El Comercio

Las crisis que desangran al PP de Avilés

Ovidio Sánchez, Joaquín Aréstegui, Mercedes Fernández, Pilar Fernández Pardo, Jaime Reinares e Isidro Fernández Rozada, entre otros, aplauden a Mariano Rajoy, candidato del PP a la presidencia del Gobierno, en un acto político en Avilés en octubre de 2011.
Ovidio Sánchez, Joaquín Aréstegui, Mercedes Fernández, Pilar Fernández Pardo, Jaime Reinares e Isidro Fernández Rozada, entre otros, aplauden a Mariano Rajoy, candidato del PP a la presidencia del Gobierno, en un acto político en Avilés en octubre de 2011. / MARIETA
  • Las injerencias de la dirección regional y la falta de libertad interna ahogan al partido desde sus inicios

La imposición de la gestora para Avilés aprobada el pasado martes por el comité ejecutivo regional del Partido Popular representa la tercera gran crisis en la formación de centroderecha local que en su historia ha sufrido las injerencias de la dirección regional y la falta de democracia interna.

La primera aproximación a este partido debe reconocer su moderación. En las primeras elecciones municipales, Alianza Popular, vinculada al régimen anterior, no lograba representación en un Pleno donde UCD ganaba las elecciones con once concejales, aunque no gobernaba por el acuerdo entre PSOE y Partido Comunista. Ya en 1983, José Emilio Bretón, padre de la actual concejala Ana Bretóne y siempre influyente en la dirección regional, encabezó la lista que lograba seis concejales con la Coalición Popular, donde se comenzaban a incorporar sensibilidades centristas. Ese año el PSOE ganaba de largo con 17 concejales.

El mandato de Bretón al frente de Alianza Popular terminaba en un congreso local donde los afiliados elegían como presidente a Pedro Solís. El conocido médico era un referente para el centroderecha local. Bajo su mandato, Coalición Popular se transformó en Partido Popular y se acercaba a la sociedad. Ordenó económicamente el partido y se vivió una época de democracia interna que quienes la conocieron, la añoran. A él le correspondió organizar la candidatura que presentó a las elecciones de 1987.

Fue un proceso electoral marcado por el auge que en esos años alcanzó el CDS de Adolfo Suárez. Además, en el caso de Avilés se vivía otra circunstancia: el doctor Antonio Artime encabezó la candidatura del CDS, aunque siempre había sido un destacado militante socialista. Sin embargo, sus discrepancias con su partido de siempre le llevaron a abandonar la militancia. El CDS, con Artime como referente, se convertía en el segundo partido en el Ayuntamiento con seis ediles, frente a los cinco del PP. El centroderecha dividía por primera vez su voto aunque mantenía ese techo de once concejales. El CDS perdió fuelle en el mandato y terminó consumido por sus crisis internas, incluyendo la marcha de su portavoz. Y en el PP Pedro Solís confió en jóvenes como Raimundo Abando, Ignacio Domínguez-Gil y María José Hurlé, que demostraron que podían llegar a ser una opción de gobierno.

Primera gran crisis

El conflicto surge cuando el Ayuntamiento aprueba por unanimidad la operación que permitía la rehabilitación de La Curtidora como hotel de empresas con fondos europeos. Se montaba un falso escándalo (de hecho la denuncia judicial acabó en una sentencia que constituyó un varapalo en toda regla para los que alimentaron un 'escándalo' inexistente), pero la presión política iba a ir un paso más allá y terminaba destrozando al PP local.

El avilesino Tomás Emilio Bretón, entonces en la Junta General del Principado, presentaba una moción en el parlamento regional en la que se pedía la retirada de las competencias de Urbanismo al Ayuntamiento de Avilés, algo que fue rechazado rotundamente por los concejales populares. Incluso Bretón animaba a la dirección regional a que el grupo municipal de Avilés presentase una moción de apoyo a esa propuesta. El rechazo de Avilés fue total y en 1990 Pedro Solís dimitía con toda la dirección local. El presidente de Nuevas Generaciones, Joaquín Aréstegui, les transmitía su apoyo, pero seguía en su puesto para «facilitar el traspaso de poderes». Abando, Domínguez-Gil y Hurlé dejaban el Ayuntamiento en la primera gran crisis. La sensación de que el PP podía ser una alternativa de gobierno se desvanecía por completo.

