El Comercio

Javier Santos, el avilesino que enseña a defenderse ante el bullying y el maltrato

El instructor Javier Santos da indicaciones a una de sus alumnas durante una de sus clases en el Gimnasio Toa de Versalles.
El instructor Javier Santos da indicaciones a una de sus alumnas durante una de sus clases en el Gimnasio Toa de Versalles. / MARIETA
  • Da clases a policías y militares, pero también a niños que sufren acoso, mujeres maltratadas y gente que simplemente quiere ponerse en forma

«Siempre le digo lo mismo a mis alumnos: mejor saberlo y no utilizarlo que no saberlo y necesitarlo». Así de contundente se muestra el avilesino Javier Santos en lo que respecta a la utilidad de las clases de defensa personal que imparte en diversos gimnasios de Asturias, entre ellos, y en el que más horas pasa, el Toa de Versalles. El instructor, que se dedica a tiempo completo a esta ocupación desde que en 2009 quebrase la empresa en la que trabajaba como albañil, empezó aquí su andadura con un reducido grupo de apenas ocho alumnos. Hoy, la cifra se dispara hasta los cuarenta.

Estos pupilos disfrutan cada semana de las indicaciones de Santos, quien fue además pionero en la enseñanza del krav magá -nombre hebreo y oficial de este tipo de sistema de lucha- a militares. «Poco a poco este tipo de instituciones se van dando cuenta de que hay personas civiles mucho mejor cualificadas para instruirlos y que no necesariamente tiene que ser otro oficial quien imparta las clases», celebra el avilesino.

Santos conoce bien las rutinas, debilidades y fortalezas de los agentes del orden porque él mismo estuvo en la Academia Militar de Valladolid. Un problema de espalda hizo que tuviese que explorar nuevas formas de entrenamiento y ahí comenzó su idilio con el krav magá. Ahora, más de dos décadas después, se encuentra inmerso en trámites burocráticos que le permitan ser delegado oficial en Asturias de IPSA, la Federación Internacional de Defensa Personal Policial que trata directamente con el Ministerio de Interior, por lo que podría ejercer a todos los efectos de instructor oficial de agentes de policía. Paralelamente, está desarrollando un novedoso sistema «que se adapte a los tiempos actuales» que ya ha registrado bajo el nombre de 'Kidu System'.

Aunque estos son importantes saltos en su carrera profesional, Santos no habla de ellos con tanta pasión como lo hace cuando retrata su cotidianidad en el gimnasio Toa, donde se concentran perfiles de todas las clases. «El otro día me sonó el teléfono a las cuatro de la madrugada, era una exalumna a la que un 'baboso' había intentado asaltar cuando iba sola por la calle pero gracias a lo que había aprendido en las clases pudo deshacerse de él y salir corriendo», explica visiblemente emocionado. «Nadie se puede hacer una idea de lo que suponen estas historias para mí, que me tomo muy personalmente todos los casos», recalca.

Para poder servir de ayuda a sus aprendices, tan importante es el trabajo de dentro como de fuera del aula. «No tengo la carrera de Psicología ni mucho menos, pero sí he recibido formación específica al respecto y estoy en constante proceso de aprendizaje como en cualquier otro empleo», asegura. Una gran parte de esta desenvoltura la adquirió, tal y como relata, «gestionando muchas situaciones límite a las que me he tenido que enfrentar, sobre todo cuando trabajé en la noche».

Y es que el krav magá, además de abarcar el conjunto de técnicas de defensa y desarme contra uno o varios agresores que puedan llevar o no un arma, prepara a quienes lo practican a saber gestionar el miedo que aflora en incontables situaciones. Visto este carácter defensivo de la disciplina, Santos advierte que el 'todo vale' no tiene cabida en sus clases. «Podría ganar mucho más dinero si aceptase a cualquiera, pero soy muy estricto a la hora de escoger a mis alumnos: nada de personas agresivas y, por supuesto, nada de antecedentes penales», señala con talante serio.

'Terapias' familiares

Esta determinación ha hecho que Javier Santos se especialice en otros colectivos, como es el caso de las mujeres maltratadas -hace unas semanas dio incluso un curso en la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP)- o los niños y jóvenes que sufren acoso escolar. En lo que respecta al último, el instructor ha tratado con varios casos en los que tanto el afectado como su padre asisten a las clases.

«Sirve para unirles y para que los chavales se sientan apoyados por su entorno», afirma el profesor, que en su juventud también fue víctima del bullying. «En la mayoría de casos se meten con ellos por su aspecto físico, por lo que el beneficio de las clases es doble: se ponen en forma y están por unas horas en un ambiente distendido en el que se sienten integrados», prosigue.

Con todo, Santos expresa su preocupación ante la actual escalada de violencia en un mundo donde «el peligro está a la vuelta de la esquina y parece que no te puedas fiar de nadie, por eso es importante saber reaccionar y defenderse».

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