Un crimen a la espera de pena

El acusado, su abogado, las letradas de la acusación popular, la particular, al Abogado del Estado y la fiscal, en una de las sesiones celebradas la pasada semana en la Audiencia Provincial. / PIÑA
El acusado, su abogado, las letradas de la acusación popular, la particular, al Abogado del Estado y la fiscal, en una de las sesiones celebradas la pasada semana en la Audiencia Provincial. / PIÑA

C. DEL RÍO AVILÉS.

El veredicto por el crimen de Ascensión Amores se conocerá, previsiblemente, mañana lunes. El magistrado de la Audiencia Provincial Javier Rodríguez Santocildes redactó el viernes el objeto del veredicto sobre el que el lunes por la mañana comenzará a deliberar el jurado. De su decisión dependerá que Julio Pardo se pase veinticinco años en la cárcel.

Las nueve mujeres y los dos hombres del jurado (dos de ellos son suplentes) tendrán que decidir, en primer lugar, si el confitero de La Duquesita es un homicida o un asesino. Y, después, si concurren agravantes como la alevosía, el ensañamiento, el parentesco y el de género, recientemente introducido en el Código Penal. O, si por el contrario y como defiende la defensa, el trastorno mixto de la personalidad del acusado y la ingesta de alcohol y pastillas pueden actuar como eximentes o atenuantes, reduciendo así la pena. El abogado Félix Guisasola abre un abanico al juez que va desde la puesta en libertad, si el jurado considerase que su cliente actuó con el juicio totalmente nublado, a los diez años de cárcel pasando por los dos y medio si se valora que los fármacos, el alcohol y ese trastorno sin diagnosticar en el momento de los hechos actuaron como atenuante.

Los hechos ocurridos el 26 de enero de 2016 en el domicilio de la calle de Ramón y Cajal parecen claros. Julio Pardo mató a su mujer Ascensión Amores 'Susi'. Él asegura no recordarlo, pero su abogado lo verbalizó por él. «No hay duda», reconoció el primer día, en la presentación de su postura al jurado. A partir de ahí, «hay que prestar atención a los detalles», advirtió la letrada de la acusación popular ejercida por Abogadas para la Igualdad, María Pérez. En esos 'detalles' estará la diferencia entre la libertad y la cárcel.

Testimonios fundamentales

De los testimonios escuchados, cuatro parecen haber sido los fundamentales: el de Pedro, hermano de Susi; el de una tía de Pardo (hermana de su madre); el de la propia madre del acusado y el del vecino del piso de abajo que oyó gritar a la víctima. La tía de Pardo declaró que Susi le había confesado su intención de separarse. Este 'detalle', importante para las acusaciones porque reforzaría, junto con el testimonio de Pedro, la tesis de que Amores era víctima de violencia de género, es rechazado por la defensa por la enemistad entre esta tía y su hermana, la madre de Pardo y suegra de Susi. Guisasola pidió, además, que se incluyera en las actuaciones la primera declaración que la mujer realizó en el juzgado de Avilés, al parecer, «muy diferente».

Al testimonio del vecino se aproximan tanto la acusación como la defensa. El grito que escuchó: «¡Julio!, ¿Por qué me haces esto?» sería, junto con las pruebas científicas y forenses, la demostración del ensañamiento, «cuando una persona causa males y sufrimientos innecesarios para causarle la muerte. Cuando se elige una forma de matar especialmente cruel y dolorosa y el autor es consciente de ello», explicó la fiscal al jurado. Pero la segunda parte de su declaración, que lo despertó un «grito desgarrador» que 'siguió' por la casa hasta la habitación principal, sirve a la defensa para poner en duda la hipótesis sobre la que trabajó la Policía Nacional, que Susi estaba acostada y posiblemente dormida o adormilada cuando recibió el primero de los treinta golpes en la cara con una llave inglesa de once centímetros.

La madre de Julio Pardo fue llamada por la defensa a declarar. Curiosamente, su testimonio parece haber resultado más útil a la otra parte que a su hijo. Ella confirmó que no existía relación con su nuera y que había tenido alguna tensión con su marido, pero lo más significativo fue que desmontó los supuestos problemas económicos de la pareja y que, según el escrito de defensa, habrían llevado a Julio Pardo a cometer el crimen.

Lo que no ha podido determinar la investigación policial y las pruebas médicos-forenses es una de las bazas de la defensa: el momento de la ingesta del alcohol y pastillas. Aunque casi todos los profesionales coincidieron en que hubiera sido imposible tal cantidad, precisión y fuerza en los golpes en alguien bajo los efectos de ansiolíticos y antidepresivos y del alcohol. El abogado de Pardo esgrime también el informe psiquiátrico firmado por dos profesionales de prestigio que apreciaron en el acusado un trastorno mixto de la personalidad con un rasgo de impulsividad destacado.

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