezo de mantenerse fuera de los circuitos culturales. «Se aisló bastante de todo este ambiente, pero eso no quita para que perdure para siempre en la memoria como un referente», añade. A pesar de este distanciamiento, Favila comenta que actualmente estaba trabajando en un retrato de su amigo. «Ahora lo tendré que acabar usando fotografías», se lamenta visiblemente afectado por la pérdida.

Su familia y allegados conocían a Andrés Cerezo con el sobrenombre de 'El pintor solitario', adjetivo que confirma la poca necesidad que tenía de sentir la aprobación de su trabajo a través de las exposiciones. Pese a ello, todos coinciden en apuntar que «nadie le ganaba a afable y cariñoso». Un carácter, en definitiva, muy complejo y querido a la vez que será muy difícil de olvidar para sus conocidos, quienes se despedirán hoy por última vez.