El crucero misterioso recala en Avilés

Unos pasajeros se fotografían ante el Niemeyer y el crucero en la grapa. / PATRICIA BREGÓN
Unos pasajeros se fotografían ante el Niemeyer y el crucero en la grapa. / PATRICIA BREGÓN

Los pasajeros del 'Black Watch' disfrutan de la ciudad, su primer destino sorpresa

J. F. GALÁN AVILÉS.

Glen, Colin, Sheila y Carole disfrutaban a media mañana de ayer de un refrigerio en una terraza de la calle de La Fruta. Del refrigerio y del buen tiempo con el que Avilés recibió al 'Black Watch', un crucero de la compañía noruega Fred. Olsen cuya presencia en la ría comienza a ser habitual.

Amarró con puntualidad, a las ocho de la mañana, y poco después los 699 pasajeros que embarcaba, atendidos por 373 tripulantes, comenzaban a descender por la plancha dispuestos a explorar su destino sorpresa. «No supimos adónde íbamos hasta última hora de ayer», afirmó con una sonrisa Glen, británico, al igual que la mayoría de los pasajeros.

Es un 'Mistery cruise', un crucero misterioso, en el que el pasaje embarca si saber los puertos de destino. Zarpó de uno británico, Harwich, una pequeña localidad del condado de Essex, y terminará allí. «Son ocho noches. Esta es la primera parada, y no sabemos dónde serán las demás, ni siquiera si en España o si en Portugal. Tampoco nos importa demasiado. Seguro que también serán lugares atractivos», añadió Glen.

Es la imagen que se llevaron de Avilés, «una ciudad bonita, con un casco histórico muy interesante y fácil de recorrer a pie desde el mismo barco. La pena es que es una escala muy corta y no hay tiempo para profundizar, pero está bien». Lo que más les gustó fue el Palacio de Camposagrado «y las iglesias», con mención especial para una de ellas, la de San Antonio de Padua, antiguos Padres Franciscanos. También les llamó la atención la de Santo Tomás de Cantorbery, por su tamaño y silueta y por su nombre.

La mayoría de los 699 pasajeros escogieron la opción de dedicar la jornada a recorrer las calles de Avilés, bien por libre o en el marco de una visita guiada que también incluía una excursión a Luanco. Como alternativa la compañía también les ofrecía la posibilidad de realizar un 'tour' de media jornada por Oviedo y Gijón, bien en horario de mañana o de tarde.

El punto de amarre fue la dársena de San Agustín, junto al Niemeyer, el habitual de los cruceros que visitan Avilés. Todos son de mediano porte, en torno a doscientos metros de eslora -205 el 'Black Watch'- y capacidad para un máximo de mil pasajeros, características que les permiten entrar en puertos en los que, como es el caso, no tienen cabida los grandes cruceros, navegar en aguas poco profundas y remontar ríos navegables.

Los pasajeros dieron por finalizada su visita a primera hora de la tarde. La salida estaba programada para las seis, y justo a esa hora el capitán dio la orden de soltar amarras e hizo sonar la sirena. El 'Black Watch' puso entonces proa a su próximo destino incógnita, que será Ferrol.

Fue, tras el 'Braemar' y el 'Boudicca', ambos también de Fred. Olsen, el tercer crucero de recreo que recala en Avilés en lo que va a de año. Y se espera un cuarto, el 'Saga Pearl II', de la británica Saga, que se estrena en la ciudad. Con 165 metros de eslora y hasta 449 pasajeros y 252 tripulantes, la llegada está programada para el 5 de diciembre, penúltima escala de una singladura de dieciocho noches desde Southampton (Reino Unido) hasta Canarias con regreso al puerto de partida.

Saga anuncia dos nuevas visitas de este mismo barco para el próximo año, días 13 y 26 de abril, que a la espera de posibles novedades se suman a la que tiene programada el 'Braemar' para el 1 de mayo.

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