«Ahora veo Avilés más colorida y limpia que la primera vez»

Larry Hama, asomado al parque de Ferrera.
Larry Hama, asomado al parque de Ferrera. / MARIETA
Larry Hama Autor de cómics

El dibujante, que ha trabajado en sagas como Lobezno o G.I. Joe, regresa a Avilés tras participar en la primera edición de las Jornadas

M. PICHEL AVILÉS.

Larry Hama es una institución del cómic mundial. Guionista, dibujante, editor, de sus manos han salido clásicos como Lobezno, Mister Miracle, Wonder Woman, GI Joe... Él del que más está orgulloso es de Bucky O'Hare, una creación propia que tiene hasta serie de dibujos animados. Soldado en la guerra de Vietnam, actor en series míticas como M.A.S.H, en Broadway, estuvo en Avilés en la primera edición de las Jornadas del Cómic. Y ayer regresó, dos décadas después. Confiesa haber encontrado una ciudad muy diferente.

-¿Nota muy cambiada la ciudad desde la primera vez?

-Sí. Ahora la veo mucho más colorida, más limpia. Han mejorado las fachadas, que recuerdo oscuras. La ciudad estaba muy contaminada entonces, olía al carbón y a hierro.

«Donald Trump no me parece ni un personaje de cómic, ni tampoco cómico»

-¿Cómo contactaron con usted la primera vez? ¿Y ahora?

-Me mandaron un mapa con una ciudad de colores, medieval. Nunca había oído hablar de Avilés, y entonces no había Internet, así que miré en un atlas. Me llamó Jorge [Iván Argiz], y lo que me contó me pareció interesante y accedí a venir. Ahora, me lo comentaron, y me pareció bien.

-Siendo de Nueva York, ¿cómo marca una ciudad así su carrera?

-Es una ventaja. Allí hay institutos que se especializan en muchos campos, y yo estudié en el High School of Arts and Design, en Manhattan, en el que estudiaron Neal Adams, Calvin Klein o Tony Bennet. Solo entraban los mejores de los mejores, y dentro había gran competencia. Pero la mayor ventaja era el círculo de amistades que hacías, para toda la vida. Además, estudié en los años 60, y entonces las empresas eran mucho más accesibles, llamabas a las puertas de MAD Magazine, de DC o de Marvel y te las abrían, te contaban cómo era el proceso... Ahora es todo más secreto, cerrado.

-Usted estuvo en el ejército en la guerra de Vietnam.

-Sí, estuve alistado, no fui voluntario. Pertenecía a Ingenieros. No es una historia agradable, y tampoco fui a lugares agradables. Pero allí aprendes cosas importantes, que no se enseñan en las grandes escuelas de negocios, a responsabilizarte de tus compañeros, a esperar por ellos, aprendes de la vida. Haces amigos de los que te llevas para siempre, se crea un vínculo de camaradería, lealtad, sacrificio. Es muy importante. En la guerra la gente no se sacrifica por un ideal, por una bandera, lo hace por su equipo, por sus amigos.

-¿Cómo se hizo actor?

-Por accidente. Cuando salí del ejército decidí no volver a cortarme el pelo, y así estuve por 14 años. Tenía una 'melenaza' que me llegaba por la cintura (se señala). Un día, en 1976, estaba en un ascensor y una mujer me preguntó si era actor. Le respondí que no, y me dijo que si quería serlo. Era una directora de casting de Broadway. Hice una audición para Moby Dick, y me dieron el papel de arponero. Me vio un agente y me propuso otros papeles, de ahí a M.A.S.H... Y se puede decir que me convertí en actor; me daban papeles de malo, por mi aspecto.

-¿Hacer el cómic de G.I. Joe cambió su vida?

-La empresa Hasbro se lo propuso a Marvel, para la que yo trabajaba de editor. Nadie quería hacer el trabajo, hasta que llegaron a mí, que era el último. Yo me moría de ganas por escribir. En aquella época, los años 80, un editor cobraba veintitrés dólares por página, y se hacía una al día. Los escritores, cincuenta por página, y hacían veinte. Solo había que hacer la cuenta. No pienso en mí como escritor, sino como un artista que trabaja con palabras, con imágenes que vienen a mí como en una película muda. Hago historias muy visuales, con acción.

-¿Cuál es su personaje favorito?

-Bucky O'Hare, porque de alguna manera es mío. Y trabajé en él con grandes del cómic, como Neal Adams, o Michael Golden.

-¿Qué es lo que más le gusta de su profesión?

-Crear la historia de una manera visual, la expresión, los gestos, la luz. Me gusta desarrollarla.

-¿Ha cambiado mucho el cómic en estos 20 años?

-Cuando empecé, un cómic costaba 50 céntimos y lo compraban los niños. Ahora no son accesibles. Todo evoluciona, las historias, los personajes, para enganchar al lector. Las historias tienen que ser mejores, ya no son para niños.

-¿Haría cómic de Donald Trump?

-No me parece ni un personaje de cómic, ni cómico. Me levanto todos los días y aún no me creo que sea el presidente de mi país.

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