«Los antipsicóticos son imperfectos, pero la esquizofrenia es mucho peor»

De izquierda a derecha, Vicente Molina Rodríguez, Pablo Malo Ocejo y Luis Martín Arias. / PATRICIA BREGÓN

Los psiquiatras alertan de la corriente contraria a su uso mientras tratan de ajustar los tratamientos genéricos a la singularidad de cada paciente

C. DEL RÍO AVILÉS.

Antipsicóticos para tratar la esquizofrenia, rotundamente sí. Los psiquiatras que ayer participaron en la jornada inaugural del 14 Simposio Nacional sobre Tratamiento Asertivo Comunitario en Salud Mental, que hoy concluye en el Hospital Universitario San Agustín, cerraron filas en favor de unos fármacos que ahora son puestos en entredicho por una corriente «minoritaria», según matizaron. «Con todas sus imperfecciones y sus muchos efectos secundarios, lo que tenemos enfrente, que es la esquizofrenia, es mucho peor», advirtió el psiquiatra Pablo Malo Ocejo, del Centro de Salud Mental de Bombero Etxaniz

«No tenemos alternativas mejores porque la psicoterapia también cojea, pero no podemos arriesgarnos a retirarles la medicación y que estos pacientes recaigan porque las consecuencias pueden ser desastrosas», añadió. Solo entre un veinte y un treinta por ciento de los pacientes «podrían funcionar bien sin antipsicóticos, pero no sabemos quiénes son», reconoció.

En la resolución de esa incógnita se enmarca la investigación en la que trabaja Luis Martín Arias, profesor titular de Farmacología de la Universidad de Valladolid, que tras extraer una muestra de sangre a trescientos pacientes voluntarios a los que han realizado un seguimiento completo a lo largo de un año, han encontrado dos poliformismos genéticos. «Uno es un factor de riesgo en enfermedades metabólicas y cardiacas y el otro es un factor protector. Si en el futuro pudiéramos tomar una pequeña muestra de sangre, podríamos definir mejor la medicación de cada persona», informó.

Vicente Molina Rodríguez, jefe de la unidad de hospitalización de adultos en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid, señaló que, hasta ahora, la esquizofrenia ha sido considerada una enfermedad unitaria. Los datos actuales demuestran «que hay muchas alteraciones diferentes dentro de lo que llamamos esquizofrenia, de tal manera que pacientes muy distintos pueden ser diagnosticados de la misma enfermedad». Su investigación trata de encontrar «agrupaciones de esas alteraciones» que permitan diagnosticar «grupos de pacientes en función de su sustrato alterado».

Así, «hemos encontrado que dentro de la esquizofrenia existe, al menos, un grupo de pacientes que puede estar caracterizado por alteraciones de la calidad de las conexiones entre unas regiones y otras, lo que explica parte de las dificultades que tienen en algunos aspectos cognitivos y que, en unos casos, podría estar condicionado por dificultades en su historia temprana».

Ellos tres conformaron la primera mesa del día, moderada por la psiquiatra Francisca Asensio, del ETAC Barcelona, tras la que tuvo lugar la inauguración oficial y la ponencia del psiquiatra, filósofo y psicólogo Germán E. Berríos, catedrático del departamento de Psiquiatría en la Universidad de Cambridge.

Berríos explicó el proceso histórico por el cual el concepto de rehabilitación fue construido en psiquiatría y advirtió de su comprometido futuro en una sociedad neocapitalista. «Cuando dentro de cincuenta años en lugar de necesitar cincuenta hombres para hacer algo necesitemos solo un hombre y cinco robots, ¿qué va a pasar con los otros 49 hombres?¿A quién va interesar su tratamiento?», se preguntó antes de comenzar su ponencia. Reivindicó el deber de rehabilitar a los enfermos mentales y expresó su preocupación por una austeridad «que se extiende a todas partes, incluida la salud».

La alcaldesa, Mariví Monteserín, asumió su obligación para garantizar los derechos fundamentales de los enfermos mentales.

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