De Cristalería a Saint-Gobain en 65 años

Imágenes antiguas tanto del exterior como de la actividad en el interior de las instalaciones de Cristalería Española en el municipio avilesino. / LVA
Imágenes antiguas tanto del exterior como de la actividad en el interior de las instalaciones de Cristalería Española en el municipio avilesino. / LVA

La multinacional inició su actividad en Avilés en 1952 y ha sabido adaptarse tras la crisis mundial y el incendio de 2008

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

El 13 de octubre de 1952 la entonces conocida como Cristalería Española inauguraba oficialmente sus instalaciones en Avilés que había comenzado a producir a principios de ese año y, en abril de 1952, ya había alcanzado su primera tonelada de vidrio. Un ejemplo de la tradicional discreción de la multinacional francesa que mantiene un compromiso con la ciudad a pesar de las dificultades atravesadas, especialmente desde 2009.

Como todo el mundo sabe, la construcción del pantano del Ebro provocaba el cierre de la fábrica de Arija el traslado del emplazamiento hacia Avilés. La facilidad para el suministro de áridos y de carbón, junto con la proximidad del puerto eran elementos claves, además de la red ferroviaria que la empresa contribuyó a mejorar.

Su llegada implicó una importante obra social de respaldo a sus trabajadores, a los que facilitó escuelas para sus hijos y también economato propio. Era una muestra del paternalismo de esa época, pero también respondía a la genética de una compañía profundamente francesa.

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Su presencia en Avilés ha sido durante este tiempo la de un buen vecino, discreto, centrado en sus asuntos y evitando conflictos más allá de la actividad sindical donde el emplazamiento de Avilés se ha ganado a pulso la fama en el grupo de ser uno de los más combativos.

Otro rasgo que define Saint-Gobain es la innovación, la investigación de la que la planta de Avilés se ha beneficiado con avances como la sucesiva robotización de sus líneas, como sucede con la división de Sekurit, dedicada a la fabricación de parabrisas para automóviles, o el horno float, el corazón de la fábrica.

En 1967, La Maruca iniciaba la producción en el primer horno float de Europa. Su funcionamiento obliga a la reconstrucción periódica, lo que sucedió en 1982 y en 1999. En 2008, el horno se colapsaba. Afortunadamente, apenas había daños personales (tan sólo un herido), pero era el accidente industrial más grave en la historia del grupo y que ponía en duda la continuidad de la fábrica avilesina. En veinticuatro horas, la dirección mundial autorizaba una inversión de 35 millones de euros para su reconstrucción, evidenciando un compromiso con la comarca que era reconocido ese año con el premio de LA VOZ DE AVILÉS a la Iniciativa Empresarial.

Sin embargo, a partir de ahí comenzaba un lustro negro para la multinacional, que sufría como pocas las consecuencias de la crisis económica y el desplome de los dos sectores para los que trabajaba, construcción y automóvil.

Superada la crisis, los vientos comienzan a ser favorables para la compañía. Su colección de patentes consolida su liderazgo en la construcción para atender demandas de edificios eficientes, mientras que responde a los requerimientos de un exigente sector como el automóvil. Hay sombras, es cierto, como el temor por su presencia en Marruecos, y también la certeza de que habrá más efemérides en Avilés.

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