El Comercio
Manuel Hernández Muñiz inició ayer el ciclo sobre Europa del Aula de Cultura de LA VOZ.
Manuel Hernández Muñiz inició ayer el ciclo sobre Europa del Aula de Cultura de LA VOZ. / MARIETA

«Sería un malísimo negocio que nos saliésemos de la Unión Europea»

  • Manuel Hernández Muñiz

  • Profesor de Economía de la Universidad de Oviedo

  • El docente avilesino resalta la importancia del proceso de integración europea y recuerda el derecho de los ciudadanos a conocerlo

Manuel Hernández Muñiz, nacido en Avilés, es economista, doctor en Ciencias Económicas y Empresariales, y profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo. Experto en los procesos de integración económica europea que cristalizan en la Unión, ayer protagonizó el regreso de Aula de Cultura de LA VOZ, coordinada por Armando Arias y patrocinada por Cafés Toscaf. Un ciclo dedicado a conocer el continente, desde el punto de vista socioeconómico, en cuyo diseño ha participado Paz Andrés Sáenz de Santamaría, catedrática de Derecho Internacional. La actualidad manda, y Europa acaba de ser sacudida por las elecciones presidenciales de Francia de anteayer, cuyo resultado Manuel considera una buena noticia para todos los europeístas.

-¿Estaban este domingo en juego en Francia dos concepciones de Europa, una liberal, la encarnada por Macron, y otra proteccionista, la de Le Pen?

-Ayer -por anteayer- fue un día positivo para Europa. Los franceses se decantaron por un candidato que tiene una idea de Europa, no desde un punto de vista liberal, sino que enlaza con los procesos que nacen de la Ilustración, y que evolucionaron hacia el concepto de integración europea que hoy conocemos. Fue un buen resultado para quienes no se encuentran en los extremos.

-Con el 'Brexit', ¿corre riesgo esa visión de integradora de Europa que usted menciona?

-Existe un punto de tensión sobre el proceso de integración. Es un activo sociopolítico construido en los últimos 60 años, cuando se firma el Tratado de Roma, y un poco antes, con el tratado sobre el Carbón y el Acero. Deberíamos estar orgullosos con todo lo que se ha avanzado desde entonces. A pesar de que con la crisis de deuda soberana que se inicia en 2009, y que no nace en Europa, se ha sufrido mucho. Y del proceso han salido ganadores y perdedores. Hay una serie de fuerzas centrífugas, y han surgido voces pesimistas, como los británicos, que han optado por la salida. Yo veo que ahora con lo de Francia se establece un punto de equilibrio, con las fuerzas favorables a la integración. Sería un malísimo negocio, y lo digo como economista, pero también como ciudadano, que fuésemos hacia atrás y nos saliésemos de la Unión.

-¿Por qué crece lo que se denomina como 'euroescepticismo'?

-Es el resultado de la crisis, pero también a causa de los problemas de diseño de la unión monetaria. Es la historia de los últimos quince años, desde la adopción del euro. La macroeconomía empezó a distorsionar la percepción general. Se produjo un gran crecimiento y muy rápido, sobre todo en los países del sur de Europa. Cuando llega el gran parón económico, con la crisis de 2008-2009, se empezaron a evidenciar los errores de diseño del euro, provocando una tormenta enorme. Se llegó a tasas de paro que asustan, del 26 por ciento en España, una cuarta parte de la fuerza productiva del país. En un principio se vieron los beneficios del euro, y ahora, los costes. Toca reconstruir, la opinión pública ha reaccionado, y algunos empiezan a considerar este tiempo de la crisis como una década perdida.

-¿Es el euro culpable?

-Parecería que la culpa fuera del euro. Superadas las tensiones del 2012-2013, la zona euro crece moderadamente. Así que no lo focalizaría en la moneda en sí, sino en qué tenemos que arreglar que para que el sur de Europa sea una zona de prosperidad. Qué reformas habría que hacer, para volver a un crecimiento como el de los años 60 ó los 80 del pasado siglo, construir una Europa como un espacio útil.

-¿Qué tenía que haberse hecho?

-Por ejemplo, la unión bancaria. Algunas cosas ya se sabían cuando se planteó la unión monetaria, como crear mecanismos de unidad fiscal, se barruntaba que era importante. Y nunca se hizo. Estábamos tratando los problemas con teorías económicas de los años 60. Se adoptó el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, era muy poca cosa, y nos lo empezamos a saltar. Con las prisas, se hizo una integración minimalista, pero nadie tenía una brújula para orientarse en la hecatombe.

-¿Qué se puede hacer ahora?

-Garantizar la estabilidad del euro, para ello se ha previsto la unión bancaria, y con ella, la supervisión del Banco Central Europeo a los grandes bancos, y tener un mecanismo de liquidación de los bancos en crisis que no se traslade vía fiscal a los ciudadanos. Que sean los propios bancos los que respondan, que el coste recaiga en los accionistas. Y garantizar los depósitos a los ahorradores. Después hay otra parte, la coordinación fiscal entre los estados, tanto en la zona euro como en la Unión. Y vuelve a estar en la agenda un subsidio de desempleo europeo. Todo esto hay que explicárselo bien a los ciudadanos.

-¿Cómo se hace?

-Son cuestiones técnicas, importantes, que hay que intentar comprender. Activos sociopolíticos como la Unión, con sus tres patas, jurídica, política y económica, hay muy pocos. Si se baja al detalle parece arduo, pero está al alcance de cualquier ciudadano, y se puede entender. Es importante conocer la arquitectura de la integración europea. Hay que animarse a buscar, en libros, en blogs. Todos los ciudadanos deben tener su opinión formada sobre cómo funcionan las instituciones, para que sea un espacio útil.

-¿Y no hay un alejamiento hacia lo que viene de Bruselas?

-Mi visión es más moderada, pero no me extraña, porque el período que hemos vivido ha sido muy duro. En Bruselas se deciden cuestiones de estrategia, y hay que prestarle atención a esos temas. Saber que no es abstracto lo que se decide allí, sino que nos afecta.

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