El Comercio

Gerardo González, un diamante avilesino de la danza

Tras firmar su primer contrato profesional, el artista pondrá rumbo a la República Checa a mediados de agosto.
Tras firmar su primer contrato profesional, el artista pondrá rumbo a la República Checa a mediados de agosto. / DREAM PHOTOGRAPHY
  • El bailarín avilesino, fruto de la cantera de Teresa Tessier, firma su primer contrato profesional

  • Tras finalizar sus estudios en Madrid y pasar por Miami, Nueva York, Filadelfia y Dresden, bailará en una compañía de la República Checa

No es ningún secreto que desde hace unos años Avilés se ha convertido en un importante foco de difusión de la danza gracias a la labor de las numerosas academias presentes en la ciudad, cuya proporción respecto al número de población alcanza una cifra significativa. Por este motivo, cada vez se repite más la explosión de jóvenes bailarinas avilesinas que meten sus zapatillas en la maleta y van a probar suerte a alguno de los conservatorios de danza más prestigiosos del país, la mayoría con sede en Madrid.

Sin embargo, lo que aún hoy en día es más difícil de ver son casos como el de Gerardo González Villaverde (Avilés, 1996), quien hace ya casi un lustro y con apenas dieciséis años puso rumbo a la capital con tal de poner la primera piedra para comenzar a construir su sueño: ser bailarín profesional. La decisión, a semejanza de lo que ocurrió cuando sólo tenía cinco años y le dijo a su madre que quería apuntarse a clases de danza tras ver a sus primas bailar en un festival, salió de él mismo. «Una compañera de academia consiguió irse a Madrid y ahí me di cuenta de que a mí también me apetecía», comenta el joven, quien tras una primera audición fallida ingresó al segundo intento en el Conservatorio Profesional de Danza Fortea.

Para ello contó con la ayuda de Teresa Tessier, su profesora por aquel entonces y hoy reconvertida en 'madre de adopción' del artista. «Sus condiciones son ideales, pero sin duda lo más sorprendente de él es su carácter y lo humilde que es», asegura orgullosa antes de sentenciar poéticamente que «todo lo bonito que baila y se ve por fuera es porque emana de dentro». No obstante, los comienzos no fueron fáciles. Además de enfrentarse a los murmullos en la escuela por ser un chico que bailaba, algo que lejos de despertar admiración aún constituye objeto de burlas para muchos, tuvo que adaptarse a un cambio radical de vida y rutinas para pasar a ensayar unas seis horas al día.

Gerardo tuvo siempre, eso sí, el apoyo incondicional de toda su familia; sus tíos abuelos aparcaron también su vida en Avilés para trasladarse a vivir con él a Madrid, ya que todos decidieron que no tenía la madurez necesaria para hacerlo solo. Un sacrificio que hoy se refleja en las ideas claras del bailarín y su sentido de la responsabilidad, que a su vez le condujo hace apenas unas semanas a firmar su primer contrato profesional. Tras finalizar sus estudios en Fortea, donde ha sido propuesto junto a otros dos alumnos al Premio Extraordinario, y completar un año de aprendizaje en la Miami City Ballet School, Gerardo partirá hacia la República Checa a mediados de agosto para incorporarse al cuerpo de baile de una compañía.

Una nueva aventura

Desde que en 2012 Gerardo González dejase atrás Avilés, sus maletas han recorrido muchos kilómetros. Mientras sus amigos disfrutaban de las vacaciones estivales sin clases, el bailarín se esforzó por ingresar en las mejores escuelas de verano del mundo para proseguir con su formación. El primer destino fue la Joffrey Ballet School de Nueva York, donde estuvo tres semanas, y su recorrido siguió por Filadelfia, en el Pennsylvania Ballet, y Alemania, en el Dresden Ballet.

«Sabía que cuando me graduase no me podía permitir quedarme parado sin trabajar, por lo que empecé a buscar todas las audiciones abiertas», recuerda. Completó las fases en compañías bávaras, checas y rumanas hasta que hace apenas unas semanas el National Moravian-Silesian Theatre le puso un contrato profesional sobre la mesa, según el cual trabajará tanto en el cuerpo de baile como en calidad de solista, convirtiéndose así en el primer alumno de Fortea de los últimos tres años que consigue una oportunidad así nada más graduarse.

Antes de poner rumbo a Chequia, Gerardo se despedirá de su ex academia bailando por última vez ante el público que le vio crecer en el festival que Teresa Tessier organiza mañana en el Niemeyer. ¿Un sueño? «El English Ballet, dirigido por Tamara Rojo». Hasta entonces, habrá que seguir sus pasos.

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