El Comercio

«El arzobispo nos quiere cerrar el colegio parroquial, pero no lo va a lograr»

Ángel Garralda ayer en la sacristía de la parroquia de San Nicolás.
Ángel Garralda ayer en la sacristía de la parroquia de San Nicolás. / MARIETA
  • San Nicolás de Bari celebrará mañana con una Misa de Acción de Gracias los sesenta años de la llegada del sacerdote a Avilés

  • Ángel Garralda Párroco emérito de San Nicolás

La parroquia de San Nicolás de Bari acogerá mañana miércoles, a partir de las ocho de la tarde, una Misa de Acción de Gracias, con motivo de los sesenta años de la llegada de Ángel Garralda a la parroquia. Tras el oficio, se celebrará una sencilla espicha. A sus 93 años, Ángel Garralda mantiene su lucidez y repasa el tiempo desde su jubilación, sin pelos en la lengua.

Sesenta años de su llegada a Avilés. ¿Pensó cuando era un joven sacerdote que llegaba a San Nicolás que festajaría este momento?

No es fácil pensar semejante cosa. El siguiente en la lista estuvo 40 años. No es fácil llegar a ser el único cura que ha estado tantos años en esta parroquia. Y eso a pesar de que han intentado echarme y no sé si no han podido o no han querido.

Con el homenaje de mañana y las sucesivas muestras de cariño, será porque no han podido.

Sí. Son muchos años, al que no bauticé, lo casé. Son años con muchos amigos, muchos en el 'más allá', con muchos recuerdos muy gratos. He tenido muchos amigos. Conquisté la amistad de los arquitectos para ir haciendo las obras y que no me querían cobrar nada, de Govasa, la empresa que hacía las obras y que cobraba cuando podíamos, pero pagamos todo. Y de Suárez del Villar, el mejor alcalde que tuvo Avilés.

Llegó a San Nicolás en una época de crecimiento de la ciudad, en la que hizo una gran obra social en vivienda y educación.

El trabajo en vivienda lo hizo don Ramón, el párroco anterior. El abrió la iglesia para que la gente tuviese un techo donde dormir y facilitó terrenos. En aquel boom de Ensidesa no había colegios. Lo más importante es la Educación. Y esos niños no tenían escuela, tan sólo había trabajo. Todo el que quería trabajo, podía venir a Avilés, no como ahora, que para trabajar debe marcharse.

¿El colegio es la gran obra de la parroquia?

Sí. Es su obra social de más envergadura. Llegó a tener 450 alumnos. Cuando se hizo el barrio de La Carriona, como no había escuelas, el Ayuntamiento bajaba a las niñas para que recibiesen clase. Creé treinta puestos de trabajo. E hice una residencia de monjas. Me volqué por completo. Ahora, 250 familias vienen cada día.

Con Alfonso López la parroquia recupera estabilidad.

Con él San Nicolás volverá a su esplendor. Dios escribe recto con líneas torcidas y me alegra mucho de que esté ahora. Cuando se marchó estábamos distanciados. Su regreso fue una sorpresa. Al llegar me animó mucho y resucitó esa primera amistad. De todos los jóvenes que mandé al seminario, don Alfonso es el más querido para mí.

¿Animarle?

Sufrí mucho. Cuando en 2011 el arzobispo me llama a Covadonga, yo no sabía a qué iba. Me habían dicho que fuese preparado para lo peor. Y así fue. Me di cuenta de que Jesús Sanz dictaba una sentencia injusta sin escucharme: me cesaba como párroco, podía seguir viviendo aquí, pero sin poder. Aquello no tenía ni pies ni cabeza, pero le dije que aceptaba. Me di cuenta de que había una tramoya de quienes me habían denunciado ante el arzobispo y no quise seguir adelante. El arzobispo no me dijo ni una sola palabra de eso. Ni me dio las gracias por los servicios prestados.

¿Denunciarle, por qué?

De querer ser como Franco y perpetuarme en San Nicolás. Y de mala gestión en el colegio. Pero hicieron una auditoría y vieron que todo estaba perfecto. Incluso Juan Antonio Menéndez me felicitó por cómo estaba la contabilidad cuando llegó a la parroquia, en contra de lo que había dicho. También es cierto que a él no le gustaba. Pero había algo más.

¿A qué se refiere?

Querían saber de quién era el dinero de las donaciones de herencias. Pero guardo un secreto profesional y no lo puedo revelar si me piden ese secreto. Una persona me preguntó cuál era la mayor necesidad de la Iglesia Universal y yo le contesté que las misiones. Y donó a misiones ochenta millones de pesetas y nadie se enteró. Y hubo otra herencia de 84 millones a la Cáritas de la parroquia de San Nicolás, pero no vino aquí. Se echó encima como buitres la Cáritas diocesana. Había quien sostenía que yo me quería quedar con todo, porque pensaban que era para el colegio. Eso me hizo sufrir mucho. Incluso la salud se resintió, perdí facultades. Ahora voy para menos.

¿Ese dinero era para el colegio?.

No. Cuando llegó Juan Antonio Menéndez, su gran obsesión era cerrar el colegio. Nunca me dijo el motivo. Pero vio que la realidad era diferente a lo que le habían dicho. Todo eso surgió de una trama contra mí, desprestigiándome en el arzobispado. Alfonso López es el gran defensor del colegio. El arzobispo nos lo quiere cerrar, pero no lo va a lograr. Es una persona que no acepta otras opiniones.

¿Cómo es su vida de jubilado?

Doy misa a diario, que ya es bastante. Y descanso. Sigo llevando las cuentas del colegio y de la parroquia porque me gusta mucho. Mucho más ahora que antes. Siempre he sido un fiel administrador, con rigor y declarando todo porque es dinero de los demás.

¿Sigue viendo fútbol?

Sí, siempre he sido muy futbolero. De niño no perdía un recreo sin jugar. Ahora sólo veo los grandes partidos y cuando juega el Madrid.

¿Piensa en la muerte?

No mucho. Sé que tiene que venir y llegará. Me iré con la conciencia tranquila.

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