El Comercio

Vuelven a juzgar a la mujer condenada a un año de cárcel por acosar a su expareja

  • Niega haber llamado o enviado mensajes de WhatsApp al que fue su novio y explica que tal vez fue otra persona desde su teléfono móvil

La mujer que el pasado mes de diciembre fue condenada a un año de cárcel por acosar a su expareja con doscientos mensajes de texto por telefonía móvil en menos de dos semanas, llamadas y seguimientos por la calle entre abril y mayo de 2016 volvió a sentarse ayer en el banquillo de los acusados del Juzgado de lo Penal Número 1 de Avilés, en esta ocasión por quebrantamiento de medida cautelar.

R. M. I. se juega el ingreso en prisión si la jueza considera que no ha respetado la orden de alejamiento de quinientos metros a la que también fue condenada y que incluye cualquier tipo de contacto, sea por vía telefónica, mensajería electrónica o postal, durante un periodo de dos años.

La mujer negó, en la vista oral, haber contactado con su ex, una relación que se rompió hace ocho años. A preguntas de los letrados aseguró que las llamadas perdidas, la solicitud de amistad en la red social Facebook y los mensajes de WhatsApp que aparecen registrados en el teléfono del demandante pudo hacerlos otra persona que hubiera cogido su teléfono móvil.

Por su parte, la acusación particular exhibió fotocopias de los 'pantallazos' y las facturas de las compañías de telefonía móvil que demostrarían las llamadas perdidas desde el número de ella.

La sentencia que pueda salir en los próximos días no será la última cuita judicial que tenga que dirimir esta expareja. Un altercado ocurrido el pasado mes de febrero en un bar de Luanco, en uno de los quebrantamientos de medida cautelar que él denuncia, desembocó en sendas denuncias por ambas partes que aún no se han sustanciado.

El encuentro de ambos, con sus respectivas familias, se resolvió «a puñetazos», según refirieron entonces testigos de la escena. Relataron que la condenada no solo no evitó el local a pesar de encontrarse a menos de quinientos metros de él, sino que sus padres habrían comenzado unas provocaciones hacia el acosado que, en aquel momento, estaba con uno de sus hijos en brazos.

Comenzó una trifulca que siguió en el exterior, una vez que el hombre pudo dejar a su vástago en brazos del propietario del bar. Él denunció los hechos y la madre de la condenada, también. Al parecer, le acusa de causarle varios arañazos en el cuerpo.

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