Un arrastrero captura una mandíbula de cetáceo de 3,5 metros y unos 120 kilos

Los pescadores, desembarcando el hueso de mandíbula ayer por la tarde. / PATRICIA BREGÓN
Los pescadores, desembarcando el hueso de mandíbula ayer por la tarde. / PATRICIA BREGÓN

Cayó junto a una vértebra en las redes del 'Loremar' a unas 15 millas de Avilés y el Cepesma muestra interés en incorporarlo a su colección

J. F. GALÁN AVILÉS.

No era una gran pez lo que tanto tensó las redes del 'Loremar', un arrastrero con matrícula de Burela, en Lugo que habitualmente subasta sus capturas en Avilés. Eran dos enormes huesos «una mandíbula inferior de hasta 120 kilos de peso y cerca de tres metros y medio de longitud y una vértebra de un gran cetáceo, posiblemente de un rorcual común», manifestó Luis Laria, director del Cepesma, que mostró interés en incorporar ambas piezas a la colección del Centro del Calamar Gigante, expuesta de forma provisional en la Parque de La Vida de Luarca a la espera de que comience a construirse las nuevas instalaciones. Sustituirán a las que destrozó un temporal de mar hace dos años.

Además de llevarse por delante las instalaciones, el mar se tragó dos huesos de mandíbula inferior de rorcual similares al capturado ayer por el 'Loremar'. «No creo que sea ninguno de ellos. Este se ve fresco, por la porosidad», puntualizó Laria. Sus impresiones coinciden con las del patrón del 'Loremar', Juan Antonio Vázquez. «Todavía huele a fresco. Lo pescamos a unas quince millas de puerto y a unas 120 brazas (219 metros) de profundidad», en aguas próximas al Cañón de Avilés, una gran grieta submarina que se hunde hasta los 4.750 metros de gran riqueza biológica. Entre las muchas especies que viven, se refugian, crían y se alimentan en sus aguas están los grandes cetáceos, aunque tampoco suelen dejarse ver demasiado. «Cuando más en verano, que es cuando tienen carnaza», puntualizó Vázquez, sorprendido por la singular captura. «Había pescado casi de todo, pero nunca nada parecido a esto. Seguro que el resto del esqueleto continúa allí».

La enorme mandíbula despertó curiosidad entre los habituales de la rula, que cruzaron todo tipo de bromas e hicieron cábalas. «Debe ser una costilla de ballena», decía uno, «de un parrocha seguro que no», contestaba otro. Ambos huesos quedaron en tierra a la espera a la espera de que el Cepesma se hiciera cargo de ellos.

Al margen del hallazgo, ayer fue un día de escasa actividad en la lonja, a la espera de que la mar mejore lo suficiente como para permitir a la flota de cerco salir a faenar.

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