El Comercio

Un millón de euros para erradicar los plumeros

Tomás Emilio Díaz conversa con Armando Arias antes del acto.
Tomás Emilio Díaz conversa con Armando Arias antes del acto. / M. A.
  • El catedrático de Botánica Tomás Emilio Díaz pide una reflexión general sobre las plantas invasoras

Las plantas invasoras constituyen un problema que debería preocupar activamente tanto a la ciudadanía como a las instituciones por las graves consecuencias en las que pueden derivar. Esta es la idea principal que se desprendió ayer de la conferencia del catedrático de Botánica Tomás Emilio Díaz González en el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS, que sirvió para cerrar el ciclo realizado desde hace años en colaboración con Mavea, 'Ciencia y Naturaleza'. En 'Plantas invasoras de los humedales literales', el experto analizó las causas, las consecuencias y las posibles soluciones de esta situación «provocada siempre por la acción humana, ya sea de manera directa o indirecta», según sus propias palabras. Al comienzo de su intervención, Díaz agradeció a los representantes de Mavea su «labor inmensa para visibilizar los problemas de mantenimiento y conservación que sufren diversas áreas del ecosistema de la comarca». Aunque el científico habló de una situación «extendida por el territorio global», centró su discurso en el estado específico de las zonas cercanas a la franja litoral, como son las marismas, los estuarios, los ríos y los bosques ribereños. «Las especies alóctonas llevan colonizando y destruyendo la flora autóctona desde hace muchísimos años, aunque hasta 2011 el gobierno de España no oficializó el problema», denunció.

Antes de continuar, el experto en botánica explicó la diferencia entre las especies exóticas naturalizadas, que se propagan sin la ayuda del hombre, y las cultivadas, que sólo crecen por acción humana como pueden ser el maíz o el pimiento, ambas provenientes de América. Según los datos que proporcionó Díaz, hasta el 58% de plantas invasoras provienen de este continente. «Es lógico por el tránsito histórico de personas que ha tenido lugar en los últimos siglos. Se calcula que hasta el 40% de especies invasoras llegan a otros territorios por la acción humana inconsciente, como el transporte de semillas en las suelas de los zapatos», retrataba.

No obstante, a este porcentaje hay que enfrentar el que dice que el 52% de plantas alóctonas que se ramifican en un hábitat no natural llegan en forma de motivos ornamentales. A lo alarmante del dato hay que sumar el hecho de que en multitud de ocasiones han sido los propios gobiernos quienes han avalado este uso, tal y como delata Díaz en el caso de España. «El culpable tiene nombre y apellidos: el Ministerio de Obras Públicas, que incluyó en su catálogo para las empresas constructoras el uso de la hierba de la Pampa en las medianas de las carreteras hasta 2001», acusó el botánico desatando el murmullo de un público indignado.

Un enemigo indeseado

El ponente aprovechó la introducción para tratar de forma concreta el caso de la hierba de la Pampa, el principal enemigo del ecosistema y la biodiversidad avilesina y asturiana del total de trece plantas que amenazan los humedales litorales del país. «La única lectura positiva que se puede sacar de esta situación límite es que en los últimos años ha tenido especial resonancia en los medios de comunicación», advertía. Actualmente, según los datos disponibles se estima que hay más de diez hectáreas de territorio afectado seriamente por esta invasión en el Principado.

La llegada de esta especie fue inevitable por su extensión desde el País Vasco pese a que el freno de las obras en la Autovía del Cantábrico a la altura de Llanes supuso un parche momentáneo. «Un único plumero puede llegar a producir cerca de un millón de semillas en sólo un año, lo que complica aún más el hallazgo de una solución definitiva», reconoció. Sin embargo, Díaz presentó una serie de medidas que ya se han probado con considerable éxito en otros territorios que, evidentemente, supondrían un alto desembolse económico. «En el caso de Asturias, calculamos que se podría atajar con la inversión de un millón de euros», valoró.

¿Los beneficios? «Ayudar a preservar la biodiversidad, así como frenar los evidentes perjuicios económicos en agricultura y ganadería y mejorar la salud pública evitando enfermedades contagiosas al ser humano», recapituló finalmente el experto para poner fin a su charla.

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