La caída demográfica se agudiza en Avilés

Avilés cada vez tiene menos población y está más envejecida. / PATRICIA BREGÓNGráfico
Avilés cada vez tiene menos población y está más envejecida. / PATRICIA BREGÓN

El año pasado la ciudad asturiana perdió 751 habitantes | El sociólogo Arsenio Valbuena avanza que la tendencia continuará inexorable en los próximos años

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

La gráfica que acompaña esta información es bien ilustrativa. En el año 2009, la población de Avilés era de 84.242 habitantes, la cifra más alta de lo que va de siglo, bastante lejos de los 85.696 de 1996, según los datos dl Instituto Nacional de Estadística. Desde ese año, la población ha ido cayendo de manera lenta e inexorable. En 2016 se atravesó la barrera de los 80.000 habitantes, tendencia que siguió el pasado ejercicio, cuando el número de residentes a 31 de diciembre era de 79.147.

«La tendencia es esta y va a seguir en los próximos años», asevera el sociólogo Arsenio Valbuena. El anunciado invierno demográfico ya está aquí. Y se va a quedar durante bastante tiempo. La pérdida de la población no se puede atribuir a la crisis. Es evidente que en el inicio de la recesión y en sus años más duros pudo influir en la pérdida de habitantes. Sin embargo, los años de recuperación económica no han implicado que se frene la caída de población. El proceso continúa, por lo que el factor económico, aunque influyente, no es el decisivo.

De ahí que las principales explicaciones de este cambio se deben al comportamiento de la población. «Los jóvenes de los años sesenta han crecido y ahora representan los grupos de mayor edad en una sociedad cada vez más envejecida», comenta Arsenio Valbuena. De la misma manera, que los niños de la explosión demográfica de los setenta representan ahora la parte central de la población.

«Estamos llegando al envejecimiento», apunta Valbuena. El 24,44% de la población avilesina tiene más de 65 años; el 60,40% se encuentra entre los 20 y los 64 años y el 15,55% es menor de edad. La mejora en la calidad de vida explica el fenómeno de la longevidad, pero la clave del actual momento demográfico es la caída de la natalidad, un proceso social cuyas consecuencias sufre Avilés y el resto de la región.

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«Sabemos que cada vez se tienen los hijos más tarde. La edad media de tener el primer hijo se encuentra en los 32 años y la tendencia es a retrasarse», apunta Valbuena. Con los datos del censo avilesino, augura que, en los próximos años, el número de mujeres avilesinas que pueden ser madres es de 8.000.

«En 2017, el número de menores de cinco años en la ciudad era de 2.571 y los datos nos indican que un 32% de las mujeres fueron madres. Viendo la estructura de la población, si se mantiene ese porcentaje, en los próximos años el grupo será de 2.080 menores; si vamos a un escenario negativo, la cifra sería de 1.950 menores y, en el mejor de los casos, la cifra sería de 2.100», comenta Valbuena. No olvida matizar que, siendo lógico pensar en que un porcentaje de mujeres se marchará de la ciudad en los próximos años, el número de nacimientos seguirá descendiendo.

«Seguiremos perdiendo población y seremos una ciudad más vieja en una región envejecida. Debemos reflexionar sobre las políticas de control de natalidad que se han desarrollado, porque con el actual modelo cerramos los ojos y tiramos para adelante», asegura el sociólogo avilesino, que no oculta su crítica hacia las medidas anunciadas por el gobierno regional.

«Leí el plan demográfico del gobierno y me parece ridículo. Una cortina de humo para que parezca que hacen algo. La tendencia es tan acusada que deben adoptarse medidas más fuertes», apunta.

Así, comenta la necesidad de afrontar de manera radical «los factores que frenan o favorecen la maternidad». Uno de los primeros campos es mejorar la situación económica de las mujeres. «La crisis agudizó la pérdida de empleo y las que más sufrieron fueron las mujeres. Con la actual estructura del mercado de trabajo, es muy difícil que una mujer tenga hijos a una edad más joven», reflexiona.

En esa línea, defiende el incremento de las ayudas económicas directas. «Una ayuda de cien euros hasta los tres años no aporta nada. Pero si una familia recibe seiscientos euros por cada hijo hasta los catorce años, ya te diré si les interesa o no. Incluso en una familia con dos hijos, el padre puede pedir una excedencia para el cuidado mientras la madre, con un mejor trabajo, puede seguir su carrera laboral», dice.

Otro reto que se debe superar son las dificultades para la crianza. «Los horarios de muchos trabajos y los centros educativos son incompatibles. Los colegios no favorecen la conciliación laboral. El gobierno se empeña en legislar sobre las empresas en vez de modificar la actividad de los centros para permitir que los padres llevasen los niños a las nueve de la mañana y los recogiesen a la salida del trabajo, sobre las seis de la tarde», apunta.

Junto a estas actuaciones con una clara repercusión en los presupuestos públicos, Valbuena defiende la necesidad de otras líneas de trabajo como, cambiar la imagen de la maternidad, su revalorización social. «Hoy en día, ser madre no vende, se encuentra denigrado. Y la sociedad necesita que se vea la maternidad de manera positiva. Es el fruto de un exceso del feminismo y del individualismo generado por la cultura del bienestar, que fomenta la idea de felicidad personal», comenta.

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