La hora de tomar las riendas

Genaro Artime, a la entrada de El Forcón, donde pasa unas cuantas horas cada día.
Genaro Artime, a la entrada de El Forcón, donde pasa unas cuantas horas cada día. / MARIETA

Se puede hablar de casualidades, de montarse en el tren según pasa o de inteligencia y buena gestión. Muchas veces la una no se explica sin la otra, pero lo cierto es que sin la última las otras dos quedan en nada. La vida de Genaro Antonio Artime Suárez (Candás, 1949) es un claro ejemplo de que si las tres convergen el éxito está asegurado, siempre con la prudencia como principal consejera. Dicen quienes mejor le conocen que es muy amigo de sus amigos, hasta el punto de haberlos sacado de algún apuro en momentos complicados y sin petición expresa por parte de ellos.

Fundador de las empresas Aresa, Hidrasa, Moymsa, Hidravicksa y Fluidsystems, en 2004 compró también El Forcón. No extraña, por tanto, la seguridad que desborda en cada palabra y ratifica en cada ademán. Infatigable a sus sesenta y ocho años, aún le gusta ir por la oficina y estar al tanto de la situación del mercado y los avatares de unos negocios ahora gestionados por sus hijas. No es la entrega de años atrás, pero imposible desvincularse de algo que nació desde la nada hasta convertirse en lo que ha sido.

Consecuencia tal vez lógica desde una infancia en la que a Artime le tocó encontrar su sitio sí o sí. Primero en Candás y luego en Villablino, León y Ondarroa en los que se fijó la residencia familiar, itinerante por el oficio de su padre en el sector de la construcción. Estudió el bachillerato en los Maristas de León y volvieron temporalmente a Candás. Tras casarse, Artime se trasladó a Salinas, donde aún mantiene la residencia.

No cursó más de un año de delineación en la Escuela de Artes y Oficios de Avilés porque desde muy joven quiso trabajar. Uno de sus primeros trabajos fue en Promotel, empresa de telefonía que instalaba líneas fijas de todavía hoy sobreviven a pesar del empuje del móvil.

Este trabajo le dio entrada en Sperry Vickers, una multinacional que presionada por Ensidesa tuvo que poner una delegación en Avilés y a la que Promotel instaló las líneas de teléfono. Ahí fue donde Artime viró su enfoque profesional al conocer al que primero fue su jefe, luego su compañero y poco después su amigo. En 1977 creo Aresa, su primera empresa, para realizar los montajes de las máquinas que fabricaba Sperry Vickers, en la que entró como empleado dos años después y con la que mantuvo relación profesional durante tres décadas.

En 1980 fue distribuidor de sus productos por el noroeste de España para lo que creó la empresa Hidrasa que, por cuestiones de competencia, le obligó a vender Aresa. Más tarde asumiría la subdirección nacional de ventas de Sperry, lo que le permitió viajar por medio mundo, granjear una extensa red de contactos y meterse a fondo en un sector que pronto dejó de tener secretos para él.

Paralelamente, fundó Moymsa para hacer los mantenimientos y montajes de las máquinas de sus clientes 'en casa'. Durante los años ochenta. A finales de esa década, la multinacional tenía interés en pasar sus negocios a distribuidores que conocieran sus fabricados. Esa fue la oportunidad que estaban esperando Artime.

El tren o la casualidad que hizo saltar el negocio. Genaro Artime se jugó su poder de convicción en unas negociaciones para hacerse con los negocios e instalaciones que Sperry Vickers tenía en Barcelona y Madrid. Después de muchas reuniones logró convencerles de que sería un distribuidor adecuado para atender a los clientes en España y Portugal bajo la empresa Hidravicksa. Entre las tres empresas, el grupo multiplicó por diez su facturación, alcanzó el centenar de trabajadores en las instalaciones y oficinas de Avilés, Galicia, Barcelona, Madrid, Valencia y Andalucía.

El gran interés que otro distribuidor europeo mostraba por los productos Vickers fue valorado por Artime como un buen momento para vender, lo que le obligó a salir del sector para no convertirse en competencia.

Y llegó la hípica

No hubo problema, de aquella ya se había enganchando a la hípica gracias a su hija Sonia, que montaba a caballo en El Forcón y había ganado el segundo Campeonato de España de Alevín a lomos de 'Hering', un caballo que hoy mira desde una pared al patriarca del clan en su despacho del centro deportivo. Fundado hace 35 años por la familia Honrubia, pasó después a manos de Víctor Agüero y en 2004 a las de Artime, que se hizo con él casi por una cuestión sentimental.

La instalación de la que han salido jinetes como Alberto Honrrubia, Gerardo Menéndez y Sergio Álvarez Moya, sufrió una transformación integral con la construcción de seis pistas de pádel, una nueva pista de salto y zonas de paddock para el descanso y disfrute de los caballos. Desde su apertura ha realizado concursos de saltos nacionales e internacionales

Los caballos son nobles y tranquilos, pero Artime necesitaba otro tipo de emociones que no cubría un centro de estas características. Hace cuatro años se embarcó en una nueva aventura empresarial, Fluidsystem, dedicada como las anteriores a la ingeniería de automatismos hidráulicos, neumáticos y engrases centralizados.

Ahora son sus hijas las que llevan los negocios, aunque él no ha logrado desvincularse de todo. Suele dedicar las mañanas a visitar El Forcón o Fluidsystem y deja la tarde para su familia, su verdadero centro de referencia. Con su mujer le gusta dar un paseo por Salinas, cuando no reencontrarse con el puerto de Candás. La 'piña' se hace por el verano, cuando hijas y nietos cambian los caballos y ponys por la tranquilidad de León, donde Artime también echó raíces y en donde conserva a alguno de sus mejores amigos.