Avilés entierra el carnaval

Avilés entierra el carnaval

Las desenfadadas honras fúnebres se iniciaron en Llaranes, continuaron en la plaza de El Carbayo y terminaron en El Parche

J. F. GALÁN

El antroxu 2018 ya es historia. La sardina recibió ayer sepultura tras unas desenfadadas honras fúnebres en las que se vivieron momentos de profunda diversión. Todo empezó en Llaranes, en el mismo escenario, la playa Mayor, que una semana atrás inauguraba las fiestas de Don Carnal con en ensartado del pez. Ayer descendió del balcón para vivir su último y jolgórico viaje, previa quema d’atrepeyos y cántico del ¡Adiós con el corazón’.

El duelo se trasladó entonces a la plaza del Carbayo, en Sabugo, un irónico velatorio en el que los incombustibles miembros de la Cofradía del Santo Entierro hicieron gala de su irónica retórica, quizá empañada por el tinte político conferido a muchas de las estrofas que componían el testamento de la sardina y alguna que otra salida de tono.

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Hubo alusiones a la situación de Cataluña, al terrorismo, «cuando es, cómo todo un problema de educación, de cultura y formación», una sucesión de cargas de profundidad contra el Gobierno de España a nivel colectivo e individual y alguna que otra contra representantes políticos de otro color. También un recuerdo «solidario» para Ignacio Echevarría, «su vida perdió en Londres para salvar al ser humano, para «nuestra querida Tola, nos dejaste un gran vacío y a tu hermana Paca Sola» y para «los guajes del Angliru», a quien deseó «les alpargates de mi güela, que repitan esa hazaña, cuatro por cuatro a la escuela».

El repaso también descendió hasta la política social, con petición de «título de incompetente» para la alcaldesa, Mariví Monteserín, «indulta a la marquesina escondiéndola como Los Canapés» y de «más dinero sin burocracia para las fiestas de los barrios». La crisis del PP local no se quedó fuera del guión, ni tampoco los desahucios del barrio de pescadores, ni el proyecto de albergue de animales, pendiente aún de materializarse, ni menos aún la contaminación Fueron 48 puntos seguidos de una letanía leídos de lo alto de una carroza. Después, la alegre comitiva, encabezada por la fanfarria El Felechu, presidida por los zarandeados restos mortales de la sardina y seguida por un considerable número de personas, se puso en lento movimiento hacia la Plaza de España, donde concluyeron la exequias con la tradicional quema y la tronada.

Fue el punto final al Antroxu 2018, el de África, el de la polémica por la actuación de una orquesta cuyo espectáculo fue tachado de machista por determinados sectores, un vez más el del frío y la lluvia y el de la confirmación, también un año más, del descenso de Galiana como su principal y más multitudinario activo, su estandarte.

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