Después de esta gestora, le correspondía a Concepción Álvarez Ordóñez liderar la candidatura de 1991, donde alcanzaron los siete concejales. Sin embargo, poco duraba la tranquilidad. Al año, Ordóñez era cesada por la dirección regional y se nombraba una nueva gestora. El problema de fondo era la oposición de Álvarez Ordóñez a la compra del Palacio de Camposagrado por el Ayuntamiento, que se quería facilitar desde la dirección regional pero que en Avilés despertaba recelos ya desde la época de Pedro Solís por sus costes económicos.

Concepción Ordóñez acabó en el grupo mixto. El único concejal que la apoyó en público, el fallecido Juan Carlos García, mantuvo el escaño en el PP, cumpliendo la disciplina de voto, pero sin participar en la vida municipal.

La gestora desaparece con el congreso local que, en 1993, gana Joaquín Aréstegui. Su primer reto fue lograr formar una lista para las municipales de 1995. La lista encabezada por Agustín González alcanzaba el techo histórico (11 concejales). Y la falta de acuerdo entre PSOE e IU favorecía el primer gobierno del PP. Sin embargo, un equipo de gobierno sin casi experiencia en la primera línea política, desconociendo el funcionamiento de la Administración, sin cultura de partido y en minoría terminó roto, con dos ediles en el grupo mixto (Joaquín Santiago y María Jesús Andrés Barrientos). Además, la crisis regional, con la primera gran ruptura del PP, también pasó factura.

De Aréstegui a Maniega

Agustín González repetía candidatura en 1999, pero perdía las elecciones. Aunque por primera vez desde 1987, el PP terminaba un mandato sin tensiones internas. En 2003, la apuesta fue Manuel Peña. El PP ganaba en votos pero lograba el mismo número de concejales (10) que el PSOE, que gobernaba con el apoyo de IU. Y los problemas regresaban. En esta ocasión con el carácter implacable que Joaquín Aréstegui tenía ante cualquier discrepancia interna. La edil María Fernández López encabezó una alternativa después del rechazo de Manuel Peña a la presidencia de la junta local. Fernández perdía el congreso local y recibía todo tipo de críticas -alguna de tipo personal e íntimo-, con Carmen Maniega como ariete de la dirección local. Peña perdía las elecciones de 2007. Sus relaciones con Aréstegui se complicaban, al no estar de acuerdo con la «elección a dedo» de Maniega como integrante de la lista que más tarde la haría diputada nacional, y se enfrentaban hasta el punto de que el portavoz era cesado, perdiendo su liberación y dimitiendo a finales del mandato para incorporarse a Foro Asturias, la segunda gran escisión del PP regional a la que se sumaban casi todos los descontentos con Aréstegui que no se habían ido antes.

Constantino Álvarez era el cabeza de cartel en las municipales de 2011. De nuevo, el contexto regional pasaba factura y el PP retrocedía a seis concejales, pero vivía un mandato tranquilo. Los problemas regresaron en 2015. El caso Pokemón suponía la imputación de Joaquín Aréstegui que, en octubre, debía dimitir presionado por la dirección regional a la que se había enfrentado a raíz de la elección desde Oviedo de Carlos Rodríguez de la Torre para las elecciones municipales de ese año. Carmen Rodríguez Maniega fue su sucesora natural, pero se enfrentaba pronto a la dirección regional, tras perder todo protagonismo a nivel regional y nacional, se opuso abiertamente a Mercedes Fernández en un congreso que perdió y, aunque ya había anunciado su abandono de la política, el pasado martes se encontró con una gestora que le cambió hasta la cerradura de la puerta para que ella ya no entrara. Fue el último episodio de un partido condenado a la convulsión permanente en Avilés.

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