Los avances en el saneamiento impulsan la mejora ambiental de la ría de Avilés

Puente sobre el río Alvares, entre el Hospitalillo y los gasómetros de Ensidesa, uno de los puntos negros que todavía existen en la ría avilesina. / MARIETA
Puente sobre el río Alvares, entre el Hospitalillo y los gasómetros de Ensidesa, uno de los puntos negros que todavía existen en la ría avilesina. / MARIETA

A pesar de la evidente transformación de estos años aún existen algunos puntos negros debido al retraso en la puesta en marcha del colector

M. PICHEL AVILÉS.

La ría de Avilés es uno de los espacios naturales más afectados por la actuación humana, por los asentamientos fabriles, la contaminación, el desarrollo portuario, del norte de España. Poco queda de su aspecto original, en una presión que se inició en el siglo XIX con los proyectos para canalizarla, y que alcanzó su cénit a mediados del siglo pasado con la industrialización masiva en ambos márgenes, desde la cabecera hasta la desembocadura. El crecimiento de la ciudad ha estado siempre vinculado a su estuario, cuando en la Edad Media era el principal puerto del Cantábrico, y cuando en 1950 el Estado la escogió para asentar Ensidesa. La vida natural perdió, y solo en fechas muy recientes, con el cierre de instalaciones muy contaminantes, como los hornos altos, o la puesta en marcha del plan integral de saneamiento, empezó a buscarse un punto de equilibrio para tratar de rescatar espacios de la degradación. En ese difícil camino se encuentra hoy, con evidentes mejoras, y otras por llegar, como la conexión del colector industrial.

Pese a todo, hay oasis para la vida salvaje, y esta se ha incrementado aguas abajo y arriba de la ría, cerca del hombre y de las fábricas. Pero también hay puntos negros, como los residuos que aún aparecen de cuando en cuando. «Que no esté en servicio el colector significa que siga habiendo vertidos, con el perjuicio, sobre todo, para la fauna del fondo de la ría, de la que se alimentan las aves», resalta César Álvarez Laó, cofundador del Grupo Ornitológico Mavea, y conocedor del estuario como la palma de su mano. No obstante, para él, su puesta en marcha significará alejar el problema, «perjudicar mar adentro». La clave radicaría, según explica, en que esas aguas residuales procedentes de la industria que recogería el colector fuesen tratadas antes de su vertido definitivo a través del emisario. Señala que su influencia en la evolución favorable para el sistema ecológico de la ría sería absoluta «si a través de él no se vertiera nada contaminante».

Mientras esto sucede, la vida, casi extinta no hace tanto, con el recuerdo de las aguas negras, se recupera en dos frentes. En la ensenada de Llodero, por un lado, y aguas arriba, a la altura de La Marzaniella, el último lugar de influencia intermareal. «Es muy evidente que en la última década está aumentando la vida», resalta el biólogo. Con unos indicadores consecuencia del plan de saneamiento y «de la acción continua de las mareas»: «Ha mejorado la calidad del agua, y también de los fondos». Y se produce una evolución en cadena (trófica): de los organismos que viven en los fondos fangosos se alimentan los peces, que también se han incrementado, en número y especies, y de estos, se nutren las aves que convierten la ría en refugio de sus migraciones.

Los que conocieron la ría antes de la degradación por la contaminación recuerdan su riqueza marisquera. Aquello queda muy lejano en el tiempo y, sin embargo, los moluscos comienzan a llegar. «Han aumentado muchísimo», destaca Álvarez Laó. «Hoy se pueden encontrar almejas, berberechos, y dos especies tanto de mejillones como de ostras», señala, un fenómeno que llega a calificar de «impresionante»: «La ostra común había desaparecido, pero aún es más espectacular la aparición de la ostra japonesa, del Pacífico. Se pueden contemplar a simple vista cuando baja la marea muy cerca del Niemeyer». Y esto ha sido así, porque las larvas se escapan de los viveros en donde se cultivan para su comercialización y son arrastradas por las corrientes que las han introducido en la ría, y él la califica como una «segunda invasión».

No obstante, la posibilidad de encontrar estos moluscos en la ensenada de Llodero, incluso mejillones, llámparas y hasta percebes en el canal de entrada de la ría, no los hace aptos para el consumo humano, al filtrar continuamente un agua que pese a la mejora de la calidad, dista mucho de encontrarse en un punto óptimo, y lo advierte a quienes los capturan: «Ya hemos denunciado este marisqueo, porque además, están esquilmándolo». También denuncia la práctica del baño «habitual» en lugares en los que no está permitido, como la playa del Arañón, o San Balandrán (Samalandrán): «Colocaron carteles para recordar que por la calidad de las aguas no es recomendable el baño, pero la gente lo hace igual, a riesgo de su salud».

«La charca de Zeluán se seca»

Un punto clave es la charca de Zeluán. Álvarez lamenta que «se está secando», al cegarse el colector que la conecta con la ría y la dota de agua salada. Este reducto es un lugar preferente para aves limícolas, que peinan el lodo en busca de su alimento, por ello reclama una reparación urgente que permita la vuelta del flujo mareal. «En mayo es espectacular, la mejor concentración del Cantábrico», asegura. Por encima de estuarios casi intactos, como la ría del Eo al occidente, o la de Villaviciosa al oriente, por mencionar solo los asturianos. «¿Por qué?, pues creemos que puede estar en la memoria genética de estas poblaciones», sostiene. Tras miles de años encontrando en las marismas avilesinas refugio en sus rutas («aquí pasan aves desde Groenlandia y Canadá, también desde Siberia, camino de África»), la interrupción apenas ha sido de seis décadas.

El otro punto interesante es la cola de la ría. «Tiene mucha vida», asegura Álvarez Laó. Algas, peces. En la desembocadura del río Arlós, una zona complicada por «los vertidos industriales», se han encontrado huellas de nutrias, un marcador de la mejora de la calidad del agua, aunque él lo matiza: «Es más importante para que aparezcan que tengan facilidad de acceso al alimento». También se han encontrado restos de este mamífero en la margen izquierda, en un pequeño espacio en el río Raíces, entre las dunas fosilizadas que aún se encuentran entre las factorías de Saint Gobain y Asturiana de Zinc.

La riqueza poco a poco se recupera, y a la vista de todos. Pero dista mucho de parecerse a una situación idílica. «Ojalá no hubiese vertidos», pide César, que reclama, asimismo, un plan de usos para las zonas de especial protección, como la ensenada de Llodero, para garantizar su supervivencia.

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