El Comercio

Ruiz de la Peña refleja el «cortocircuito» de Asturias para entrar en la modernidad

Armando Arias y Álvaro Ruiz de la Peña, ayer, en el Aula de Cultura de LA VOZ.
Armando Arias y Álvaro Ruiz de la Peña, ayer, en el Aula de Cultura de LA VOZ. / B. LEBRATO
  • El profesor emérito de la Universidad de Oviedo explicó en el Aula de Cultura de LA VOZ el escaso recorrido que tuvieron en la región los planteamientos ilustrados

A pesar del importante movimiento ilustrado del siglo XVIII, en Asturias se produjo un «cortocircuito» a la hora de afrontar la modernidad por los diferencias entre el plano teórico y real. No ha sido el único, pero sí el «primero y más importante» de una historia cuyo siglo XVIII resumió ayer el profesor emérito de la Universidad de Oviedo, Álvaro Ruiz de la Peña, en la última de las conferencias sobre la Ilustración que ha celebrado el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS en noviembre, bajo la coordinación de Armando Arias y el patrocinio de Cafés Toscaf.

Álvaro de la Peña ofreció una perspectiva general del movimiento ilustrado en Asturias y de las tensiones entre las dos corrientes imperantes, la tradicional y la reformista. La aristocracia y el clero, los dos pilares fundamentales del Antiguo Régimen, integraban la primera y nombres tan relevantes e influyentes como Feijoo, Flórez Estrada y Jovellanos, «que son los que hicieron que Asturias avanzara hacia la modernidad», la segunda.

Un avance muy tímido porque, en realidad, «hubo más pensamiento reformador que reformas reales». Esa lucha entre ambas tendencias en el seno de la sociedad se saldó en Asturias a favor de la tradicional. «Solo hay que mirar la composición de la junta directiva de la Sociedad Económica de Amigos del País, en la que no hay burgueses, que era la clase incipiente, y sí aristócratas y clérigos», indicó.

Eran tensiones entre las capas altas de la sociedad que no llegaban a una población que en un 80% estaba compuesta por campesinos analfabetos. Decían todos los ilustrados «que en España hay un problema de educación» y tal parece «que venimos arrastrando los problemas de la educación. Siempre está en el candelero», valoró el historiador antes de su conferencia.

En aquel momento, además de la alfabetización, se presentaba la necesidad de «integrar a los más vulnerables en el concepto que ahora conocemos como sociedad del bienestar, pero que antes se llamaba la felicidad pública». «Ante las promesas de la iglesia de vida eterna al buen católico, los ilustrados defendían que ese premio debía gozarse ya en vida. Hacer un poco de cielo en la Tierra, eso era la felicidad pública, conseguir el bienestar de las capas más desfavorecidas a través de los modelos educativos que nunca se implantaron», añadió.

El Instituto de Náutica

En este sentido, en una de las pocas reformas reales que sí pudo llevar a cabo la Ilustración, Ruiz de la Peña destacó el papel del Instituto de Náutica y Mineralogía, creado por Jovellanos en Gijón. «Un fenómeno tremendamente curioso porque fue de las pedagogías más avanzadas de Europa, se estudiaba por igual ciencias y humanidades, y los chavales salían no solo como pilotos de Náutica o futuros ingenieros de minas porque empezaban a hacerse prospecciones mineralógicas, pero eso se va a retardar prácticamente cien años hasta la primera industrialización, a finales del XIX, por tanto ahí se produce un cortocircuito importante». El instituto fue un intento de introducir materias como «las matemáticas, la física, la química o las ciencias naturales, entre otros, ante la carencia de una universidad civil», entregada a estudios exclusivamente eclesiásticos.

Con la intervención de ayer de Álvaro Ruiz de la Peña se cierra un ciclo que ha dado la palabra a Marta Friera, Joaquín Ocampo y Elena de Lorenzo, todos ellos profesores de la Universidad de Oviedo.

La ambientación previa de la sala Allegro Ma Non Troppo del hotel 40 Nudos, donde se desarrolló la conferencia, corrió a cargo de Gabriel Granda, guitarrista del conservatorio Julián Orbón.