Agrede a dos hombres en la calle sin motivo y sin mediar palabra

El agresor es introducido en un coche policial.
El agresor es introducido en un coche policial. / LVA

El agresor, de unos 70 años, clavó en el pecho un alicate de punta a uno, y en el estómago al otro y fue detenido en la calle de La Estación

J. F. GALÁN / LVA AVILÉS.

Un hombre de 63 años con sus facultades mentales aparentemente perturbadas agredió a media tarde de ayer en plena calle a dos viandantes sin motivo y sin mediar palabra. Ambos son varones. Al primero le clavó un alicate de punta en el pecho, a la altura del corazón, ocasionándole una herida que precisó sutura, y al segundo le propinó un fuerte puñetazo en la boca del estómago además de clavarle el alicate. Minutos después era detenido por agentes de la Policía Nacional, sin ofrecer resistencia.

Los hechos ocurrieron sobre las 19.30 horas en el entorno de la plaza de Pedro Menéndez. La primera víctima, de unos 45 años, hablaba por teléfono en la calle Emile Robin, cerca del cruce con Carreño Miranda. «En el último momento vi que se me echaba encima y conseguí apartarme un poco», pero no lo suficiente como para evitar que le clavase el alicate en el pecho, ocasionándole una punzada de la que manó sangre. Al principio «pensé que podía ser grave», aunque pronto se dio cuenta de que se trataba de una herida poco profunda que no revestía gravedad.

Una vez recuperado del shock siguió los pasos del agresor, que tan campante caminaba por Emile Robin hacia la plaza de Pedro Menéndez, al tiempo que advertía a los viandantes para que se alejasen «de ese loco peligroso». A él se unieron unos amigos que adoptaron idéntica actitud y llamaron a la policía.

El segundo agredido, de unos sesenta años, estaba en la referida plaza, a la puerta de una farmacia en la que su esposa hacía unas compras. No oyó las advertencias. «Me dio con fuerza en la boca del estómago. Me cogió desprevenido, y me hizo bastante daño». Al darse cuenta de lo que había pasado se fue tras él con la firme intención de reducirlo, cosa que no hizo al oír las advertencias del grupo perseguidor. «¡Va armado, va armado, no se acerque!», le gritaron.

El agresor siguió su camino como sin nada hubiese pasado. Dobló la esquina, encaró la calle de la Estación y ahí se acabó su loca carrera. La Policía Nacional lo detuvo, y no tardó en hallar el alicate con el que había atacado a los hombres. Lo había tirado a un contenedor. Poco después llegaba la ambulancia. «No es nada, pero si llega a ser un cuchillo no lo cuento», manifestó la primera víctima, que tras recibir una cura se desplazó al hospital por su propio pie. La segunda también fue atendida en la ambulancia, aunque no requirió sutura.

Ninguno de los testigos ni tampoco de los curiosos que se acercaron a ver qué pasaba conocía al agresor. «Ese 'chalao' no es de por aquí, seguro», aseveró un vecino.

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