Comida en la Calle de Avilés, una mesa cada vez más variopinta

Los jóvenes disfrutan de la Comida en la calle en el parque. / MARIETA

Familias y amigos dan vida a la Comida en la Calle en la que este año la asociaciónRey Pelayo marcó un hito reuniendo a doscientas personas para celebrar las bodas de plata de la entidad

Fernando Del Busto
FERNANDO DEL BUSTOAvilés

Kilómetros de mesas por el centro de Avilés, familias, amigos, alegría y diversión de peñas que esperan este momento para una fiesta especial. Se antoja difícil, casi imposible, construir un único relato de la Comida en la Calle, porque la trama incorpora tantos rostros como participantes, incluso más, porque no es extraño ver a personas que se acercan para disfrutar del ambiente festivo y, posteriormente, regresan a sus casas para comer. Así que aquí van unos pocos perfiles.

No cabe duda que, en la edición de 2018, un protagonismo especial se lo llevan los integrantes de la Asociación Rey Pelayo que se sentaron en la plaza de España luciendo pañuelos azules. La entidad, galardonada en 2017 por LA VOZ DE AVILÉS, celebraba de esta manera sus bodas de plata. Es la primera vez que acuden como organización a la Comida en la Calle ya que, en ediciones anteriores, cada familia la celebra por su cuenta.

Pero en su veinticinco aniversario quisieron reunirse todos para lo que reservaron doscientos puestos, ocupando la totalidad. Posiblemente una de las mayores reservas correspondientes a una única entidad.

La Comida en la Calle también tuvo invitados especiales como Bill Lennon, sheriff en el condado de San Juan que pertenece a San Agustín de La Florida, Cynthia Jean y Lynda Kirker, ambas del Comité de Ciudades Hermanas de San Agustín. Lamentablemente, una indisposición impidió la asistencia de Judy Lennon, la esposa de Bill, mientras que el resto de la delegación disfrutaba de la jornada avilesina. Cynthia bromeaba con la posibilidad de trasladar la idea a San Agustín. Y los tres fueron obsequiados con barquillos de Pelayo.

Hace algo así como catorce años, la Agrupación Artística Ferrolana Bohemios se hermanaba con Avilés. Ayer, su coro participaba en el Encuentro de Habaneras, motivo suficiente para que 52 integrantes (cantantes y familia) se acercasen a Avilés y disfrutasen de la Comida en la Calle. No faltó exhibición coral en El Parche. Y que conste que no era la única peña venida desde Galicia.

La dimensión gastronómica de la Comida en la Calle da lugar para muchos sorpresas. El repertorio de recursos es amplio y junto a las habituales bandejas no faltan paelleras, camping-gas, incluso una olla programable como la que llevaba la familia Arrieta para disfrutar de la fabada. Con ellos, se acercaron hasta Avilés amigos de Oviedo para disfrutar de la fiesta.

Nuevas ideas

Tampoco faltaron las mesas al margen de la estructura oficial, incluso restaurantes que cerraron para ofrecer una comida especial. Un 'off-table', si se permite el anglicismo. Hubo mesas al lado del Caño de Rivero, los Byronitas juntaron a treinta adeptos delante de su templo y muchos más.

Pero, sin duda, el mayor 'off-table' es el parque de Ferrera, la cantera donde los jóvenes se lanzan a vivir la experiencia. Los controles de seguridad redujeron a tres los puntos de acceso, con un canal de salida y otro de entrada donde se evitaba la introducción de vasos de vidrio. Terminada la fiesta, la Policía Local trasladó a dos menores al Hospital Universitario San Agustín por su embriaguez. Se adoptaron todas las medidas de seguridad posible. Por ejemplo, se bordeó con una red de plástico el estanque para proteger a los animales y evitar sustos.

En el parque también se encuentran familias, como los Pérez-Pola. Dos matrimonios amigos que cuentan con tres hijos. Entre las incertidumbres por las previsiones metereológicas y la búsqueda de un espacio para que los pequeños jugasen con libertad, optaron por acudir a última hora al parque de Ferrera, eso sí, lejos de la pradera central, reservada para los adolescentes en una especie de ensayo general del xiringüelo, con los móviles bramando los éxitos de moda y pistolas de agua. Pero regresemos a la gran mesa. Herrero reunió en San Francisco a 38 personas, un colectivo amplio de amigos, muchos de ellos vinculados a Llaranes y donde también había participantes en la carroza de la Sociedad de Festejos de Trasona, reconocible por sus trajes de indianos. No pararon de recibir felicitaciones por su aportación al desfile.

La Asociación de Asturgalaica cerró el domingo cuatro días de viaje por Portugal. Pero cuarenta de sus integrantes, con su presidenta Mayte Gonzalo a la cabeza, acudieron a la calle San Francisco para disfrutar de la jornada en la que no faltaron los pasteles de Belém.

En El Parche, doce integrantes de El Senado comprobaban con satisfacción la vitalidad de la fiesta.

Y, en Sabugo, sólo las bajas médicas evitaron el recital de Fernando Arias, que reservó su mesa para 42 amigos. Justo a su lado, otros habituales de la zona: 33 residentes del Área Sanitaria, incluyendo los R-1, que comprobaban que todo lo que les habían dicho era cierto y una opositora a jueza. Y Béznar Arias, como todos los años, junto a familia y amigos de la música, sus dos grandes pasiones.

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