Tres años de cárcel por ayudar a un menor a apuñalar al novio de su madre

J. A. L. Q. y su pareja, el pasado mes de marzo, a la salida del juicio en la Audiencia Provincial.
J. A. L. Q. y su pareja, el pasado mes de marzo, a la salida del juicio en la Audiencia Provincial. / ÁLEX PIÑA
  • La Audiencia Provincial condena también a J. A. L. Q. a doscientos metros de alejamiento durante cinco años y al pago de 4.500 euros. Su defensa recurrirá al Supremo

La Audiencia Provincial ha condenado a J. A. L. Q. a tres años de cárcel como cooperador necesario en un delito de homicidio en grado de tentativa por un apuñalamiento frente el colegio público Quirinal ocurrido en octubre de 2014, por el que también se le prohibe acercarse a menos de doscientos metros o a comunicarse con la víctima en cinco años y por el que se le impone el pago de 4.500 euros en concepto de responsabilidad civil. La sentencia lo absuelve del delito de lesiones que solicitaba la acusación particular al no haberse podido demostrar que fuera él el autor de una de las dos puñaladas que recibió la víctima. Se aprecia como atenuante las dilaciones indebidas en la instrucción de una causa exenta de complejidad. La defensa del condenado, ejercida por María Jesús Suárez, ha anunciado que recurrirá la sentencia ante el Tribunal Supremo.

El fallo considera probado que el 3 de octubre de 2014, J. A. L. Q. acompañó a su cuñado, menor de edad, hasta las proximidades del colegio de El Quirinal, donde el chico había quedado con el novio de su madre, con el que no mantenía una buena relación. Cabe recordar que este joven fue condenado en marzo de 2015 por el Juzgado de Menores a dos años de internamiento en régimen cerrado y a un año de libertad vigilada, así como al pago de una indemnización de 4.500 euros.

Una vez allí, la sentencia recoge que J. A. L. Q. inmovilizó a la víctima «sujetándole los brazos» desde atrás, facilitando así la puñalada del menor en el tórax que «tanto por su ubicación como por su naturaleza, hubiera podido provocar su muerte». Ambos, se alejaron corriendo del lugar. Aparte de esta herida, la víctima sufrió un segundo corte en el glúteo izquierdo que no ha podido atribuirse a ninguno de los dos implicados ni se ha hallado el arma con el que fue perpetrado.

La sentencia sí ve claro, sin embargo, que J. A. L. Q. fue cooperador necesario «por su participación material, directa y dolosa» en el homicidio en grado de tentativa. Alude para ello a su declaración en el plenario, en la que reconoció que decidió acompañar al menor a la cita a pesar de que «podía imaginar que no iba a nada bueno, porque estaba nervioso, tenía miedo y sabía que la relación entre ambos no era buena». La magistrada señala, sin embargo, que su posterior explicación de que trató de mediar y contener al menor se cae al confrontarla con la cronología de los acontecimientos y los testimonios de los testigos. «Demuestra que su versión no pasa de ser un mero intento exculpatorio», apunta.

El fallo reconoce que la mayoría de las declaraciones en la sala de vistas eran de personas ligadas por vínculos de amistad o parentesco entre sí, aún así «existen otra serie de datos (...) que permiten concluir que el comportamiento de J. A. inmovilizando a M. A., cuando el menor esgrimía un cuchillo de grandes dimensiones contra el mismo, fue totalmente eficaz para el éxito de la acción (...). Le hace igualmente responsable del intento de homicidio, pues es evidente que cuando menos podía intuir las consecuencias que de dicha conducta podían derivarse».

Otorga, asimismo, credibilidad a los testimonios tanto de la víctima como de su pareja (en la actualidad, mujer), al del sobrino del primero y al de la camarera de un bar cercano que declararon haber visto al ahora condenado agarrar a la víctima «por detrás». Añade, además, que si J. A. L. Q. no hubiese tenido participación activa en los hechos no habría tenido ningún sentido su huida del lugar «una vez conocida la magnitud del suceso».

El Ministerio Fiscal había solicitado ocho años de cárcel y 1.950 euros de indemnización a la víctima por las lesiones sufridas por un delito de homicidio en grado de tentativa, por el que la acusación particular solicitaba nueve años de prisión, 4.500 euros de multa y diez años de alejamiento, además de otros tres de cárcel por el delito de lesiones del que finalmente ha sido absuelto.

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