«No somos avilesinos de segunda»

Musgo y suciedad bajo uno de los balancines del parque infantil que, ayer precisamente, fue regado. /  MARIETA
Musgo y suciedad bajo uno de los balancines del parque infantil que, ayer precisamente, fue regado. / MARIETA

Los vecinos de El Nodo lamentan el olvido que sufre el barrio y el peligro de zonas como la valla de la iglesia o las escaleras paralelas a Pruneda

C. DEL RÍO AVILÉS.

Zonas verdes selváticas e infraestructuras inseguras tienen de uñas a los residentes del barrio de El Nodo. Denuncian no solo el abandono general del poblado de pescadores, sino el olvido por parte del Ayuntamiento «como si fuéramos avilesinos de segunda». Advierten de que no piden grandes obras, tan solo unos arreglos que redundarían en mayor seguridad y en una imagen más limpia.

Son cuatro los puntos principales: las zonas verdes, el parque infantil, las escaleras que discurren paralelas a la calle de Pruneda y la valla trasera de la iglesia. Al parecer, esta última es propiedad del Arzobispado, que sería la institución encargada de su arreglo, pero esa respuesta municipal no convence a Andrea Rodríguez Gándara, presidenta de la asociación de vecinos, que reclama una solución a la administración. «¿Tengo que ser yo la que le diga a don Víctor (el párroco) que lo arregle? ¿Tendrán que ser ellos, no? Yo soy vecina de Avilés y se lo comunico al Ayuntamiento», argumenta mientras señala la caída de unos tres metros que separa el ábside del templo de la estrecha acera por la que cientos de alumnos acceden al colegio Santo Ángel a diario. La avejentada valla que rodea la iglesia apenas llega a la rodilla de los adultos.

Otro punto de peligro se encuentra en las escaleras paralelas a la calle de Pruneda. Rodríguez Gándara asegura haber llamado en varias ocasiones a la Policía Local solicitando, al menos, el precinto de algunas zonas. Las principales amenazas para la seguridad se concentran en los dos tramos intermedios. En uno de ellos, las escaleras están desprendidas de la pared lateral «y en cualquier momento terminan cediendo y la arrancan». En el otro, el problema está en los peldaños desprendidos. Esta zona carece, además, de una valla que las separe de la calle Pruneda. En este caso, el desnivel es progresivo, no como en la iglesia. Un consuelo menor para la dirigente vecinal.

«Desde fuera parece que el barrio está muy bien, pero intramuros es otra cosa» Los vecinos piden saber qué partes del barrio son privadas para exigir a la Cofradía su arreglo

Visita al parque

El parque infantil recibió ayer la visita «sorpresa» de los operarios municipales, según Rodríguez Gándara porque sabían que LA VOZ DE AVILÉS iba a darse un paseo por el barrio. «Y ni así quedó curioso», matizó la presidenta. Tiraron de manguera y retiraron algunos hierbajos crecidos en la junta de dilatación entre el muro y la acera. De agradecer, pero insuficiente, en su opinión. «Lo primero que me respondieron fue que en este parque había habido un campamento. ¡Y a mí que me cuenta, si yo de aquella no estaba!», expone.

Insiste en el descuido general en el que está sumido un barrio que «desde fuera parece que está muy bien, pero intramuros es otra cosa». Echa de menos la limpieza con manguera de los viales y el cuidado de las zona verdes. «Son selváticas y las que no presentan este estado es porque las limpiamos nosotros», afirma.

Sabe que el poblado de pescadores presenta una característica singular como la existencia de zonas privadas de uso público. «Que nos digan cuáles son y remitimos nuestras quejas entonces a la Cofradía, porque ni a eso nos han respondido», explica. En cualquier caso, está prácticamente segura de que las calles y los jardines sobre los que la asociación de vecinos fija la vista son de competencia municipal.

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