El Comercio

Sor Montserrat del Pozo, ayer en el San Fernando.
Sor Montserrat del Pozo, ayer en el San Fernando. / JOSE PRIETO

«Tenemos que preparar a los alumnos para el mundo global»

  • Montserrat del Pozo

  • Pedagoga

  • Defiende la capacidad del estudiante, que sólo tiene que descubrir su talento de la mano de un profesor que ha de estimularlo y guiar su desarrollo

La pedagoga Montserrat del Pozo, directora del Colegio Montserrat de Vallvidrera de Barcelona y responsable de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, ha sido la pionera en aplicar en España a la educación la Teoría de las Inteligencias Múltiples, definida por Howard Garnerd. Ayer ofreció una charla en el Colegio San Fernando en la que contagió su pasión y entusiasmo y en la que ilustró su modelo pedagógico con numerosos ejemplos.

-¿Las inteligencias múltiples eliminan el clásico concepto de 'zote' de un aula? ¿De todo el mundo se puede sacar algo?

-Exacto. No sólo se puede sacar algo de cualquiera, sino que estamos convencidos de que todo el mundo tiene dos o más inteligencias. El colegio es el mejor momento para que el alumno pueda desarrollar las más fuertes.

-¿Cómo se puede hacer?

-El alumno pasa a ser el protagonista. Antes el profesor era el que dictaba la clase, ahora es el guía, el entrenador que orienta y dirige, pero que no juega el partido.

-El profesor se tiene que reciclar.

-Lo más importante es su cambio de mentalidad. Que baje de la palestra, como dicen los brasileños, y dé confianza. El alumno tiene que sentir que puede y que si no, ahí está el profesor para ayudarle. La confianza es muy importante y el error siempre es fuente de aprendizaje.

-¿Se ve claramente qué tipo de inteligencia predomina en un menor?

-Las inteligencias se dan todas juntas, no se pueden separar. En las distintas actividades priorizamos unas u otras. Es importante que el alumno y el profesor lo descubran a la vez y que éste le dé oportunidades para desarrollarlas. De los dos a los seis años, que es un momento muy sensitivo, se puede observar la inteligencia musical. Las lingüístico-verbal como tiene mucho que ver con el pensamiento, y parte del razonamiento, también se ve pronto. Nuestros niños, a partir de los dos años, ya hablan en público, con sus papás detrás para que se sientan seguros. Hay que abrir el abanico a todas las inteligencias desde muy pequeños.

-¿Y cómo lo hacen? ¿Se le pone al niño un instrumento para ver si tiene habilidades?

-No, exactamente. Se hacen audiciones y hay instrumentos, pero también se escribe poesía o se le estimula a pintar. En la elección del tipo de arte se sabe si esa persona demuestra una inclinación más visual, espacial o lingüïstica. Si toda la actividad es lingüística, nunca se va a saber dónde destaca la persona. Las inteligencias no son hereditarias, sino que tenemos una parte genética por herencia, pero otra mucho más importante y que es el ambiente que te envuelve. Los tres mil alumnos que tenemos en África van solos al colegio con dos años y se orientan perfectamente. Aquí, no lo hacen porque no hay esa necesidad.

El contexto te genera ese desarrollo.

-¿Hay alguna que predomine en los niños?

-Suele predominar la visual-espacial porque es de las más estimuladas por el cine, los anuncios y el diseño. Después, según las oportunidad, se ve la lingüístico-verbal, que es la de pensamiento, y la lógico-matemática, que va muy relacionada con la musical y también con la corporal-cinestésico, porque ahora los niños tienen muchas oportunidades de bailar en diferentes actividades extraescolares.

-¿Es este modelo pedagógico aplicable al sistema educativo público español?

-Sí (alarga la í). Por supuesto. Todo se basa en la formación del profesorado y en querer cambiar. Nosotros hemos formado a más de tres mil profesores. Al principio te desconcierta, porque tienes la sensación de que la clase se te va de las manos o que hay demasiado ruido, pero luego te das cuenta de que el alumno está trabajando y muy concentrado y que cuando grita es porque ha descubierto algo. Eso de que la letra con sangre entra ya está pasado.

-¿Habrá alguna vez una ley educativa consensuada en este país?

-Ojalá. Yo rezo para ello (risas). Sería lo que daría un poco de estabilidad a todo el sistema educativo. No tiene sentido no aplicar en el aula lo que hoy sabemos, porque nos lo han dicho los neurólogos gracias al estudio del cerebro humano.

-¿Se puede aplicar con las ratios actuales?

-En África tenemos un profesor para 75 alumnos y ahora estamos trabajando mucho con un modelo de 120 alumnos con cuatro profesores. El éxito está en generar bien el proyecto y esto no es difícil si se saben las cuatro cosas básicas sobre ello.

-Esto les obliga a estar pensando continuamente en nuevos proyectos.

-Sí, pero es apasionante. Y, además, hay que procurar que estén contextualizados en el ambiente porque el mundo es global y tenemos abrir a los alumnos para la competencia global. Que estudien inglés no para saberlo sino para ser ciudadanos globales.

-Del siglo XXI.

-Tienes que responder al mundo de hoy, que es muy rápido, y que esos alumnos tengan futuro. Los tenemos que preparar para el año 2026, no para el 2016. Ah, y toda nuestra enseñanza es curricular, nos basamos en los objetivos de aprendizajes que marca el Estado.