El Comercio

Dos años de cárcel por enviar fotos eróticas de un menor por 'Whatsapp'

  • El joven, de dieciocho años, llegó ayer a un acuerdo con la Fiscalía, que rebajó en un año la pretensión inicial de prisión y dejó la multa en 1.600 euros

O. L. A. M. aceptó ayer una pena de dos años de cárcel y una multa de algo más de 1.600 euros, a razón de tres euros al día durante dieciocho meses, por haber difundido material gráfico de carácter erótico de un menor a través de 'Whatsapp' en febrero de 2016. El joven, de dieciocho años, logró así rebajar la petición inicial de la Fiscalía, que solicitaba tres años de prisión y 6.480 euros por un delito de revelación de secretos.

Con esta condena, acordada ayer en el Juzgado de lo Penal Número 1 de Avilés, se cierra un caso que desveló LA VOZ a principios de año tras la importante difusión que tuvieron los vídeos y fotografías personales e íntimas que se intercambiaron dos menores (chico y chica) y que, posteriormente, llegaron a decenas de personas -que se haya podido identificar-, a través de su envío por 'Whatsapp'.

Fuentes próximas al caso reconocían ayer que delitos de estas características son cada vez más habituales, pero el eco que tuvo este en concreto ha repercutido en una severa condena. O. L. A. M. había cumplido la mayoría de edad solo unos días antes de haber difundido las fotos.

A los otros cuatro menores implicados en el caso, la Fiscalía de Menores les impuso, el pasado martes, la asistencia durante tres meses a tareas socioeducativas orientadas al uso responsable de los medios telemáticos y al conocimiento de sus impulsos.

Se trata de corregir así actuaciones como la que tuvo lugar en enero de 2016 cuando un adolescente envió un vídeo y una foto pornográfica a una adolescente y fue correspondido con material similar tras solicitarlo. Cuando él envió los vídeos y fotos que le había enviado la joven a una amiga común, que lo rebotó a otros cuatro conocidos, comenzó una difusión masiva que terminó en un grupo en el que se pudo constatar, al menos, la participación de veinte personas. No se ha investigado el uso que los identificados hicieron posteriormente con esas imágenes y que podría haber alcanzado una audiencia exponencial.

Al enterarse la adolescente de lo ocurrido, ella hizo lo mismo y, a través del envío a un tercero, esas fotos terminaron en el citado grupo.

La familia de la menor respiraba el martes aliviada tras haber llegado a un acuerdo de conformidad con la Fiscalía de Menores que no era exactamente la condena ejemplar que pretendía, pero que esperan que suponga un correctivo para estos jóvenes.

La madre de la menor reconocía y afeaba el comportamiento de su hija, pero lamentaba que la pena fuera para todos la misma cuando «la única víctima de insultos y de acoso después del alcance que tuvieron esas fotos fue mi hija».

Errores que se pagan

Creen que O. L. A. M. «ha sido un cabeza de turco» y no el «cabecilla» de «esta venganza» en la que el trato a los menores ha sido mucho «más benevolente». De nuevo, subrayó que su objetivo al denunciar los hechos ante la Policía Nacional y llegar hasta el final fue el de castigar a todos los implicados, incluida su hija, a la que ahora custodia el teléfono móvil. «No soy quién para dar consejos, pero diría a los padres que revisen los teléfonos de sus hijos. Yo nunca creí que mi hija adolescente fuera a hacer lo que hizo. Ha pagado el error muy caro. Yo no sé dónde están ahora esas fotos que ella sacó y qué uso se está haciendo de ellas», insistió.

Indicó también que «espero que los jóvenes se den cuenta del peligro de ciertas prácticas de riesgo que pueden arruinar la imagen de una persona».