Aventura americana a dos ruedas

Soni Barbosa, en un extremo de la Alaska Highway, 2.600 kilómetrtos a través del Yukón. / LVA
Soni Barbosa, en un extremo de la Alaska Highway, 2.600 kilómetrtos a través del Yukón. / LVA

La avilesina Sonia Barbosa viaja en moto en solitario desde Los Ángeles a Valdez | La experiencia que vivió durante un mes ha quedado reflejada en un libro que presentará el miércoles en el Aula de Cultura de LA VOZ

J. F. GALÁN AVILÉS.

Hacer una ruta en moto por las interminables carreteras de Estados Unidos es el sueño de cualquier motero. Sonia Barbosa lo ha visto cumplido, desde Los Ángeles hasta Valdez, en la lejana, gélida e inhóspita Alaska, 9.000 kilómetros en solitario a través de California, Nevada, Arizona, Utah, Idaho, Wyoming, Montana y la inmensidad de Canadá, el segundo país más grande del mundo. «Ha sido una experiencia inolvidable que espero repetir», asegura Barbosa, conductora de autobuses y enamorada del mundo de las dos ruedas desde que hace nueve años se subió por primera vez en una moto.

Las vivencias de su larga aventura americana han quedado plasmadas en un libro, 'Alaska. En moto hasta la última frontera', que será presentado el miércoles en el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS. El acto está programado para las siete y media de la tarde en el Centro de Estudios Universitarios (La Ferrería 7-9), con libre acceso hasta completar el aforo.

La moto se la llevó de casa, una BMW trail, diseñada tanto para asfalto como para pistas. «Podía haber alquilado una allí, pero tampoco sale barato. Además está personalizada, adaptada a mí», explica. La embarcó en el avión que el 31 de julio le llevó a Los Ángeles (California), punto de partida de su aventura.

Barbosa escogió la ruta interior, 3.600 millas, un poco más larga que la costera «pero más bonita». Su primera parada fue Las Vegas (Nevada), la capital del juego, en el implacable desierto del Mojave, con temperaturas superiores a cuarenta grados. Antes de tomar rumbo norte se dirigió al este, al Cañón del Colorado, en el norte de Arizona. «Fue lo que más me gustó del viaje, tanto el cañón en sí como la meseta que lo rodea, especialmente los parques nacionales del sur de Utah. Bryce Canyon, Arches... Son impresionantes», recuerda.

Las etapas no estaban planificadas. «Iba sobre la marcha, alojándome en campings y en ocasiones en moteles. Hay muchos, y tampoco son caros». Así llegó a Yellowstone, uno de los parques nacionales más populares de Estados Unidos, y finalmente a Montana y a la frontera con Canadá. Entró por la provincia de Alberta, visitó Calgary, ciudad olímpica en la que una avería mecánica e obligó a descansar durante tres días, y antes de adentrarse en la estepa tuvo oportunidad de visitar los parques de Banff y Jasper, naturaleza en estado puro. Allí «pasé un poco de miedo, por los osos, sobre todo de noche, cuando estaba sola en la tienda. Cualquier ruido me ponía en alerta, pero no vi ninguno».

Todavía le quedaban por delante 3.600 kilómetros, en su mayoría por la Alaska Highway, una carretera construida durante la Segunda Guerra Mundial que una Alaska con el resto de Estados Unidos continental, a día de hoy una afamada ruta turística no exenta de peligros. «Hay mucha agua y mucho barro, tanto que a veces el asfalto desaparece. Si vas solo da un poco de miedo, pero afortunadamente no me pasó nada. Así llegó hasta Valdez, «la ciudad con nombre español más al norte del planeta», 4.000 habitantes, una densidad de apenas cinco por kilómetro cuadrado y temperaturas bajo cero aun en verano.

Hasta Anchorage

Ahí estaba su meta, aunque todavía la esperaban casi 500 kilómetros antes de llegar a Anchorage, el puerto de salida. Era 31 de agosto. «Es un viaje maravilloso. Estados Unidos es un país que me gusta mucho. La naturaleza es grandiosa y la gente muy amable, sobre todo en el mundo rural. Las distancias son enormes y tienes una agradable sensación de soledad. Fue muy bien recibida en todas partes, y en ocasiones disfruté de agradable compañía».

Canadá «también me gustó mucho. Sus lagos, sus ríos y sus montañas son maravillosas, aunque el paisaje es un poco más uniforme, no hay tanta diversidad como en Estados Unidos. Ambos países son un paraíso para andar en moto, kilómetros y kilómetros sin cruzarte absolutamente con nadie», recuerda.

No fue su primer viaje a Estados Unidos. «Ya había recorrido la costa este, pero el oeste me ha gustado mucho más. Sigue siendo salvaje». El libro recoge el diario que fue escribiendo a lo largo de su viaje. Es su debut literario, aunque colabora habitualmente con una publicación turística de BMW y tiene un blog alojado en la web de este periódico. Se llama 'Explorando el paraíso en moto', y en él describe numerosa rutas por Asturias y provincias limítrofes, tanto a nivel de paisaje como de paisanaje.

Sonia Barbosa ya tiene en mente su propia aventura, también en América: Ushuaia, en la Tierra del Fuego argentina, la última frontera sur del nuevo mundo.

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