Agrede a dos viandantes sin motivo y sin mediar palabra en Avilés

Agrede a dos viandantes sin motivo y sin mediar palabra en Avilés

El hombre, de unos setenta años, clavó un alicate a uno y propinó un fuerte puñetazo a otro

J. F. G.

Un hombre de unos setenta años de edad con sus facultades mentales aparentemente perturbadas ha agredido en plena calle a dos viandantes, sin motivo y sin mediar palabra. Al primero le clavó un alicate en el pecho, a la altura del corazón, ocasionándole una herida que precisó sutura, y al segundo le propinó un fuerte puñetazo en la boca del estómago. Minutos después era detenido por agentes de la Policía Nacional sin ofrecer resistencia.

Los hechos ocurrieron en torno a las siete y media de la tarde en el entorno de la plaza de Pedro Menéndez. El primero de los agredidos, un hombre de unos 45 años, hablaba por teléfono en la calle de Emile Robín, a la altura de la intersección con Bances Candamo. «Lo vi en el último momento y conseguí apartarme un poco», no lo suficiente como para evitar que le clavase el alicate en el pecho, ocasionándole una punzada de la que manó sangre. En un primer momento «pensé que podía ser grave», aunque rápidamente se dio cuenta de que se trataba de una herida poco profunda que no revestía gravedad. Una vez recuperado del susto siguió los pasos del agresor, que tan campante se dirigía a pie por Emile Robín hacia la plaza de Pedro Menéndez, al tiempo que advertía a las personas que estaban por la calle que no se acercasen a él y llamaba a la Policía. A él se unió un grupo de amigos que adoptó la misma actitud, prevenir a los demás.

El segundo agredido, también un varón, de unos sesenta años, estaba en la referida plaza, a la puerta de la farmacia, esperando a que su esposa realizase unas compras. No oyó las advertencias. «Me dio con bastante fuerza en la boca del estómago. Me cogió completamente desprevenido, y me hizo bastante daño». Al darse cuenta de lo que había pasado se fue tras él con la firme intención de reducirlo', cosa que no hizo al oír las advertencias del grupo perseguidor. «¡Va armado, va armado, no se acerque!», le decían.

El agresor siguió su camino. Dobló la esquina, encaró la calle de la Estación y ahí se acabó su loca carrera. La Policía Nacional lo detuvo y no tardó en hallar el alicate con el que había atacado al primer hombre. Lo había tirado a un contenedor.

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