El Comercio

La cara del festival del queso

José Jiménez, detrás del antiguo símbolo de la Unión y el Fénix.
José Jiménez, detrás del antiguo símbolo de la Unión y el Fénix. / MARIETA
  • Presidente de la Asociación Pláganu, desde su fundación, José Jiménez es un hombre de seguros, su profesión desde los diecisiete años

Lo han acertado. José Jiménez (Lucena, 1956) es tímido. Frunce los labios y sus ojos parecen pedir disculpas cuando acapara demasiado protagonismo. Y eso ocurre, muy a su pesar, cada mes de mayo desde hace once, en cada convocatoria de la Feria del Queso y el Vino, en el Pabellón de Exposiciones de La Magdalena. En su condición de presidente (perenne) de la Asociación Pláganu, impulsada y creada en 2006 por Andrés Navarro para difundir la cultura quesera y poner en valor la valía de los queseros artesanos de Asturias, le toca estar al pie de cañón antes, durante y después de la citada celebración. Lo hace con gusto y placer, porque le gusta el queso y respalda a pies juntillas los objetivos fundacionales de la asociación, pero se siente mucho más cómodo cuando nadie mira para él. Curioso en alguien que desde los diecisiete años vive de los seguros, de visitar y vender pólizas a cientos, quizás miles, de clientes.

Jose (vamos a quitarle la tilde porque así es como le llaman) entró con esa edad en la agencia de la Unión y el Fénix, regentada en Avilés por José Montero González, a quien Jose sigue colocando un 'don' delante del nombre del hombre que le enseñó todo sobre la profesión. Años después de su fallecimiento, sigue profesando un sentido y profundo cariño por un agente al que pueden calificar con todos los adjetivos positivos que se les ocurran porque Jose no escatima ninguno. No es nostálgico, pero sí agradecido, por eso le gusta tenerlos, a él y a sus antiguos compañeros de trabajo, en las muchas fotografías que se alternan por las estanterías de su despacho y que resumen su vida laboral, con algún guiño a la de ocio.

No fue su primer trabajo. Con catorce se había estrenado en la hostelería en Luanco, pero ni este sector ni la construcción y el montaje, que también probó, le parecieron con el mismo futuro que los seguros, sobre todo teniendo en cuenta que en aquel entonces la compañía pertenecía a Banesto. Estaba ante lo que antes se entendía como 'un trabajo para toda la vida', en la compañía líder en seguros, con 146 años de historia.

Siguió estudiando bachiller y COU en el nocturno del Instituto Carreño Miranda, mientras observaba y aprendía los secretos de la profesión en la Casa Larrañaga, donde se encontraba la agencia. Poco a poco fue adentrándose en la parte comercial y, casi sin darse cuenta, comenzó a acompañar a don José en sus visitas comerciales.

Jose no tiene la labia ni la capacidad de persuasión de algunos que son capaces de venderte un seguro para ese apartamento en la playa que no tienes, pero no le ha hecho falta. Esa timidez que proyecta, esa sensación de estar ante una persona en la que puedes confiar, que no te va a dar gato por liebre, le ha granjeado su larga trayectoria profesional.

La agencia estuvo en la Casa Larrañaga hasta que en 1978 se trasladó a la calle de José Manuel Pedregal, donde llegaron a ser ocho personas. Con la llegada de Mario Conde a Banesto, se vendió una parte de la agencia a la francesa AGF y hubo una reestructuración en la compañía. Su jefe vendió entonces el negocio y la matriz ofreció a los empleados la posibilidad de coger la gestión.

Jose declinó la oferta y buscó trabajo en una correduría, donde estuvo tres años, tiempo que aprovechó para sacarse el título de agente y el de corredor de seguros.

A los tres años, Fernando Menéndez, director de la oficina durante ese periodo, lo llamó para informarle de que iban a cerrar la sucursal y trasladarse a Oviedo, Avilés quedaría como una agencia y él podía llevar las riendas. En octubre de 1994, Jose volvió a su antigua oficina para ponerse al frente de lo que ya era Allianz.

Desde entonces, el sistema de trabajo no ha cambiado mucho, a pesar de la irrupción de la tecnología que le ha pegado un bocado a estas agencias. Aunque sigue habiendo clientes que no se fían de quien da duros a cuatro pesetas y que prefieren tener el teléfono móvil del agente que les ha vendido un seguro para que les solucione cualquier percance. Y en eso sigue Jose, aunque esa llamada llegue en medio de pincho y pincho de queso en la feria que todos los años lo cita con los medios de comunicación.

Socio fundador de Pláganu

Pláganu nació en 2006 y él fue uno de los trece socios fundadores. Con 33 en la actualidad, la asociación organiza catas cerradas (están a punto de llegar al centenar) y alguna concertada por alguna institución. Se involucró porque el proyecto le parecía interesante y estaba acompañado por grandes conocedores del mundillo. A él le ha servido para saber más aún y convertirse en un defensor a ultranza del queso artesano tradicional. Eso sí, si tuviera que elegir su favorito no podría decantarse por uno solo, a pesar de que en su día dijo que el Gamonedo. No era del todo cierto: el Cabrales le encanta, el de la casa Varé también y tiene muchas esperanzas puestas en el nuevo de cabra que ha sacado La Peral

Pláganu entregó su primer premio en 2007 y el pasado 20 de mayo celebró la undécima edición del galardón al mejor queso de Asturias, en el marco del festival. El objetivo de este premio es resaltar la figura del quesero artesano y de los quesos tanto de la comunidad autónoma como del resto de comunidades, así como que el premio sirva de reconocimiento a la divulgación de la feria y de los quesos artesanos. La asociación forma parte del jurado de los Certámenes de las cuatro Denominaciones de Origen ( Gamonedo, Cabrales, Afuega'l Pitu y Casín) con Andrés Navarro, Luis Gago, Juan Luis García, Prudencio Montes y él mismo como catadores.

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